Refugiados: la Europa de la vergüenza

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¡Viva la Pepa!

Los jefes de Estado y de Gobierno de los veintiocho, en una decisión que ha sido calificada de escasamente legal, por organizaciones como ACNUR, Amnistía Internacional y UNICEF, en tanto viola la Convención Europea de Derechos Humanos, han decidido la expulsión a Turquía de todos los migrantes irregulares, tanto los «económicos» como los refugiados, incluidos los sirios. De esta forma, los dirigentes europeos pretenden resolver, «“dando además, a Turquía 6.000 millones de Euros y promesas sobre avances en su integración en la UE»“ la mayor crisis humanitaria y de refugiados en Europa, desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Cada expulsado será substituido por un migrante desde Turquía.

Estos días, la nieve, y la lluvia han provocado que decenas de miles de refugiados, atrapados entre Grecia y Macedonia, sin comida, sin asistencia médica, durmiendo sobre el barro, protegiendo, sobre todo, a los niños del frío y de la lluvia, hayan protagonizado escenas de sufrimiento y abandono que no se veían desde los años cuarenta, cuando la mitad de Europa se recuperaba de los bombardeos y de la destrucción y de las heridas de todo un continente.

Todos esos refugiados que huyen de la guerra y del radicalismo islamista y que creían haber encontrado la tierra prometida, serán privados de toda esperanza y para nada habrá servido su esfuerzo y esa promesa de que Europa les recibiría como tierra de asilo. Hace pocos días el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, resumía en una pregunta clave, en un discurso en La Haya, la problemática en torno a los refugiados a la que se enfrenta Europa desde hace prácticamente un año. «¿Quiénes somos nosotros en realidad cuando siendo la parte del mundo más rica con 500 millones de habitantes no somos realmente capaces de acoger a uno o dos millones de refugiados?».

Ni a dos, ni a uno, porque son muy pocos los que han podido normalizar su situación en la tierra prometida. En las últimas dos semanas, varios países a lo largo de la ruta de los Balcanes occidental de Grecia a Alemania han cerrado sus fronteras, al tiempo que un promedio de 3.000 inmigrantes han seguido llegando diariamente a Grecia. Grecia, en estos momentos, en la peor crisis económica de su historia, se encuentra abarrotada principalmente de refugiados sirios e iraquíes que no tienen a dónde ir. Están atrapados en la Grecia del sufrimiento económico y de los recortes.

El Primer ministro griego Alexis Tsipras ya ha advertido que esta situación es insostenible y que su país, recuperándose a duras penas de una profunda crisis económica, simplemente no es capaz de hacer frente a 30.000 recién llegados cada mes que son incapaces de salir: «No vamos a permitir que Grecia ni cualquier otro país se convierta en un almacén de almas» ha dicho. El drama que se despliega en Grecia es el resultado más visible de dos acontecimientos que han creado una crisis profunda en Europa. Uno: los estados miembros están cerrando sus fronteras y establecen límites estrictos sobre el número de refugiados que están dispuestos a aceptar o a permitir el paso; dos: Turquía no ha sido capaz o no ha estado dispuesta a detener el flujo de refugiados a Europa, ni por supuesto, a perseguir a las mafias que estimulan la huida, haciendo de ello su gran negocio a costa de la explotación y el engaño.

Hace unos días, la policía macedonia disparó cargas de gases lacrimógenos contra solicitantes de asilo que habían reventado una verja en la frontera con Grecia. El mismo día, Francia comenzóÌ a despejar «La Jungla», un enclave en las cercanías de Calais en el que miles de refugiados esperaban con desesperación cruzar el Canal de la Mancha para llegar a Inglaterra. Y a medida que se les cierran las puertas europeas, miles de personas se acumulan en Grecia, que está abriendo nuevos campamentos casi a diario.

Por otra parte, cuatro países del este europeo, dirigidos por Polonia y Hungría, también se han unido para bloquear a los refugiados minando así la Europa unida con la que soñaban en su cautiverio soviético. La canciller alemana Angela Merkel, que desde el comienzo instó a una acción paneuropea y que ha abierto de par en par las puertas de su país, es cada vez más la única voz dirigente que insiste en que Europa tiene que actuar conjuntamente y respetar los derechos humanos.

Una UE que no actúe conjuntamente en la crisis de refugiados, pronto dejará de actuar a todos los niveles. Una Europa que desenrolla alambres de espino, y valla sus parcelas nacionales como lo acaban de hacer Hungría y Austria, se desarticula a sí misma. Europa tiene que mantenerse abierta hacia dentro y no aislarse completamente hacia fuera. Cuando más se aísla una civilización, tanto menos tiene que defender al final. El «elogio de las fronteras», que últimamente se canta casi como un himno de salvación, es el réquiem para Europa»¦ Para muchos ya Europa no es la Europa de las libertades, sino la de la vergüenza.

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