La disolución del poder del Estado, el grave problema de México

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Torre de Babel

La disolución del poder del Estado, el grave problema de México

Lida Aguilar Balderas

El hombre sigue aspirando al poder. Entre otras razones porque el hombre tiene una ansiedad que jamás, por mucho poder que consiga acumular puede ser satisfecha. Homo fame futura famelicus. El hombre tiene hambre del hambre futura. (Hobbes, 2007). Las comunidades humanas han gestado una serie de instituciones que les permiten establecer las organizaciones políticas, cualquiera sea la época y circunstancia, el Estado aparece como el referente inmediato de la disposición necesaria para organizar a los individuos, encontramos aquí, la necesidad y manifestación del poder encargado de regular las relaciones dentro de esa sociedad, se trata del poder del Estado. Pero ese poder debe estar revestido de una serie de factores que servirán para acrecentarlo y reproducirlo, tanto así como para legitimar su existencia, en todos los casos debemos identificar dos grandes sujetos de intercambio de poder 1) las instituciones del Estado y 2) la sociedad en general. Pero en estos se van delimitando espacios más precisos de actuación, en el primero se trata del poder estatal, lo que Weber (2008) llamó la violencia legítima del Estado[1], o lo que Hobbes denomino «una persona de cuyos actos una gran multitud, por pactos mutuos, realizados entre sí, ha sido instituida por cada uno, como autor, al objeto de que pueda utilizar la fortaleza y medio de todos, como lo juzgue oportuno, para asegurar la paz y la defensa común.» (Hobbes, 2007, p. 177).

Así la justificación de estos dos clásicos, sirven a su vez como hilo conductor de autores más contemporáneos que van delimitando los espacios de justificación del Estado como el ente legítimo y regulador del poder. Por ejemplo, Manuel Méndez especifica, «la diferencia entre poder y contrapoder, podríamos resumirla en los siguientes puntos. Primero, un poder impositivo es un poder que, por definición, al tratar de imponer su voluntad sobre los otros tiene que poner obstáculos a la acción o la libertad de aquellos sobre los cuales se impone». (Méndez, 2007, p. 27).

Pero siempre, el poder y el orden que de él deriva, implican la manifestación de aspectos negativos de su existencia, pues no se puede soslayar el uso disuasivo pero también efectivo de la fuerza del Estado, la cual no necesariamente se circunscribe al ámbito de lo físico, sin embargo, en cualquiera de los matices de utilización, aparece como sombra indisoluble del Estado, el uso de la violencia, de hecho, entre más grande sea esa sombra, mayor será la presencia del Estado, así, regresando a la visión de Méndez, (2007, p. 27) «el poder impositivo tiene que crear instituciones políticas, sociales y jurídicas que garanticen la estabilidad del mismo, tiene que crear toda una estructura institucional de poder. Tiende a institucionalizarse en una estructura de dominación». En suma, deriva de las reflexiones previas que el poder no tiene sentido sin el concepto de violencia, pero más aún, El orden que crea el Estado emana violencia, es tajante Méndez (2007, p. 33) en plasmar que «la violencia es ineludible en toda sociedad y que el orden del Estado no es más que una forma de sistematizarla, de encausarla, de adecuarla a fines específicos para que sea posible la vida social.»

Se afianza en este orden de ideas, el hecho de que la existencia del Estado responde a la necesidad intrínseca del hombre por sentirse seguro, por abatir, en la medida de los posible, uno de los sentimientos más básicos, el miedo, como dice Corey Robin (2010, p.15) en el miedo político existe «el temor de la gente a que su bienestar colectivo resulte perjudicado, miedo al terrorismo, pánico ante el crimen, ansiedad sobre la descomposición moral, o bien, la intimidación de hombres y mujeres por el gobierno o algunos grupos.

Lo que hace políticos, más que personales, ambos tipos de temor es que emanan de la sociedad o que tienen consecuencias para esta». En su exacerbación, el miedo político ocasiona convulsiones sociales de tal magnitud que puede hacer caer gobiernos, provocar revoluciones, que a final de cuentas redimensionen un nuevo orden jurídico político. Así, la consecuencia inmediata de dicho miedo es la infidelidad política ocasionada por la infelicidad social manifiesta, siempre que el Estado no tenga la capacidad de controlar el miedo político, pero en la mayoría de los casos, el miedo, es un instrumento eficaz de mantener el orden social y político, pues por miedo, las personas prefieren la inmovilidad a perder el raquítico espacio que poseen, es preferible lo que se tiene que lo que se puede tener, pues las certezas son mucho mejores que las incertidumbres, esta condición es ampliamente aprovechada por los detentadores del poder.

Por ello, resulta coherente que necesitemos a otros cuando nos sentimos débiles o tenemos miedo. Cuando uno deja ya de tener esas necesidades, elimina todo ese conjunto de relaciones. El poder calma la ansiedad y el poder introduce un orden en el propio sujeto, pero ese orden nunca es completo si no existe un orden institucionalizado por fuera que garantice la paz para todos, es decir, el poder del Estado aparece como ese agente capaz de dar certezas, de imponer orden, de ejercer la violencia en nombre de todos, de dar el ejemplo de castigo si se infringe la ley. Así, el sistema devora a sus propios integrantes la voluntad de poder, como un mecanismo de auto alimentación para mantener siempre el control en cualquier circunstancia. Por ello, dice Méndez (2007, p. 38) «el Estado existe y comienza a ser necesario precisamente para que nosotros podamos llevar a cabo todo un conjunto de fines sociales sin tener que preocuparnos por la autodefensa y sin tener que estar obsesionados por la seguridad».

Hoy la presencia del Estado ha sido llevada a niveles insospechados, pues los avances tecnológicos en el contexto del sistema mundo, que pareciera que limita la diversidad política ideológica (occidentalizada), de momento, pareciera conmina a restringir las posibilidades de bienestar de los individuos, ya que a mayor beneficio, mayor dependencia y control, Méndez (2007) y Corey (2010) amplían sobre este tema. A esa capacidad de control estatal y por ende capacidad de represión, es lo que otros han llamado «violencia estructural», es el caso de Parra y Tortosa, «El término violencia estructural es aplicable en aquellas situaciones en las que se produce un daño en la satisfacción de las necesidades humanas básicas (supervivencia, bienestar, identidad o libertad) como resultado de los procesos de estratificación social, es decir, sin necesidad de formas de violencia directa.» http://www.ugr.es/~fentrena/Violen.pdf

De ello, se dice que las estructuras ocultan los actores de la violencia y sus circunstancias, porque la ambigüedad del mando detrás de la institución es ocasionada porque se diluyen los sujetos que ejercen la violencia, esta se manifiesta, pero no se alcanza a ver quién exactamente es el agresor. Pero ahora, esa violencia estructural se ha revestido de una simbiosis escalofriante entre las autoridades y los grupos criminales organizados, pues los niveles de corrupción han entretejido el sistema institucional, todo en detrimento de la base social, ya no se trata tanto de un asunto en que los pobres sean los únicos perjudicados de esta trágica complicidad de opresores, también los ricos se han visto afectados.

Hoy día, en México, las policías comunitarias y los grupos de autodefensa, emergen como un recurso desesperado por contrarrestar los abusos reticulares de quienes al amparo del ejercicio incontrolado del poder han esparcido el miedo, el desorden y la dislocación económica de las comunidades. Los gritos desesperados de quienes se encuentran en estas terribles circunstancias, generan poca resonancia en las instituciones indolentes quienes pareciera que sólo con identificarlos como «casos aislados de violencia», que no merecen más que unos pocos espacios medidos de información, la problemática piensan, es absorbida sin mayor aspaviento.

Si bien es cierto que el Estado desde la perspectiva teórica, es el único legitimado para ejercer la violencia, el problema radica en que empieza a ser desplazado por ciertos grupos sociales, esta situación evidencia por un lado, la incapacidad y/o indolencia de las instituciones estatales, pero por otra parte aparecen aquellos que manifiestan una genuina razón de defensa ante la inmovilidad estatal, el hecho es que al gobierno se le está disputando el ejercicio de la fuerza, en respuesta, la autoridad está intentando desarmarlos, pero, aún no se saben las consecuencias del reclamo estatal por el uso único de la fuerza, el problema principal que enfrentan, es de legitimidad, pues parece que esta se les está arrebatando. Esa legitimidad que constituye la existencia del Estado, consiste en brindar seguridad, empero, ha sido rota, pues aunque históricamente han existido en nuestro país las policías comunitarias, ahora estas se organizan con un fin muy específico de combate al crimen organizado, su aparición con este objetivo específico se da a partir de octubre y noviembre de 2012, es el caso de la Montaña y Costa Chica de Guerrero.

Ahora también están emergiendo una serie de grupos de Autodefensa en lugares como tierra caliente Michoacán, donde comunidades como Apatzingán, Buena Vista, Tecapaltepec, se han armado, se dicen hartos de los abusos, del crimen organizado (La familia Michoacana y los Templarios) como de las autoridades, así, las comunidades en esos lugares empiezan a tomar el control de su propia seguridad, en contra de aquellos que se escudan en las armas bajo el amparo de la indolencia del gobierno en los tres niveles, todo ello, ha llevado a que desde las bases, la colectividad se está organizando, levantando en armas, rechazando todo aquello que venga del Estado, ya que no cree en que las autoridades sean capaces de restablecer el orden, cabe preguntar ¿qué pasa cuando la sociedad se revela contra el raquítico orden establecido? ¿Cómo restablecer el orden y el poder del Estado?

Jorge Fernández Menéndez en su columna del 13 de marzo del presente año, manifestó que se crearon grupos armados de autodefensa en 37 municipios del país: 19 en Guerrero, 5 en Michoacán, 4 en el estado de México, 1 en Morelos, 2 en Campeche, 11 en Chiapas, 1 en Jalisco, 1 en Oaxaca, 5 en Veracruz y 1 en Yucatán. http://www.excelsior.com.mx/jorge-fernandezmenendez/2013/03/22/890268

Para Javier Brown, la diferencia entre la Policía Comunitaria y las autodefensas radica en que las primeras son legales y legitimas mientras que las segundas se dan al margen de la ley y consecuentemente carecen de legitimidad, y por ende de política pública.

 

Diferencia entre grupo de autodefensa y Policía Comunitaria

POLICÃ A Variable

Autodefensa

Policía Comunitaria

Legitimidad

Carece de fundamento jurídico

Se da en el marco constitucional y de las leyes Intencionalidad

Intencionalidad

 

Surge como acción colectiva con el potencial de convertirse en movimiento social

Es una política pública y usualmente forma parte de un programa gubernamental

Naturaleza

Es de tipo reactivo

Es predominantemente preventiva

Entrenamiento

No se da preparación formal estructurada

Se requiere de un programa de capacitación en varios niveles

Vinculación social

Puede o no estar apoyada por la propia comunidad

Requiere la relación estrecha de cooperación con la comunidad

Financiamiento

Fuentes propias no necesariamente legítimas

Fondos federales, estatales o municipales

Seguimiento y evaluación

Carece de monitoreo

Exige el cumplimiento de indicadores como victimización, homicidios y violencia contra grupos vulnerables

Fuente: Tabla tomada y reproducida de «Policía Comunitaria y Autodefensa, diferencias cruciales», Brown Cesar Javier, en http://www.fundacionpreciado.org.mx/biencomun/bc217/Javier_Brown.pdf , consultado el 26 de julio de 2012.

Las circunstancias de esparcimiento de estos grupos, se encuentran en los acontecimientos iniciados en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa, pero que desafortunadamente continúan en el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Aunque mucho se esperó del arribo de Enrique Peña Nieto a la presidencia de la república, para abatir este mal, pues se dijo de variadas formas «ellos sí saben gobernar», tristemente se ha visto que los índices de violencia con respecto al crimen organizado en el periodo de Felipe Calderón no han bajado con el gobierno actual, el 14 de marzo del año en curso, la revista Proceso publicó que «según las cifras de la Secretaría de Gobernación (Segob) y de su titular, Miguel à ngel Osorio Chong, durante el primer año del gobierno de Calderón se cometieron 10 mil 553 homicidios dolosos, es decir, 879 cada mes o 29 diarios, en promedio.» http://www.proceso.com.mx/ , consultado el 25 de julio de 2013. Una cifra más reciente, muestra que «durante el gobierno de Enrique Peña Nieto -desde diciembre que tomó posesión hasta el final de junio pasado- han ocurrido al menos 7 mil 119 asesinatos en diferentes hechos violentos, según cifras de la Secretaría de Gobernación.» http://www.prinosaurios.com/van-7-mil-119-asesinatos-de-diciembre-a-junio-durante-gobierno-deepn/#sthash.FTwKmjr4.pdf 

En fin, la lógica es ineludible, ahí, donde el Estado es débil, donde los niveles de corrupción están más que desbordados, donde el miedo está por encima de cualquier otro sentimiento, el terreno es fértil para la aparición de los grupos de autodefensa, de las policías comunitarias ex profeso para defensa contra la actuación del crimen organizado y a veces también en la actuación de este último en contubernio con las autoridades locales.

Pero su emergencia y diseminación por amplios espacios del territorio nacional conlleva la gestación de un problema mayor, la violencia sin control, sin regulación legal, aunque el objetivo sea genuino de inicio, se pervierte rápidamente cuando se actúa al margen de la ley, nada puede ser más dañino para una nación que tener un Estado famélico en su fuerza, incapaz de imponer orden, corrompido desde sus propias entrañas y tremendamente deslegitimado en aquellos lugares donde más aqueja el crimen organizado, porque ahí la ley no sirve, ahí el poder estatal ha sido desplazado por el poder por sí mismo, y esto no es más que una bomba de tiempo que tarde que temprano nos terminará por estallar en el rostro a todos los mexicanos.

No sirve de mucho desplazar a las fuerzas federales, de hecho, ya hasta parece contraproducente, pues se ha abusado de la manifestación total de la fuerza del Estado, en manos de las fuerzas armadas, al grado que su presencia en las calles, hoy día ya no es garantía de seguridad, el ejemplo más desolador es el del Ejercito Mexicano, una institución que una década atrás gozaba de máxima reputación, pero en el gobierno de Felipe Calderón y ahora incluso con Enrique Peña Nieto, está prostituido, rebajado y vilipendiado por todos lados, algunos piensan que en muchas partes está coludido con el crimen organizado, en otras partes dicen que solo hacen presencia esporádica y eso no es suficiente para combatir el crimen organizado, otros tantos apuntan que este ha sido rebasado en estrategia y armamento por los delincuentes del narcotráfico, otros más dicen que está tremendamente limitado porque se circunscribe a órdenes de muy pocos alcances, también organismos internacionales lo ha puesto en la mira como violador de derechos humanos, el costo de tenerlo en las calles es muy alto, y los resultados son bastante cuestionables. Cómo hacer entonces para restablecer el orden del Estado si su manifestación de fuerza excelsa ha sido insuficiente para contener al crimen organizado. Al tiempo con este complicado entuerto.

Fuentes:

Corey, Robin, 2010, El miedo, historia de una idea política, México, FCE.

Hobbes, Thomas, 2007, Tomo I., El Leviatán, México, Gernica.

Méndez Alzamora, Manuel (editor), 2007, Sobre el Poder, España, Tecnos.

Biblioteca de Historia y Pensamiento Político. Comunicación Política y Política de Comunicación Organizacional en la PSD del Gobierno de à lvaro Uribe Vélez en http://www.javeriana.edu.co/biblos/tesis/comunicacion/tesis129.pdf

De la parra Daniel y Tortosa José María, Violencia Estructural, una ilustración del concepto, GEPYD, Grupo de estudios de Paz y Desarrollo, Universidad de Alicante, en http://www.ugr.es/~fentrena/Violen.pdf

http://www.prinosaurios.com/van-7-mil-119-asesinatos-de-diciembre-a-juniodurante-gobierno-de-epn/#sthash.FTwKmjr4.pdf

Jiménez Bautista, Francisco y Adolfo Muñoz, Francisco. Violencia cultural, en http://www.ugr.es/~fmunoz/documentos/Violencia%20estructural.html  Proceso.com.mx, http://www.proceso.com.mx/?p=336263  http://www.excelsior.com.mx/jorge-fernandez-menendez/2013/03/22/890268


[1] Para Weber: «El Estado es aquella comunidad humana que en el interior de un determinado territorio el concepto de territorio es esencial a la definición reclama para sí, (con éxito) el monopolio de la coacción física legítima.» P. 1056.

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