-Abengoa, ¿cumplirá en México?

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POR LA ESPIRAL

¿Cómo una empresa foránea gana un proyectazo de inversión cuando tiene graves problemas de liquidez y fuerte endeudamiento? Me refiero a la andaluza Abengoa que en enero de este año se adjudicó en México la construcción de una planta de ciclo combinado de 924 megavatios por una cantidad monetaria muy relevante: 1 mil 643 millones de euros.

Resulta que Abengoa desde ayer mismo ha dejado de cotizar en la Bolsa de Madrid suspendida sus acciones para evitar una mayor sangría en descapitalización bursátil tras declararse en preconcurso de acreedores.

Ahora hay que salvar de la quiebra a esta multinacional ibérica con compromisos de obras en México dado que tiene acumulados dolorosos pasivos por 27 mil millones de euros.

Lo curioso es que nadie lo notara en su momento, menos en la delicada tesitura de adjudicación de una obra de enorme envergadura, que por lo menos demorará 30 meses en llevarse a cabo y con la responsabilidad entre sus manos -además de la operación-, también de su mantenimiento en los próximos 25 años.

¿Cómo se lleva a cabo una licitación en México sin antes medir la salud financiera de los concursantes? Y es que tampoco es información oculta mucho menos cuando dicha empresa cotiza en el parqué español y está llamada a cumplir con obligaciones ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

En 2014, los estados contables de Abengoa ya desvelaban «la bomba de tiempo» desde su informe anual hasta los reportes trimestrales a lo largo del año.

La pregunta es si la empresa del ramo de la ingeniería y la construcción podrá honrar todos sus compromisos adquiridos tanto en la península como del otro lado del Atlántico.

Y es que además de los pasivos enfrenta el pago inmediato por 330 millones de euros tanto en bonos como en diversos créditos. Razones más que suficientes, de peso pesado, para que fuera deslistada de la bolsa con la finalidad de protegerla de un desplome bursátil con un consecuente castigo en su capitalización y obviamente, valor de mercado.

Durante la sesión de ayer jueves, en el parqué del hermoso palacio de estilo neoclásico que alberga la Bolsa de Madrid, la pizarra mostraba los constantes cambios en rojo de la acción del gigante de las renovables. La postura de los tenedores de acciones era clara: vender.

Si el miércoles sus títulos perdieron un 54% ayer lo hicieron un 40% y de no haberlos sacado del trading la carnicería seguiría prolongándose a golpe de los rumores acerca del futuro inmediato de la compañía, de sus proyectos en ciernes y también de los 27 mil empleados inmersos en la incertidumbre.

Esto ha sido además como la cereza en el pastel, lo último que le faltaba al cuarto para las doce al Gobierno del presidente Mariano Rajoy estigmatizado entre rescates, escándalos de corrupción, quiebras empresariales y justo cuando está en campaña electoral buscando la reelección (por cuatro años más en el poder) le estalla un volcán cuyo magma mantiene preocupados a todo el sector empresarial español y también a las autoridades del ramo.

Si bien Abengoa es una empresa privada, sin ninguna participación oficial, se trata del mayor colapso de un ente que durante sus 70 años de existencia enarboló la bandera de la internacionalización (tres cuartas partes de su negocio dinamiza fuera de España) así como de la lustrosa responsabilidad social corporativa.

A COLACIÓN

José Manuel Soria, el ministro de Industria, Energía y Turismo, ha dicho que la situación de Abengoa «es extremadamente delicada» por supuesto sin dejar de subrayar que todo el cisma compete al ámbito de la iniciativa privada en cuyo espejismo cada quien se vende como gigantes infalibles para luego terminar cayendo como enanos.

Repito: nada más hay que revisar los estados financieros disponibles de cara a los inversionistas y al público en general, hasta en Internet, para darse cuenta de sus problemas.

También de que no nada más es Abengoa. La salud financiera de muchas empresas españolas, unas de gran tamaño y envergadura sectorial, quedó mermada tras la larga crisis económica.

Ni siquiera la búsqueda de la internacionalización, desesperadamente, ha permitido salvarse del desahucio porque el boquete en materia de endeudamiento es grande.

Antes que Abengoa, en los últimos cuatro años, ha sorprendido la asfixia financiera de: Panrico, Nueva Rumasa, Bankia, Pescanova, Zinkia ni qué decir de Fagor.

Si estas marcas que parecían invencibles han cedido ni qué decir de los datos contundentes del Instituto Nacional de Estadística (INE) que refieren que en 2010 había 3 millones 291 mil 263 empresas activas en España y para agosto de 2014, lo hacían 3 millones 119 mil 310. Eso se llama destrucción del tejido empresarial, algo o mucho pasa detrás.

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