Sin estrategia de comunicación

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Criticar la Ley de Seguridad Interior es algo fácil, basta ver la cantidad de protestas que han surgido a raíz de su aprobación en la Cámara de Diputados. Pero lo que llama la atención es el hecho de que los defensores de tal ordenamiento se pueden contar con los dedos de una mano.

Sin defensa

El pasado martes 5 de diciembre, un grupo de activistas en contra de la Ley de Seguridad Interior se dieron cita a las afueras del Senado para protestar por el intento de aprobación de la iniciativa que venía de la Cámara de Diputados.

Al frente se encontraba Gerardo Fernández Noroña, conocido político que se dio a conocer por protestas anteriores de diversa índole. Todo un profesional en esta materia.

Parcialmente, lograron su objetivo pues la citada Ley no se aprobó esa semana y existe el riesgo de que se retrase.

En tanto, en redes sociales aparecían cientos de mensajes contrarios a la ley, a la par que en páginas de opinión y columnas, el rechazo era abrumador.

¿Y los defensores de la iniciativa? En el debate, fueron muchos más los que se mostraron en contra que los se decían a favor, a pesar de los comentarios previos que giraban en torno a la necesidad de dotar a las fuerzas armadas de un marco jurídico en sus tareas de apoyo a la seguridad pública, en particular en el contexto actual que vivimos.

Incluso, algunas de las protestas mencionaron su oposición a partir del riesgo de que se pudiera dar un golpe de Estado, algo que claramente indica la manera en cómo se manejó la información.

Independientemente de las virtudes y defectos de la iniciativa, lo que conviene analizar es la manera en que desde el gobierno se apoyó la Ley de Seguridad Interior, incluso desde antes de su aprobación.

En primera instancia, cualquier estrategia de comunicación del gobierno federal que se quiera analizar, encontrará que carece de eficacia para alcanzar sus objetivos.

Las reformas promovidas en el marco del Pacto por México, ahora son vistas como las causantes de la mala situación económica que vivimos e, incluso, otras que perseguían fines más nobles, como la educativa, también enfrentaron el rechazo de algunos sectores sociales.

En temas como los que involucran a funcionarios del gabinete y al propio presidente de la república, como es el caso de los escándalos de corrupción, la defensa ha sido débil, como si se esperara a que fuera el tiempo el que borrara las pistas y trajera el perdón a los involucrados.

Incluso, la nominación de José Antonio Meade ha tenido su carga negativa al ser visto más como parte del sistema que como un verdadero candidato ciudadano, cualidad con la que se quiso vender al postularlo. Otro tanto puede ocurrir con Mikel Arriola en su candidatura a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México.

Así, no es de extrañar que en el caso de la Ley de Seguridad Interior no haya una buena defensa de este tema, a pesar de los argumentos que se manejaron para explicar la necesidad de un ordenamiento que ayudara a las fuerzas armadas a trabajar en labores de seguridad pública.

A este respecto, si bien una parte de la responsabilidad por la situación que tenemos es de los distintos órdenes de gobierno «“por no formar policías, por permitir que la corrupción penetre en el sistema de seguridad y justicia, por incapacidad o por omisión»“, también hay parte de la culpa en la delincuencia organizada, como se puede comprobar al analizar hechos criminales como la matanza de San Fernando o en lo ocurrido e Coahuila con los Zetas, pero lejos de incluir a los cárteles del narcotráfico en la condena, todo se le deja al gobierno.

El problema es que si el gobierno carece de una estrategia eficaz de comunicación, el resultado es que tiene que asumir toda la culpa como sucedió con la desaparición de los 43 normalistas de la normal de Ayotzinapa.

El activismo de muchos grupos «“desde los que legitimamente buscan la defensa de ciertos temas hasta los que aprovechan la coyuntura para llevar agua a su molino»“, hace algo sencillo tomar al gobierno federal como piñata para culparlo de todos los males ocurridos.

Y esto se verá en toda su dimensión en la próxima campaña electoral, en la cual veremos como el abanderado del PRI y sus aliados, por más ciudadano que se quiera presentar, va a tener que cargar con las culpas de asuntos como la economia, la inseguridad, la corrupción, la impunidad, la pobreza y un largo etcétera.

Como señalamos al principio, es fácil criticar la Ley de Seguridad Interior o cualquier otra reforma promovida por el actual gobierno federal, pero la defensa «“o la simple comunicación de sus beneficios»“ es algo difícil de encontrar, una breve revisión de los principales diario o portales nos demostrará como abundan las posiciones contrarias al ejecutivo mexicano y escasean sus defensores.

Para una administración que prometió saber como resolver los problemas del país, es evidente que en la práctica no han demostrado esa capacidad de la que presumían, incluso en temas que son importantes «“al menos en teoria»“ para ellos mismos.

La nominación del candidato priísta, al parecer, rompió algunos equilibrios internos, pero eso no es la principal explicación de por qué están tan mal en materia de comunicación.

Del tintero

Quizá Meade se empiece a arrepentir de aceptar se candidato priísta.

@AReyesVigueras

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