Días de Muertos, Festividad Nacional

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Es la creencia de la visita de nuestros muertos a la vida terrenal, para convivir con ellos y juntos comer chocolate con pan de yema, mole negro con carne de guajolote, tejocotes en miel, calabaza en conserva, atole de espuma, tamales y mezcal, entre tantas otras viandas y bebidas tradicionales.

Así son los Días de Todos los Santos, Días Muertos y Fieles Difuntos, en diversas entidades de México, como Oaxaca, por ejemplo, donde la tradición es tan mágicamente viva que todo tipo de actividad se paraliza porque son momentos de rendirle culto a quienes se nos han adelantado en el camino a la vida eterna.

Allá, en la región de los iguales, como dijo Manuel Acuña en su poema «Ante un cadáver».

Son momentos de acariciar a nuestros muertos con un altar donde les ofrecemos manzanas, plátanos machos, jícamas, tejocotes, naranjas, mandarinas, nueces y cacahuates, además del mole, chocolate, tamales, pan de yema; altares que adornamos con calaveritas de barro y de dulce, y con flor de cempasúchil.

No es el Halloween, ni las comparsas con diablos y con brujas; son Días de Muertos, donde se valen las muerteadas, que son como calendas de hombres y mujeres con las rostros pintados cual calaveras y catrinas. La Catrina, incluso, es un personaje muy mexicano, que Diego Rivera popularizó con su obra «La Calavera Garbancera».

Pero la historia de La Catrina «“narra la enciclopedia libre Wikipedia»” inicia «durante los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz. En estos periodos, se empezaron a popularizar textos escritos por la clase media que criticaban tanto la situación general del país como la de las clases privilegiadas. Los escritos, redactados de manera burlona y acompañados de dibujos de cráneos y esqueletos, empezaron a reproducirse en los periódicos llamados de combate»¦

«Estas eran calaveras vestidas con ropas de gala, bebiendo pulque, montadas a caballo, en fiestas de la alta sociedad o de un barrio. Todas para retratar la miseria, los errores políticos, la hipocresía de una sociedad, como es el caso de «˜La Catrina»™…

«La palabra «˜catrín»™ definía a un hombre elegante y bien vestido, acompañado de alguna dama con las mismas características; este estilo fue una imagen clásica de la aristocracia de fines del siglo XIX y principios del XX.Es por ello que, al darle una vestimenta de ese tipo, Diego Rivera convirtió en su obra a «La Calavera Garbancera» en «˜La Catrina»™».

Y hoy La Catrina es ícono de nuestras fiestas de Días de Muertos, cuya tradición es necesaria preservar antes de que el halloween y los productos chinos la terminen de enterrar.

Por eso valdría la pena que el Senado de la República apruebe la iniciativa que propone declar el Día de Muertos como Fiesta Nacional. Y deberían ser los Días de Muertos, porque son dos: 1º y 2º de noviembre, que originalmente son el Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos.

Incluso, en algunas comunidades de nuestro querido México, la tradición empieza desde el 31 de octubre como, por ejemplo, en el municipio de Santa Cruz Xoxocotlán, en el estado de Oaxaca, donde la noche anterior al 1º de noviembre se vela a los muertos en el panteón municipal.

Ahí, los familiares de los difuntos adornan las tumbas con tapetes alusivos confecionados con arena y pinturas de colores, con flor de cempasúchil, con fruta, con velas y veladoras, y con fruta y comida. Los velan como la noche previa al entierro, pero no con tanta tristeza como entonces, sino ahora con serenidad y hasta con alegría por estar conviviendo con ellos.

Esa noche del 31 de octubre, los familiares y amigos llevan a los difuntos mariachi, trío, les cantan y lloran también. Y cenan junto a la tumba, tamales de mole, quesadillas, café, chocolate, pan. Así el culto a nuestros muertos se convierte en una gran fiesta de colores de otoño, sabores a tradición y olores del pasado.

Por cierto, hay que felicitar al gobierno municipal de Santa Cruz Xoxoxotlán, encabezado por Alejandro López Jarquín, por la originalidad de los adornos de Días de Muertos consistentes en calaveras gigantes vestidas de catrinas y con trajes regionales, que montaron en el camellón de la avenida principal de la población y en la explanada del panteón. Las calaveras parecen artesanales confeccionadas con papel.

En fin, independientemente de que el Senado apruebe o no declarar el Día de Muertos como Fiesta Nacional, valdría la pena que en entidades donde la tradición forma parte de la vida, como en Oaxaca, el Congreso Local haga lo propio y haga la declaratoria de Fiesta Estatal, sobre todo porque en todas las poblaciones oaxaqueñas de por sí se festeja en grande la festividad de los muertos.

Tanto así que la gente se refugia en sus casas para adornasr sus altares, hacer su mole, su chocolate y todas las comidas y bebidas en espera de sus seres queridos. Porque se cree firmente que en estos días vienen nuestros muertos a convivir con nosotros, es cuando Dios les da permiso de visitarnos para alegar nuestra vida con su presencia espiritual que en la nariz se nos queda con el aroma del incienso.

Y además de conservar la tradición, se le daría un plus turístico al destino Oaxaca concurrido en esta festividad porque a los ojos de los extranjeros resulta mágicamente atractivo el culto a los muertos, que no a la muerte.

Correo: rosyrama@hotmail.com

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