No aprendimos, ¿ya aprendieron?

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El Cristalazo

Apenas la semana pasada los padres de los jóvenes desaparecidos se quejaban de la dilación y la distorsión de las investigaciones

En uno de sus recientes informes al Congreso, el Ombudsman nacional, Luis Raúl González Pérez, dijo casi con triste resignación y en referencia al caso Tierra Blanca: no hemos aprendido nada. Como país, quiso explicar.

Obviamente era una referencia a la forma como un grupo de jóvenes desaparece repentinamente y de su desaparición quedan evidencias documentales de la participación de policías secuestradores, ahora responsables no solo de los homicidios ya reconocidos oficialmente, sino de la desaparición forzada y otros delitos más, aparte de las violaciones graves a los Derechos Humanos de desafortunado quinteto.

Esto último queda como el peor agravante, pero la más horrible de las realidades es el crimen y la pulverización de sus cuerpos.

Ahora, ante esos crímenes, vamos a ver si otros ya aprendieron. Las organizaciones defensoras e industrializadoras de los «Derechos Humanos»; las cuales podrán aprestar el recurrente grito de si se los llevaron vivos así nos los deben devolver (nos faltan 48, dirán ahora), lo cual ya es a estas alturas del caso, imposible. Y como en el caso de Iguala, es imposible regresar la vida a alguien. Lo indispensable ahora es reclamar justicia. Toda, para todos.

Esta nota del diario El País nos ofrece un retrato terrorífico del asunto:

«El Gobierno mexicano (no la policía de Tierra Blanca, nótese) ha informado de la detención de un policía, cuyo testimonio detalla la muerte de los cinco jóvenes desaparecidos el pasado 11 de enero en Tierra Blanca, Veracruz, sobre el golfo de México».

«Roberto Campa, subsecretario de Derechos Humanos del ministerio de interior mexicano, informó ayer a los familiares de los cinco sobre la detención del agente, el octavo que tienen hasta ahora en custodia. Campa ha explicado que los jóvenes «fueron quemados, molidos (en un aparato cañero de molienda) y tirados a un pequeño río», de acuerdo a la información de que disponen.

«El agente detenido se llama Rubén Pérez Andrade y sus declaraciones resultan clave para la investigación ya que, según ha explicado Campa, presenció la detención de los muchachos, cuatro hombres y una mujer, su muerte y la desaparición de los cadáveres».

«Hasta ahora, las autoridades habían encontrado restos de dos de los cinco jóvenes, sangre en un caso y restos óseos en otro. El hallazgo se produjo hace semanas en un rancho en el pueblo de Tlalixcoyan, a 65 kilómetros de Tierra Blanca. Inconformes con las explicaciones de las autoridades, los familiares de los cinco pidieron la intervención del Equipo Argentino de Antropología Forense, que actualmente analiza los restos».

«Los argentinos divulgaron hace unas semanas su informe sobre el basurero de Cocula, en el estado de Guerrero, lugar donde el Gobierno dice que fueron quemados los 43 estudiantes normalistas desaparecidos en septiembre de 2014 en el cercano pueblo de Iguala».

«El padre de uno de los desaparecidos, José Benítez, ha declarado al portal web Animalpolítico.com: «˜Esta persona ya confesó y dijo cómo pasó todo de todo hasta que ya perdimos a nuestros chamacos»¦ confesó que nos los mataron»™».

«»¦En un primer momento, el policía explicó que pararon el auto en que viajaban los cinco jóvenes, un Volkswagen Jetta, porque circulaba demasiado rápido. Les revisaron, comprobaron que los papeles estaban en orden y les dejaron marchar».

«No pasaron 24 horas hasta que el agente se desdijo. En una segunda declaración, Reyes Heredia confesó que sus compañeros, todos detenidos, subieron a los muchachos a la patrulla y se los llevaron: «˜Se adelantaron sobre la carretera y se metieron ahí por donde estaba una chatarrera, y ahí se orillaron y en eso bajaron cuatro «“policías»“ de la camioneta y uno de ellos apuntó con una pistola y los bajaron del Jetta, y los subieron a una camioneta y se los llevaron»™».

«Fue entonces cuando uno de los agentes ordenó a otro que se llevara a perder el carro».

«EL PAÃ S ha podido saber que la fiscalía mexicana maneja denuncias que apuntan que esa «chatarrera» pertenece a Basilio, El Chatarrero, uno de los integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación».

Apenas la semana pasada los padres de los jóvenes desaparecidos se quejaban de la dilación y la distorsión de las investigaciones.

«Es inconcebible que primero se enteren los medios de comunicación, antes que nosotros que somos los afectados directamente sobre esta situación tan terrible que padecemos en este momento», señaló Bernardo Benítez.

Los nombres de los jóvenes desaparecidos son: Susana Tapia Garrido de 16 años, José Benítez de la O de 24 años, José Alfredo González Díaz de 25 años, Bernardo Benítez Arroniz de 25 años y Mario Arturo Orozco Sánchez de 27 años de edad.

 

rafael.cardona.sandoval@gmail.com

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