Todos para uno y ¿uno para quién?

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Los gobernadores estatales hoy en día son piezas de gran importancia para comprender el funcionamiento del sistema político mexicano. Se han convertido en figuras con recursos disponibles, capacidad de movilización y decisión y que, además, no están sometidos a férreos controles de rendición de cuentas. De manera que cabe preguntarnos ¿a quién le rinden cuentas estos gobernantes? Una forma de aventurarse a dar una respuesta consiste en enfocarnos en la manera que los candidatos son nominados, pues ahí podremos encontrar algunas claves de los compromisos políticos adquiridos.

En el presente año se renovarán siete gubernaturas: Chiapas, D.F., Guanajuato, Jalisco, Morelos, Tabasco y Yucatán. Los principales partidos políticos (PAN, PRI y PRD) ya han elegido a la mayoría de los candidatos con los que competirán en dichos comicios. En lo personal me llama la atención la manera, o métodos, mediante los que se han nominado al interior de cada organización. Creo que eso nos dice mucho, a su vez, de las formas en que cada partido procesa esos momentos tan conflictivos.

Hasta el momento en que esto es escrito, el PAN aún no define a candidatos en tres entidades (Morelos, Chiapas y Tabasco). Pero en el resto se observa que en cinco de ellos ya ha definido la manera de nominarlos. Lo que esto muestra es que el panismo a nivel estatal ha revertido una tendencia centralizadora experimentada durante el sexenio calderonista, y en este año han vuelto a utilizar de manera frecuente los métodos de las votaciones internas «cerradas», las que permiten sólo la participación de sus miembros activos y adherentes (en los casos de Guanajuato, Morelos y Yucatán). Sólo en una entidad (Jalisco) se optó por abrir las votaciones internas a toda la ciudadanía, mientras que en el D.F. se recurrió al método menos participativo: la designación desde las cúpulas partidistas.

En el caso del PRI ya cuentan con la mayoría de los candidatos para competir en dichos comicios, sólo falta su definición en Guanajuato. En este caso llama la atención que la totalidad de los abanderados priistas al día de hoy, han sido designados por la vía de la «candidatura de unidad». Esto no significa que necesariamente en cada entidad sólo se contaba con un aspirante, sino que el proceso interno fue llevado de tal manera que ante la diversidad de precandidatos existentes se buscaba la negociación política entre ellos para, así, incentivar a la declinación de la mayoría a favor de uno. A pesar del nombre del método utilizado -candidatura de unidad-, en muchos de esos casos no se terminaron de procesar de manera satisfactoria los conflictos entre precandidatos, un ejemplo claro es el caso de Morelos donde uno de los priistas «derrotados» (Manuel Martínez Garrigós) ha mostrado su oposición manifiesta a la candidatura del priista José Amado Orihuela, aún cuando al primero se le ofreció la dirección estatal del tricolor a manera de compensación.

Por último, en el PRD las nominaciones siempre han sido muy problemáticas, para ello ahora optaron por recurrir a un mecanismo «objetivo» para resolver el tema de sus candidaturas: las encuestas de opinión.

Una de las tradiciones internas del perredismo consistía en utilizar métodos participativos para nominar a sus candidatos, aún cuando esto solía generar nuevos problemas internos, pero el partido del sol azteca podía jactarse de ser «democrático» al interior. En cambio, en este año, apoyado en los resultados de sus encuestas de opinión internas, en las que se buscó evaluar el «peso» de sus precandidatos entre la opinión pública, el PRD optó por utilizar la vía de las candidaturas de unidad en seis entidades (Distrito Federal, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Tabasco y Yucatán), y en otra recurrió a la designación directa de la dirigencia partidista apoyándose, asimismo, en una encuesta para imponer a una político proveniente del partido tricolor (Chiapas).

En términos generales se observa que el PRI y el PRD han optado por recurrir a métodos pocos participativos, en los que la militancia de base no es el principal sujeto consultado para la resolución de las candidaturas a los gobiernos estatales. En caso contrario, el panismo estatal ha intentado recuperar el carácter participativo, aunque limitado, de sus convenciones para nominar candidatos. Esto, en principio, nos dice que los abanderados partidistas llegan «atados» por compromisos políticos con las cúpulas partidistas a la competencia política. Incluso en el caso de las «candidaturas de unidad» la situación es más preocupante por que éstas nominaciones sólo se lograron, como tal, a partir de la negociación entre un reducido grupo de líderes partidistas, excluyendo a la mayoría de los integrantes. De ahí que se sigan registrando inconformidades de los precandidatos excluidos de las negociaciones o de la distribución de candidaturas a otros cargos públicos.

Finalmente, los partidos políticos hoy en día se sienten satisfechos por seleccionar a sus candidatos mediante vías que les han permitido reducir el impacto de los conflictos internos, así como converger en el interés del triunfo electoral, sin embargo no queda del todo claro que el compromiso de los candidatos designados esté ligado con el interés del grueso de su partido o de la sociedad, al menos de la que quieren gobernar. Si hoy pareciera que dentro de los partidos se replica la vieja frase de «todos para uno (candidato)», no queda claro si una vez en el gobierno también se corresponda con «uno para todos» o «para pocos».

* Es politólogo, Doctor en Ciencias Sociales con mención en Ciencia Política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, sede académica de México. Actualmente se desempeña como investigador titular nivel A en El Colegio de Tlaxcala, A.C. Ha escrito diversos artículos para revistas académicas centrados en los temas de los partidos políticos, selección de candidatos y elecciones, especialmente enfocados a nivel estatal. Además ha participado en distintos foros de debate sobre la discusión del funcionamiento de los partidos políticos en México.

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