El fiscal anticorrupción ya está. ¿No lo ven, señores senadores?

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SEN. HÉCTOR YUNES LANDA, PRESIDENTE DE LA COMISIÓN CONTRA LA CORRUPCIÓN:

+Una manzana podrida siempre pudre a las demás. Viejo refrán

Hay instituciones y organismos, públicos y privados, que son como las rejas de manzanas, donde una de esas frutas, podrida, es tan contagiosa como el SIDA, provoca epidemias aun, a veces, cuando se le separa del resto.

«¦Por ejemplo, la Procuraduría General de la República (y todas las demás»¦). No hay escape, ¿verdad, senador?

Hace escasos días, el Comité de Acompañamiento Ciudadano para analizar a los 23 aspirantes a la Fiscalía que pondrá en acción al Sistema Nacional Anticorrupción, seleccionó, por sus méritos expuestos en sus currículos, a cuatro participantes como los más aptos. Dos de ellos dieron preponderancia a los cargos ejercidos en la PGR pero uno, José Bernardo Rafael Espino del Castillo Barrón (¡Ppfff…?), con un amplio y prolífico listado al respecto, decidió separarse «por cuestiones personales» de la justa y quedó César Chávez Flores, ex visitador «”o auditor interno»” de la PGR hasta que el Presidente de la República lo cesó el año pasado, pocos días antes de mover a Tomás Zerón, responsable de la indagatoria sobre los 43 de Ayotzinapa, a otra función, pese a sus conocidos antecedentes. Chávez había investigado a Zerón y, bueno, la respuesta fue el cese, ¿por atacar o por defender a Zerón? No se terminó de conocer la ¿razón?»¦

El tercer seleccionado es Miguel à ngel González, un ejemplo de litigante capaz y especializado casi casi en cualquiera de las especiales del Derecho…, Internacional, pues su campo de acción ha sido una buena parte del planeta, incluso en asuntos de corrupción, pero empresarial, según las políticas anticorrupción estadunidenses»¦

Y el cuarto es Manuel Hallivis Pelayo, doctor en Derecho, cuyo último cargo fue como presidente del Tribunal Federal de Justicia Administrativa. En el primer contacto con  el Tribunal Fiscal de la Federación, su título me sonó a una versión siglo XX del Tribunal de la Inquisición y recibí literatura suficiente para creer que ningún antecedente había de aquel monstruo de la España feudal, sino que esa entidad nació allá por los años 30 y fue, quizá, la primera de la Revolución para combatir la corrupción que pues, ya encabezaban casi los generales que la habían combatido y, por el contrario, siempre estuvo al servicio del causante, persona física o moral, de cualquier desfalco intencional por los empleados de las ventanillas y quizás también de más adentro…

Entre la información que leí lo más sorprendente fueron las sumas anuales que el Tribunal Fiscal de la Federación salvaba para los demandantes, muy lejanos de ser espejitos y cuentas de vidrio sino miles de millones de pesos de aquéllos, tan valiosos como eran antes del desastre de los 70″¦

El Tribunal Fiscal de la Federación fue, en consecuencia, el primer órgano del Estado Mexicano para combatir a la corrupción que no nació con la Revolución sino del tiempo en que llegaron los conquistadores españoles con sus enfermedades virales y sociales como ésa que se mezcló en la sangre de las mujeres que llevaron en su vientre la nueva raza mexicana como un mal social, clasificado entre los de naturaleza cultural.., por lo que al final del siglo pasado el presidente Zedillo incrementó sus facultades para hacer un frente frontal a lo largo y ancho de la administración pública y su nombre evolucionó al paso que las leyes y reglamentos se reformaron y se modernizaron para ser la materia de trabajo del actual Tribunal Federal de Justicia Administrativa, que cubre el país entero aplicando el orden de la ley simplemente como la Constitución Política lo ordena y demanda y se traduce en recuperación de muchos más millares de millones de pesos, año tras año a través juzgados especializados en casi todas las materias del Derecho mexicano.

Buena parte de ese mundo administrativo ha contado durante varias décadas, desde las oficinas hacendarias hasta los 20 últimos años en el Tribunal Fiscal de la Federación, hoy Tribunal Federal de Justicia Administrativa, con las aportaciones de Manuel Hallivis Pelayo quien no necesitó, por ejemplo, ser especialista en Derecho Penal para resolver vía instrumentos fiscales, casos tan peliagudos como el de Arturo, El Negro Durazo, por citar un solo ejemplo, porque la corrupción se debe atacar desde la justicia preventiva para que la penal y la penitenciaria se apliquen sólo a la parte final, que es el castigo a los corruptos. Lo que Manuel Hallivis Pelayo ha propuesto para el nuevo sistema anticorrupción del país «”que alguno de estos siglos aprobará el Legislativo Federal»”, es atacarla desde el fondo y no hasta que el daño está provocado y los culpables andan felices, huidos pero hartos de dinero del pueblo.

Hace décadas que Hallivis Pelayo imparte justicia desde esos rumbos en vez de aquéllos en los que la corrupción se volvió parte de su naturaleza»¦

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