¿Cuántas «mentiras» soporta la democracia (mexicana)?

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Las estadísticas lo dicen: los políticos (al menos en su faceta de legisladores) así como los policías son dos de los actores institucionales con menos credibilidad entre la población mexicana. En gran medida ello se debe a que existe una gran disociación entre lo que los políticos, como muchos de los policías, dicen respecto de lo que hacen. Sin embargo, y a pesar de ello, la democracia «se mueve».

En el fondo queda pendiente la cuestión sobre la calidad de la democracia que opera y sus consecuencias para la comunidad política que los «sufre».

Las  razones para entender el por qué un político miente se pueden reducir al deseo de ganar una disputa política, especialmente si es de corte electoral, debido a que, como lo han planteado varios analistas, la política es un «juego» de grandes riesgos y fuertes apuestas. En cada proceso electoral, los candidatos arriesgan su carrera política así como la de muchos de sus allegados e, incluso, la del propio partido. Por ello se entiende que usen argumentos falsos a sabiendas de que lo son, con el fin de obtener ventajas, o al menos sortear descalificaciones, y que les permitan ganar las contiendas y acceder a los cargos públicos.

Hasta aquí no se ha escrito nada nuevo, sin embargo el principal dilema cae del lado del ciudadano, o elector. Por qué a sabiendas de que los políticos usan constantemente las mentiras en sus discursos así como en sus propuestas de campaña, la ciudadanía les sigue votando. ¿los electores les creen a los candidatos? Y más preocupantemente, cuánta disociación puede existir entre las propuestas de los políticos y la confianza ciudadana, y cuánto es permisible para que , a su vez, funcione la democracia.

El uso político de argumentos «falsos» a sabiendas de que lo son, no precisamente conlleva a consecuencias negativas para la ciudadanía. En ocasiones este tipo de argumentos permite construir bases de apoyo en la toma de decisiones de gobierno, así como impulsar en la agenda política temas de diversos intereses que por otra vía no lo hubieran logrado. Por ejemplo, la aprobación del Tratado de Libre Comercio en el año de 1994 estuvo justificado por una fuerte campaña mediática que promovía los posibles beneficios que generaría, o el combate al crímen organizado cuando no había gran aceptación de la población.

Sin embargo uno de los más fuertes problemas que la «mentira política» genera para el funcionamiento de la democracia consiste en la distorción de la información proporcionada por los políticos a los ciudadanos. En la medida que los candidatos presentan diversos planteamientos, asimismo generan expectativas en cuanto a sus propuestas, las que son «consumidas» por los electores. Esto permite que la ciudadanía se forme diversos escenarios esperados en función de las propuestas políticas, y a medida que estas no se cumplen se va ahondando en el distanciamiento de la relación gobernantes-gobernados, además de afectar las bases de funcionamiento de la democracia. Ante la falta de información adecuada a las realidades de los electores, las decisiones que éstos tomen estará basada en falsas expectativas, aumentando su inconformidad con el régimen y la legitimidad de sus instituciones.

Una manera de resolver esta disociación se encuentra en los mecanismos efectivos de la rendición de cuentas (por ejemplo, la reelección de los gobernantes). Estos permiten «cerrar» la brecha informativa generada por la disociación entre las propuestas de los candidatos y las expectativas del electorado. Pero para que éstos mecanismos sean efecivos se requiere que salgan de la esfera de discrecionalidad de los políticos, esto es, no basta con que los candidatos se sienten a debatir, o que alguno de ellos decida firmar sus propuestas ante notario público (que sólo da fé de hechos), ya que cuando se debate en estas condiciones no se está obligado a contestar puntualmente a las preguntas, o los compromisos asumidos pueden no cumplirse ya que al final ninguno de ellos será «castigado» por la ciudadanía por no cumplir con las expectativas generadas.

El día de hoy estamos inmersos en un proceso electoral para renovar a una gran cantidad de gobernantes y legisladores, asimismo ha comenzado la feria de propuestas y promesas de campaña desmedida. Al final no queda claro si los políticos cuentan con los incentivos para cumplirlos. Pero lo más dramático es que la ciudadanía no cuenta con los mecanismos para hacerlos cumplir, y tampoco se aprecia un fuerte interés por que ello suceda. Tal vez sea por que ya están cansados de escuchar tantas mentiras y, finalmente, ya no les interesa lo que los políticos tienen que decir. En estas condiciones cabe preguntarnos ¿cuántas mentiras soporta la democracia?

* Es politólogo, Doctor en Ciencias Sociales con mención en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede académica de México. Actualmente se desempeña como investigador titular nivel A en El Colegio de Tlaxcala, A.C. Ha escrito diversos artículos para revistas académicas centrados en los temas de los partidos políticos, selección de candidatos y elecciones, especialmente enfocados a nivel estatal. Además ha participado en distintos foros de debate sobre la discusión del funcionamiento de los partidos políticos en México.

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