Por qué debería renunciar Nicolás Alvarado a TV UNAM

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Primero considero útil subrayar que el texto que Nicolás Alvarado publicó el 30 de agosto en Milenio diario es parte de la pluralidad existente en el país, con lo que se enriquece (o no) el intercambio público. Por ello, mi diferencia con lo que él expuso de ningún modo cuestiona su libertad de expresión: todos tenemos derecho a expresar opiniones y, entre éstas, gustos; lo tenemos independientemente de la solidez o la coherencia con la que se expongan y sin más cortapisa que no lastimar el derecho de terceros (todas las liberdades tienen límites en un sistema democrático). Cuando los simpatizantes del articulista adiverten que las críticas pretenden atajar el derecho de Alvarado y el de cualquiera para decir que le gusta o no Juan Gabriel, plantean en realidad un disparate. Nadie, al menos, no yo, lo cuestiona por eso.

También considero pertinente anotar que las escaramuzas digitales, en especial los llamados linchamientos contra cualquier parecer es uno de los fenómenos sociales más perniciosos de la actualidad; yo mismo he sido leña verde de esas hogueras electrónicas y por ello reitero mi rechazo a esas prácticas que lesionan la interacción social civilizada.

Entonces, me parecen deleznables las pretensiones de censura y que además promuevan el escarnio de la persona contra quienes lanzan los dardos. Espero que eso quede claro. Junto con ello creo que también es claro que las opiniones tienen consecuencias (de hecho eso es lo que siempre pretende quien expone pareceres; lo sabe o lo debiera saber el emisor: si menosprecia algo o a alguien «“en este caso a un ídolo popular– es entendible que coseche el mismo desprecio; digamos lo obvio: si le dice naco al ídolo le está diciendo lo mismo a todos sus seguidores. Que se haga cargo. No me parece consistente que la persona que insultó sea defendida como si fuera víctima de las prevaricaciones que suscitó; no creo que sea simpático que Alvarado en su texto construya un domingo en su vida que fue entorpecido por la muerte de Juan Gabriel (y que Nicolás Alvarado, se sitúe en el centro de todo) aunque ya quedamos, tiene derecho a exponer eso. (Yo ahí sólo diría, pero qué necesidad)

Ahora me deslindo de otras tres variables:

Una es que mis cuestionamientos al articulista de Milenio no tienen el veleidoso soporte de lo políticamente correcto que ahora se espanta por el empleo de la palabra naco que, tengo la impresión, todos o casi todos usamos para dirigirnos a algo que no nos gusta (no sé, el grupo Kiss, los diseños de portada de la revista etcétera o, desde mi punto de vista, las prendas de Nicolás Alvarado); estoy seguro de que «espantarse» de ello en realidad manifiesta una doble moral, hipocresía, digamos que parecida a cuando alguien que vistiera similar a Rigo Tovar critique a otros por nacos o que alguien aludiera despectivamente a los gay mediante formas y tonos de gay, es hasta cómico para mí. Para decirlo pronto: es como escupir al cielo. De la otra variable que me desmarco es la de criticar al autor por su imprudencia o ignorancia musical, eso lo hizo Yuri Vargas mucho mejor que como yo lo podría hacer. Mi tercer y último desmarque es que esto, mi postura, y creo que la comparten muchos, no tiene que ver con alguna consigna, es más, cuando Nicolás Alvarado fue nombrado director de TV UNAM la revista etcétera señaló que era buena noticia y además se deslindó de aquellas groseras caricaturas que criticaron a Alvarado porque había trabajado en Televisa.

Considero que Nicolás Alvarado debe dejar el cargo como director de TV UNAM porque ni él ni ningún otro directivo universitario pueden tener un perfil clasista (él mismo se definió así en aquel multicitado artículo) ni tener expresiones homofóbicas como pienso que las tuvo, sin mostrar el respeto que las expresiones artísticas le merecen a las instituciones académicas y en este caso de la UNAM (en ese terreno coincido con el respeto que el ex rector José Narro expresó por Juan Gabriel). Dentro del maremagnum de reacciones que hubo (hay todavía) en las redes sociales, llegó a señalarse que por fortuna Nicolás Alvarado no es TV UNAM. En efecto, no lo es por fortuna. Lo que expuso en su texto no corresponde con el espíritu, digámoslo así, de reconocer la diversidad que identifica, al menos dentro de su prontuario deontológico, a los universitarios. Mañana habrá una emisión especial sobre Juan Gabriel en TV UNAM, y el portal de la televisora lo promueve así:

«Uno de los indicadores en la música de que estás haciendo las cosas bien, es la cantidad de versiones que tiene tu obra y para eso, Alberto Aguilera Valadez era el divo.

Independientemente de ser un excelente intérprete y un gran compositor, fue una persona que desafío el conservadurismo mexicano y no sólo calló bocas, sino que las puso a cantar»

Desde mi punto de vista esa transcripción resume de manera elocuente que una cosa es TV UNAM y otras las opiniones de Nicolás Alvarado; están disociados. No son uno del otro. Creo que como funcionario él no puede sostener lo que dijo aunque tiene todo el derecho de decir en algún medio de comunicación que no le gusta Juan Gabriel, y en su sala escuchar a Vivaldi.

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