Una Constitución de viejitos

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Capital Político

Hace falta una visión más joven o progresista de lo que es la capital del país

Mucha alharaca se ha hecho últimamente con la promoción a la tan cacareada Constitución Política de la Ciudad de México, que un grupo de notables «”viejitos, pues»” está redactando por órdenes de Miguel à ngel Mancera.

Claro que la edad nada tiene que ver con que puedan ser o no redactores constitucionales, pero como que hace falta una visión más joven o progresista de lo que es la capital del país, que en los últimos años ha cambiado diametralmente.

Por ningún lado se ve la opinión de los jóvenes en la redacción del documento, y si con un referéndum o consulta posterior a su redacción quieren validar la propuesta, el asunto pinta mal, ya que poco se podrá hacer.

Porque si uno le echa un ojito a la lista de notables redactores, se podrá dar cuenta de que, como dijera muchas veces Cuauhtémoc Cárdenas, es más de lo mismo.

El grupo está plagado de veteranos, muchos de ellos en su tiempo fueron importantes, pero sus mejores momentos han quedado atrás.

Que nadie se engañe, el asunto de la Constitución Política de la CDMX es solamente para que los veteranos queden registrados en los libros de historia, y para que muchos políticos rezagados o despreciados en sus partidos revivan.

O lo que es peor, que una gran cantidad de pillos quieran aprovechar la apertura a la participación ciudadana para llevar agua a su molino.

Aunque los partidos, gobernantes y legisladores no estén de acuerdo, en realidad era «”y sigue siendo»” más urgente una amplia reforma administrativa, que una reforma política que sólo beneficia a unos cuantos.

Porque está claro que desde la conformación de los 100 constituyentes que analizarán la propuesta de Mancera, el asunto luce arreglado; el texto constitucional no tocará los temas centrales de la descentralización administrativa ni las obligaciones y límites a los delegados.

Le están dando tanta bola y gastando tanto dinero lo mismo a su organización como a su difusión, pero es hora que nadie ha podido contestar de manera puntual a una simple pregunta: ¿de qué carajos le sirve al capitalino la Reforma Política?

¿Tendrá más dinero en la bolsa? ¿Bajarán los impuestos? ¿Habrá menos delincuencia? ¿Los funcionarios públicos trabajarán más? ¿Habrá menos burócratas rascándose la panza mientras llega la quincena? ¿Se acabarán los baches y los policías corruptos?

Porque si será así, bienvenida la nueva Constitución Política de la Ciudad de México que, según ellos, transformará a los capitalinos en ciudadanos de primer mundo.

CENTAVITOS»¦ ¿Alguien ha notado que no hay día que pase sin que algún microbús o taxi sea sancionado por faltas al Reglamento de Tránsito? Pues parece que el gobierno de la ciudad entendió parte de la molestia de los ciudadanos de que los únicos paganos con la nueva disposición son los automovilistas, mientras el transporte público seguía siendo el rey. Parece que en ese aspecto hay la intención de corregir el rumbo, aunque, por supuesto, faltan dos cosas que aún despiertan enojo: que los metrobuses no respeten los límites de velocidad y que los vehículos con placas foráneas «”que cada vez son más»” se pasen las fotomultas por el arco del triunfo, porque dejan ver que el nuevo Reglamento de Tránsito está hecho para restringir solamente a los capitalinos y no a los de fuera, lo cual luce injusto.