¿Estancamiento económico perenne?

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Aquelarre Económico

El último número de Foreign Affairs (marzo/abril 2016) trae en la portada un globo terráqueo desinflándose y el título El mundo se aplana: sobreviviendo el crecimiento lento, en el que se discuten los argumentos de quienes predicen un sombrío futuro de estancamiento económico.

Los neomalthusianos “”seguidores de Thomas Malthus, economista inglés que predijo hambrunas terribles, pues la población crecía más rápido que la producción de alimentos”” presagian ahora el fin del crecimiento económico que caracterizó al mundo en los últimos dos siglos.

No todos los profetas del estancamiento económico usan los mismos argumentos, y sólo algunos analizan el impacto de la caída en el aumento de la población como causal del menor crecimiento, pero tienen en común un profundo pesimismo sobre las perspectivas de la humanidad.

También sus prescripciones de política económica varían radicalmente. Larry Summers, exsecretario del Tesoro de EU, sustenta en su ensayo La era del estancamiento secular que el problema es que no hay suficiente demanda a nivel agregado mundial y demasiado ahorro.

Su argumento, típicamente keynesiano, lleva a la predecible recomendación que los gobiernos deben incrementar el gasto público, a pesar de que eso es lo que muchos países han venido haciendo, por lo que el endeudamiento gubernamental como proporción del PIB se ha casi duplicado en los países desarrollados.

Otros que creen en el estancamiento perdurable, proponen una aún más activa política monetaria usando lo que Milton Friedman, mi legendario maestro en la Universidad de Chicago, llamó “tirar dinero en helicópteros” como la manera idónea para forzar un aumento en la demanda agregada.

Así, se superaría la “trampa de la liquidez” que impide la efectividad de la política monetaria tradicional para elevar la demanda, pues la expansión monetaria hasta ahora fue a parar en enormes montos de efectivo atesorados por bancos, empresas y personas. Tal sugerencia ignora que el balance de los bancos centrales en los países desarrollados se ha inflado enormemente con graves riesgos porvenir.

Otra variante de los neomalthusianos la representa Robert J. Gordon, a quien ya hemos discutido en esta columna, y que acaba de publicar La elevación y caída del crecimiento en EU, en el que sustenta que las innovaciones tecnológicas de las últimas cuatro décadas no han elevado la productividad de la economía de su país.

Gordon no concibe de dónde vendrá un aumento en la productividad que sustente el crecimiento económico al ignorar el potencial de nuevas tecnologías en medicina y farmacología, inteligencia artificial e impresoras tridimensionales, ingeniería genética y teléfonos inteligentes con aplicaciones médicas, para citar sólo unos casos.

Creo que los agoreros del desastre se equivocan, al igual que lo hicieron Malthus y todos los que no creen en la magia de la economía de mercado y del talento humano.

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