De esta México el asiento

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No todo tiempo pasado fue mejor, eso es muy cierto; no para quienes vivíamos en la última pregunta y había que chingarle duro para subsistir en este «˜valle de lágrimas»™ y llevarnos el pan a la boca, la tacita de café y una rica sopa que nunca más ha sabido como entonces»¦

Y junto a ese distinguido e inolvidable plato de sopa caliente había en el entonces Distrito Federal un ambiente, digamos, más armónico, más cordial, humano y hasta fraterno»¦ eran los tiempos «“se dirá-, en que a los perros los amarraban con longaniza, y no se la comían.

Eran los días de la radio: «Chucho el roto»; el «Monje loco» «“el de a deveras-, el de «Carlos Lacroix»¦ ¡Dispara Margot, dispara!»¦», «Una flor en el pantano: Anita de Montemar»»¦ la «Doctora corazón y su clínica de almas» y «El gran premio de los 64 mil pesos», que por entonces «“como ahora para muchos»” era una fortuna»¦ ¡ ¿Y qué tal los Niños Catedráticos?»¦ Y, bueno»¦ «Siga los tres movimientos de Fab: remoja-exprima y tienda»¦»; «Mejor-mejora-mejoral»¦»»¦»6-6-6: 666»

Había muchos cines: enormes cines: interminables. El Olimpia, el Orfeón, el Mariscala, el Cinelandia, el Maya, el Coloso, el Titán, el Teresa «“luego humillado y ofendido al convertirse en cine porno»“; el Variedades, el Paseo»¦ y muchos-muchos más a los que acudíamos en multitudes para ver interminables sesiones de cine mexicano y sus lágrimas amargas o las de vaqueros gringas en las que los buenos siempre vencían a los malos, aunque algunos preferíamos las del «Santo, el enmascarado de plata contra el doctor Cerebro»»¦ Uhhh»¦ y luego los taquitos y el tepache, del que ya no hay.

De aquello no hace mucho; no se crean que uno navegó por el túnel del tiempo o es sobreviviente de la prehistoria. No fue hace mucho, digamos que después de los cincuenta el entonces Distrito Federal era habitable sin codazos y se podía caminar sin sobresaltos en la mayor parte de sus 2,499 kilómetros cuadrados; naturalmente el transporte público era archieficiente: en un abrir y cerrar de ojos estaba uno al otro lado de la ciudad, ya en camiones con cobrador, o trenes beige con verde»¦ Los taxis eran enormes y eran para los domingos»¦

Luego, esta misma ciudad de México se fue transformando poco a poco, a pausas, sin prisas, como si despertara de un sueño. Llegó la época del rock and roll y los muchachos se rebelaban al bolero, a «La múcura está en el suelo»¦»; no querían más «Lágrimas de amor» y se escuchaba por todos lados a los Teen Tops; a Los locos del ritmo; a Los camisas negras«¦ y, naturalmente a los cantantes jóvenes de entonces y que ahora insisten en sentirse pegazos»¦

Todo ocurría sin sobresaltos, aunque de pronto la nota roja anunciaba hechos criminales que hacían que entre vecinos se comentara tal o cual noticia terrible. Los periódicos El Universal, Novedades, Excélsior, La Prensa, el Tabloide«¦ Alarma! y muchos más, daban cuenta de los terribles acontecimientos»¦ Y también presentaban a los políticos de entonces, siempre vestidos de traje, corbata y sombrero, inaugurando «“como ahora-, alguna obra con la que favorecían a los capitalinos. Y siempre a su paso, aparecía una viejecita para entregarle al gran político un sobrecito y un beso»¦ Creo que siempre era la misma viejecita»¦ y por muchos años el mismo regente: Ernesto P. Uruchurtu, a quien le dio por adornar al DF con fuentes brotantes y camellones con flores»¦

Luego, como si un temblor le hubiera dado al cuerpo social capitalino, ocurrió lo de 1968. Los muchachos de entonces ya no estaban para chiquitas y exigían su derecho a decir y a gritar y a exigir que las cosas cambiaran para que ellos pudieran ser y estar y vivir a su aire: eso es; ellos estaban listos para comenzar una nueva etapa en la vida del país»¦ el gobierno todavía no. Nunca lo ha estado. El gobierno en el poder es, casi siempre, enemigo de los cambios sociales que atenten a su estabilidad política, poder, riqueza, fuerza de decisión sobre vidas y seres humanos.

Y ocurrió la tragedia de Tlatelolco y desde entonces comenzó a cambiar esta capital mexicana. Las cosas ya nunca serían igual que antes, porque antes no estaban tan bien «“decíamos que no todo tiempo pasado fue mejor-, y como si no-como si sí, el gobierno tuvo que dar paso a otro sentido de la vida y a la voluntad de aquellos que sobrevivieron a la muerte y en honor a los que murieron.

La capital del país se transformó de forma más acelerada; de pronto éramos más aquí, llegados muchos de los diferentes estados de la República en los que no había forma de estar y vivir. La ciudad aumentó su población y crecieron las grandes colonias a los lados. Y de pronto ya todo se hacía insuficiente para una población cada vez mayor y con mayores exigencias de trabajo, salud, servicios y solaz; porque para eso habían trabajado los que trabajaban»¦

Pero el gobierno; los gobiernos, no supieron y no han sabido estar a la altura y como si no entendieran lo que ocurría aquí, daban soluciones al viejo estilo populista y carroñero. Pérdidas y ganancias. Fragmentos de solución. Presente sin futuro. Corrupción purulenta. Y mientras crecía el contingente humano, el gobierno se hacía también más costoso pero incomprensiblemente desconectado de lo que ocurría»¦

Hoy, después de muchos avatares: alegrías o tristezas, de pronto la metrópoli se ha convertido en megalópolis y los 10 millones de seres humanos que subsistimos en estos mismos 2,499 kilómetros cuadrados (más los millones que se acumulan cada día) como que ya no cabemos, pero aquí estamos, aquí trabajamos, aquí hacemos la vida, nacemos, crecemos, nos reproducimos y nuestras almas penarán sin fin en estas mismas calles hoy resueltas en fealdad, mugre, malolencia y descoloridas»¦

La mirada se ha vuelto agria, agresiva, superaquilina, de vida o muerte»¦ Una sonrisa tiene el valor de un pedazo de pan de dulce; la solidaridad humana es la excepción y 5.4 millones de vehículos son parte de nuestra vida luego de nuestra interminable aspiración de ser clase media, aunque se deba, pero también estimulado este crecimiento vehicular por el mismo gobierno local, que construyó obras para vehículos, no para humanos y descuidaron el eficiente transporte público en una ciudad que se mueve en peligro y sin solución»¦

Así que ahora el problema somos todos nosotros; y el gobierno local que se decía dispuesto a lo social se ha convertido en un gobierno antisocial; un gobierno recaudatorio y exigente; amenazante y procaz. Un gobierno que se mira a sí mismo en el problema sin entender el problema colectivo. Un gobierno de soluciones inmediatistas y contradictorias. De mentiras y miedos fatales.

¿Qué recordarán luego los muchachos que hoy viven en esta hoy Ciudad de México a la que le han quitado hasta el suspiro y la nostalgia? Pues eso: días de contingencia ambiental, días de violencia»¦ de indignación, de contrastes, de soledades profundas y rencores guardados»¦ «¡Siga los tres movimientos de Fab: remoje, exprima y tienda!»

 

@joelhsantiago

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