Honor a quien lo merece

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TRAYECTOS

Hablando de militares y marinos, la ejecución del General en retiro Mario Arturo Acosta Chaparro, me remitió a mi infancia y a mi padre.

Él escribía varios de los discursos que sus superiores tenían que leer en eventos y actos protocolarios del Ejército Mexicano. Sus letras siempre fueron serias, comprometidas, directas, aderezadas con un amor a la patria, frases emergidas desde la más alta lealtad y honor a esa gran institución.

«El Ejército, es el corazón del pueblo», decía el Coronel Ibarrola. Hoy en día, más de 50 mil hombres y mujeres forman parte de las Fuerzas Armadas, realizando, como siempre, una labor de salvaguarda, de servicio social, de ayuda toral ante desastres naturales y por supuesto contra la inseguridad y el crimen organizado. Lo que no podemos negar es que en todo Estado, hay hombres que sirven para «hacer el trabajo sucio» que los de corbata no se atreven, y esos claroscuros fueron los de Acosta Chaparro.

Sin embargo, en la actualidad hay hombres dentro de la institución, como Augusto Moisés García Ochoa, General de División, Diplomado de Estado Mayor quien mañana miércoles 25 de abril, a las 11 de la mañana impartirá, en una de las salas del Senado de la República, la Conferencia «Las Fuerzas Armadas en la Defensa de la Patria».

Él, como mi padre, dejan y dejarán huella de su quehacer dentro del Ejército Mexicano, su pensamiento y obra quedarán escritas para las futuras generaciones. «Nos fue dada la vida para luchar sin descanso en pro de su dignificación», reflexionaba mi padre en los años cincuenta.

Los Ejércitos en el mundo y desde su creación, están hechos de una esencia bélica, están para defender los derechos de los hombres y de sus naciones, están capacitados para luchar contra el enemigo, de ahí su lealtad, todos y cada uno de sus miembros emanan del pueblo mismo, pero siempre, y eso hay que recordarlo, son también seres humanos, de carne y hueso, padres, hijos, nietos.

«El soldado y el marino son los más fieles servidores del ideal. Sin ellos, no hay soldado ni marino», nos recordaba mi padre. Desde el aire, tierra y mar, estos hombres y mujeres velan por nuestra seguridad y aman a la Patria como a su propia madre.

Un soldado, como dije antes, es un ser humano, y tiene, como todos errores y virtudes. Yo nací envuelta en sábanas verdes, mi respeto y admiración siempre para ellos, incluso por aquellos que «por orden superior» realizan trabajos sucios.

La lealtad y honorabilidad de los miembros de la Secretaría de la Defensa, de la Secretaría de Marina y la Fuerza Aérea Nacional son un ejemplo de lo que significa un verdadero «servidor público», ojalá muchos lo tomen en cuenta, sobre todo aquellos que quieren gobernar los próximos años.

A la Caza de Citas:

«Anhelos materializados de inmortalidad son nuestros hijos. Seguimos viviendo en el alma de ellos».

Juan Ibarrola Martínez

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