Cuando la autoridad castiga la crítica y cancela la publicidad. El caso de la UNAM entre otros

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Además de la razones que hace poco expuse sobre la necesidad de que haya en el país una ley de publicidad oficial, advierto que la arbitrariedad en la asignación de recursos también opera como castigo contra los medios por alguna crítica a la administración que distribuye los recursos de publicidad. “No pago para que me peguen”, ya se conoce ese dicho, y entre el realismo y el cinismo se gestan esos castigos y claro también los premios (porque entonces “pago para que no me peguen” o ”pago para que me halaguen”).

En 2011 la revista etcétera que yo dirijo recibió una plana de publicidad del gobierno de Veracruz pero dejó de hacerlo por las críticas que hicimos y que, naturalmente, mantuvimos a la administración de Javier Duarte de Ochoa. Mientras, varios medios como La Jornada se abstuvieron de cuestionamiento alguno, difundieron gacetillas –o sea, publicidad disfrazada de información– y facturaron cuantiosos recursos.

En 2013 el área de comunicación social del gobierno de Chiapas planteó su interés por un convenio publicitario con etcétera pero canceló la publicidad al enterarse de que la revista que dirijo propone la existencia de una ley de publicidad para que buena parte del dinero que ahora se orienta a la propaganda se canalice a la población más necesitada, por ejemplo en Oaxaca y Chiapas. El gobierno de Chiapas casi no recibe cuestionamientos en los medios y ello se debe, sin duda, a que es la entidad que más recursos orienta para la publicidad.

Entre 2000 y casi 2017 las autoridades de la UNAM se anunciaron en la revista etcétera seis veces al año en promedio, con un pago de 25 mil pesos por cada plana, incluso el director de comunicación social, Néstor Martínez, dijo que la UNAM patrocinaría un libro que etcétera estaba preparando sobre los 30 años del CEU. Durante 16 años criticamos y reconocimos diversas actividades universitarias. En 2016 cuestionamos el olvido en el que estaba Radio UNAM y en los primeros meses de 2017 fuimos muy críticos de aquellos programas donde Marcelino Perello aludió a la violación, ustedes los recuerdas. Etcétera ofreció datos sobre el abandono de la estación e incluso del saqueo de sus recursos y por ello antes habían sido despedidos dos directores de la estación, pero dejamos de recibir publicidad y fue cancelada el libro de los 30 años del CEU. Hay que enfatizar en que ni un solo dato o cifra que dimos fue desmentido pero el castigo o la reprimenda con base en el manejo de los recursos ahí está.

Naturalmente esto no es una queja en modo alguno. Ni con los gobiernos de Veracruz ni con el de Chiapas buscamos congraciarnos como hicieron muchos medios, tampoco con la UNAM, que publica dos planas semanales de publicidad en la revista Proceso, entre otros medios que no cuestionan a la actual administración. Sólo comparto mi experiencia para documentar que, en efecto, la ausencia de un marco normativo provoca situaciones tan abyectas como las descritas.