No, nadie quiere

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La nominación de los candidatos presidenciales del PRI y de Morena y la fractura en el Frente PAN-PRD-MC ha mostrado, una vez más, que a los políticos no les importa el país ni su futuro, sino que nada más ven por su propio bienestar.

Sin necesidad de hacer un diagnóstico de la dimensión de la crisis nacional, las expectativas para el 2018-2014 son de otro sexenio igual de crecimiento mediocre, con sobresaltos a la baja en el PIB, amenazas inflacionarias y saldos deprimentes en bienestar.

Las nominaciones conocidas, las previstas y los estados sociales de ánimo permiten adelantar, desde ahora, que el sexenio 2018-2024 será de más de lo mismo. El PRI y la oposición han demostrado que carecen de una propuesta alternativa y que sólo aspiran a mantenerse o ganar el poder, sin ofrecer alguna expectativa de mejoramiento social.

En pocas palabras, nadie quiere buscar el camino del cambio de sistema/régimen/Estado ni del modelo de desarrollo/política económica/concentración de la riqueza. Y como la propia sociedad padece su crisis depresiva, entonces tampoco existen amenazas de inestabilidad o de ruptura política.

Por ello la elección presidencial será irrelevante si se cruza con la dimensión de la crisis determinada por tres variables: PIB promedio anual de 2.2% de 2018-2024, 80% de mexicanos con problemas de bienestar y victoria del PRI, del PAN, del PRD o de Morena con candidatos que no representan un replanteamiento de la realidad y sus necesidades.

Nadie quiere correr el riesgo de ofertas un cambio difícil de operar. Pero lo más grave es que la sociedad tampoco quiere cambiar: la tendencia en las encuestas ha colocado a López Obrador en punta –hasta ahora–, pero no por ofertar un cambio real sino porque representaría el voto del resentimiento en contra del sistema/régimen/Estado, aunque paradójicamente el propio López Obrador sea parte de esa estructura y tampoco esté pensando en una gran reforma del modelo de nación de la Revolución Mexicana en su ciclo neoliberal.

El candidato priísta José Antonio Meade Kuribreña definió su expectativa en los Criterios Generales de Política Económica donde establece la meta de 2.,2% promedio, López Obrador circuló su proyecto de nación que implica gasto creciente»¦ hasta que la inflación lo frene, Ricardo Anaya pertenece al panismo estabilizador en economía y Miguel à ngel Mancera sólo quiere administrar la crisis.

Así que no es por amargar el proceso electoral, pero todos los datos indican que no habrá cambio político ni cambio económico porque todos los candidatos quieren llegar al poder para usarlo a favor de su propia consolidación. Y en este escenario será irrelevante votar o no votar porque el ganador tendrá una minoría presidencial de 25%-29% y no contará con una bancada legislativa que pudiera apoyarlo en los cambios.

Lo de menos es que el país ya no aguante la desigualdad social, la violencia producto de las complicidades del sistema/régimen/Estado y el crecimiento bajo que no alivió el tratado de comercio libre. Porque también en este escenario la sociedad perdió su potencialidad dinamizadora –no se diga revolucionaria– y su conformismo es producto de la falta de escenarios de alternativa.

Mientras nadie oferte un programa de gobierno que cambie el sistema/régimen/Estado, la próxima administración será de administración de la crisis. Por eso es que está aumentando la búsqueda de razones reales para votar o no votar.

 

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carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

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