Liquidación o reforma de partidos

0
108

Si se acumulan datos de que buena parte de la crisis se localiza en la configuración actual de los partidos políticos, el dilema puede tener una salida en falso: destruir los partidos u optar por la individualización de la política, sin entender que los partidos son parte de una estructura de representación política. Sin partidos los sistemas regresarían al consenso a mano alzada, justamente el ideal del caudillismo, del cesarismo, del bonapartismo o del lopezobradorismo,

La comparación absurda sería simple de plantear: si a un auto le falla una llanta porque está lisa, lo lógico sería cambiar esa llanta y no cambiar todo el vehículo. La razón: a la larga los sistemas políticos tienen un funcionamiento orgánico porque están formados por conglomerados humanos. Regresar al ágora pública en sistemas con tantos subsistemas sería privilegiar la mano alzada.

En procesos electorales los partidos padecen el principal de sus problemas: la nominación de candidaturas. A comienzos del siglo XX hubo dos propuestas de ciencia política que siguen siendo vigentes: la teoría de la circulación de las élites y la ley de hierro de la oligarquía que determina el funcionamiento de los partidos por liderazgos no democráticos. En esa falta de democracia interna se dio el chapulinismo electoral y el surgimiento de los independientes.

Lo que está en el el centro del debate –más bien: debería estar– es el mecanismo de asignación/reparto de candidaturas. En el PRI, por ejemplo, las doce candidaturas se decidieron por mecanismos presidencialistas; los que perdieron se fueron a buscar la nominación por otro partido, sobre todo el PAN-PRD, Morena o alguno otro chico. Los resultados, por razones lógicas, rompieron con los criterios de la democracia: votar por enojo por candidatos de un partido pero compitiendo por otro.

Los partidos han dejado de representar a una parte específica de la sociedad y ya no funcionan por ideología, gremio o proyecto de gobierno, sino por las circunstancias. Los que votaron por expriístas en la alianza PAN-PRD, ¿por quién lo hicieron en realidad? Y los que votan por independientes estarían votando por una persona que promete funcionar en lo individual en un sistema de partidos.

La reforma de los partidos es urgente para recuperar la representatividad. En el caso de las candidaturas, la salida sería la elección primaria para quitarle a la dirección oligárquica o al dedazo la capacidad de suplantar la representación popular. Si no se comienza con este paso, los partidos estarán condenados al desprestigio, que sería peor que su desaparición.

La vida interna política e ideológica ha desaparecido al interior de los partidos, la forma de operar como bloque o manada somete a los militantes y representantes en cargos públicos a meros intendentes de intereses de sus dirigentes. En este sentido, los actuales partidos políticos no cumplen con los requisitos constitucionales de representar a la sociedad.

El aviso está dado: los cuatro principales partidos pueden sufrir otro revés en el 2018 si no corrigen sus desorganizaciones internas ni hacen esfuerzos por recuperar su representatividad social y popular. Lo más importante radica en la urgencia de que los partidos regresen a sus propuestas ideológicas, programáticas y de gobierno para que la gente vote por algo más que el repudio a otro partido.

http://indicadorpolitico.mx
carlosramirezh@hotmail.com
@carlosramirezh

Compartir