*Democracia representativa, política, corrupción, tres jinetes apocalípticos

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Cartelera Política

*Estado niega educación a pueblo para control y permanencia de dinastías

PESOS DE ARENA: La democracia representativa y la corrupción en México van de la mano en gastos y costos al país. Un pueblo con escasa educación de acuerdo a evaluaciones y comparaciones internacionales es manipulado con facilidad e incapaz de exigir cuentas a los políticos, a los partidos, a réferis electorales que denigran la calidad de la democracia. Alrededor de un billón de pesos cuesta la política mexicana en campañas «“dinero público, privado, sucio»“, congresos locales, y federal, Instituto Nacional Electoral «“con los estatales»“ y Tribunal Electoral. La corrupción es otra erogación por 1.5 billones de pesos, 9% del PIB, se incluye clase política, empresas públicas, y burocracia. A los hogares mexicanos les cuesta más de 35 mil millones de pesos la deshonestidad oficial.

Mientras los más pobres desembolsan una cuarta parte de todos sus ingresos en sobornos para tener acceso básico para sus hijos, de acuerdo a datos expuestos en mesa de análisis donde participó el Instituto Mexicano para la Competitividad y representantes de los tres partidos mayoritarios: PAN, PRI, y PRD. Estos dos rubros representan prácticamente la mitad del presupuesto para 2016.

Cuando el Partido Revolucionario Institucional, PRI, gobernaba como único instituto político, estas cifras se desconocían. Actualmente se cuenta con información parcial pues aún existen rubros en la opacidad, como en tiempos de campañas políticas espacios en que uno de cada 9 pesos se conoce su origen, el resto ningún mexicano común sabe de dónde provienen.

Como si el libertinaje no fuera ya escandaloso, con apenas tres meses de haber tomado posesión ya muchos diputados de diferentes partidos tienen en la mano licencias para competir por otros cargos de mayor duración y más dinero en 2016 «“desde luego con disfrute de aguinaldo y prestaciones, en tanto 4 de cada 10 trabajadores recibirán aguinaldo»“. En el Senado por lo menos 28 están listos para ir a la competencia del próximo año cuando se renovarán 12 gobiernos estatales, aunque hay presidencias municipales más importantes económicamente como el caso de Ciudad Juárez, Chihuahua que genera más de 60% de los ingresos locales.

En México por siglos la educación como fundamento del desarrollo y bienestar social ha sido de mala calidad, no por incapacidad de los mentores, sino como parte de una política de Estado perversa para que las 88 dinastías políticas sigan gobernando y revolcándose en la corrupción a costa del trabajo de los mexicanos y sin que sean llamados a cuentas, además castigan al país su ingreso al progreso global por estar a la zaga de la investigación innovadora. Para su propósito han confeccionado leyes que les permiten brincar de una posición a otra, en una reelección interminable a pesar de que fue proscrita por la Revolución Mexicana y lamentablemente desempolvada por el panismo para retornar a esa perniciosa práctica política a partir de 2018. Ni siquiera el pensamiento social cristiano cuyo modelo es la inclusión del hombre en un todo social cuyo fin sería la plenitud del individuo, es otra de tantas entelequias, pues la iglesia igual que los cesares solo buscan el control del individuo para someterlo y esclavizarlo.

La tipología moderna de las formas de poder está a la vista. Se trata de los poderes: político, económico, e ideológico, con lo cual las dinastías políticas incrustadas desde hace dos siglos se apoderan de los instrumentos a través del dinero y con los cuales ejercen la fuerza física «“armas de todo tipo y grado»“ como poder coactivo y medio eficaz para acondicionar el comportamiento del pueblo; para mantener una sociedad de desiguales, dividida entre pobres «“53 millones»“ y ricos «“12 familias»“; entre preparados en universidades extranjeras e ignorantes; entre fuertes y débiles; entre superiores e inferiores.

Cuando el pueblo se cansa de las normas establecidas el establishment busca otras con diferentes nombres pero sin perder el control, como la última reforma político-electoral que supuestamente otorga más poder a la sociedad, pero que hay una Suprema Corte de Injusticia que controla. Lo mismo se diseña normas para acabar con la corrupción, rendir cuentas y ser transparentes, que se contradicen con otras para al final aplicar las que más convengan al poder. Lo mismo se arma todo un marketing de educación de calidad, pero se desconoce o se guarda bajo siete vueltas de llave cuál es el proyecto de nación de ir por la independencia y soberanía, y si todavía son rescatables los recursos nacionales puestos en venta de garaje, cuando un ejecutivo federal es impuesto y responde a intereses de transnacionales, o quedar como satélite de la potencia unipolar del norte.

Nuestro análisis es apenas la epidermis de los trasfondos de la llamada democracia representativa, política de dinastías, y corrupción que correó las fibras nacionales. Mientras el pueblo siga ignorante negándole la educación que merece para poder discernir, ser creativo, y competitivo, en vez de autómata, México podría terminar como ya anotamos en otro satélite de las potencias y su población en un campo de esclavitud eterno como fueron los 400 años de coloniaje español.