El terrorismo y las legiones de idiotas que no lo condenan

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El pasado fin de semana, en el nombre de Alá, ocurrieron una serie de ataques terroristas en París, que en realidad fueron contra el mundo. Sí, en el nombre de una fe religiosa se decidió el asesinato de personas inocentes, porque esa serie de atentados, además de todo, fueron perpetrados por cobardes pues éstos no se dirigieron contra la policía o el ejército francés, lo hicieron contra decenas de seres humanos que no podían defenderse.

Por fortuna, la condena mundial contra el terrorismo fue prácticamente unánime, aunque no faltaron esas legiones de idiotas de los que habla Umberto Eco, que intentaron acotar dicha condena hasta sugerir incluso su propia justificación. En México sucedió lo mismo aunque en circuitos marginales: se pretendió condenar a quienes condenamos los actos terroristas ya que, en su opinión, debimos hacerlo antes por otras situaciones lamentables en el país. Más allá de que en México hay una condena también prácticamente unánime a lo que pasó en Ayotzinapa, comparar lo que sucedió en la ciudad de las luces con ello es una insensatez.

Contra el terrorismo, siempre. Sin rodeos ni matices. Es más, sin detenernos a explicar a los idiotas la diferencia entre el terrorismo y las otras formas de agresión. Este es un atentado contra el mundo de parte de cobardes que en el nombre de su dios quisieran vernos postrados con sus mismas creencias. Como dijera Voltaire, a la carga contra los bribones y los fanáticos, a través de la razón, y la razón es la convivencia entre quienes pensamos distinto.

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