-La Corona y coronita belgas

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POR LA ESPIRAL

Si bien en 1922 Cervecería Modelo inició operaciones de manera incipiente, fue hasta el 25 de octubre de 1925, en la era del presidente Plutarco Elías Calles que nació Cervecería Modelo S.A con accionistas navarros cuyos herederos (casi cien años después) decidieron vender toda la empresa a un reconocido grupo cervecero europeo.

La de Modelo ha sido una historia digna de un libro como el recopilado por Valentín Diez Morodo  en «Corona, la cerveza mexicana que conquistó al mundo» presentado en Madrid por el propio autor quien además es  presidente del Consejo Empresarial Hispano Mexicano.

No cabe duda que fue una especie de corolario a muchos años de  remontar desafíos y acumular éxitos, porque el libro de Diez Morodo también presidente del Consejo Mexicano de Comercio Exterior (Comce) y vicepresidente del Grupo Modelo sirve para decir adiós a esa clase de raigambre que no logra sobrevivir a la globalización ni a las absorciones internacionales.

Es una lástima que «nuestra Corona» tras décadas de luchar por una posición destacada en el gusto del consumidor nacional y en la preferencia del consumidor internacional  pase a formar parte de los belgas dueños de  la Stella Artois «la crema de la crema de las cervezas».

Después de tantos años de publicidad, mercadotecnia bien perfilada, remar contra las críticas y descalificaciones por cuestiones del sabor, color o consistencia e inclusive ubicarla por debajo de las grandes como Budweiser, resulta que ya no es más orgullosamente mexicana.

Tiene un punto de inverosímil por el esfuerzo y lo cercano al primer centenario de su fundación; quizá sea resultado del cansancio de sus accionistas y sus expectativas de futuro.

Sobre todo porque Corona es, en la actualidad, una de las cervezas más buscadas, vendidas y posicionadas  en el ámbito global. Le ha favorecido el cambio de gustos y tendencias.

Su presencia es significativa en casi todos los rincones del mundo en las cartas de bebidas de bares  y restaurantes no únicamente de hoteles. En Estados Unidos beberse una Corona es de lo más familiar acompañada con sal y limón.

En Europa goza igualmente de una buena cuota de mercado; en España, por cuestión de la Monarquía, la cerveza se vende como «coronita» y está a la mano en todos los supermercados grandes o pequeños, tiendas de conveniencia y restaurantes.

Todo el mundo conoce que «Corona» o «Coronita» son cervezas que representan el espíritu mexicano con ese saber hacer que nos distingue y una calidad que  nadie pone en tela de duda.

Por eso el interés de Anheuser-Busch InBev de pasar del conflicto a la negociación de compra para beneficio del primer productor mundial de cerveza, el líder que entiende lo que quiere el mercado duro de los bebedores europeos.

Así que situar la Corona junto a la Stella Artois es todo un honor, porque si de algo saben los belgas es de cervezas y para quienes hemos probado la Stella entendemos que no cualquiera pasa a formar parte del selecto grupo premium mundial.

Yo confieso que aún así no dejo de sentir tristeza, me enorgullecía verla servida en una mesa en Israel,  Islandia o Groenlandia.

No cabe duda que para los accionistas mexicanos fue todo un negocio: de 16 mil millones de dólares lograron que Anheuser-Busch InBev aceptara un valor superior por 20 mil 100 millones de dólares para beneplácito de  Antonino Fernández Rodríguez, Carlos Fernández González, María Asunción Aramburuzabala Larregui, Pablo González Díez y Valentín Díez Morodo; entre otros accionistas.

Aunque Grupo Modelo ya es belga, todo apunta a que, por el momento  quedará como hasta ahora con la producción, instalaciones, trabajadores y presencia global.

A COLACIÓN

Mientras los mexicanos nos concentrábamos en la cercanía del proceso electoral del 1 de julio, la venta privada de Grupo Modelo era cerrada como una forma de anticiparse al escenario de los próximos años porque muchos de los accionistas  (ahora ex) están mudándose para Estados Unidos o en definitiva permanecerán en Europa.

Prácticamente los empresarios mexicanos otrora dedicados con todo empeño al sector cervecero nacional han ido desapareciendo; sus motivaciones son otras y por supuesto el rumbo de sus intereses  simplemente recordemos el caso de Femsa y Heineken.

En verdad hay lugares en el país donde se aprecia esa pérdida de interés, por ejemplo, Yucatán allí es cada vez más difícil encontrar una Montejo, -la cerveza local-, camino de convertirse en fantasma para las futuras generaciones.

P.D. Le invito a que opine del tema en mi blog http://claudialunapalencia.blogspot.com

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