Asuntos del tiempo»¦

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El Cristalazo

Reflexionaba un amigo sobre las formas de la política: «“Las relaciones entre China y Occidente se iniciaron, ¿recuerdas?, con un partido de pin pon. El tenis de mesa fue la expresión cándida de la diplomacia. Después vino todo lo ya sabido.

«Y en Cataluña «“prosigue»“, la primera expresión contundente del independentismo actual fue la prohibición de las corridas de toros. Una forma clara y altamente simbólica de romper con la tradición española y colocar por encima de ella el perfil catalán».

En ese sentido alguien (Rubén Amón) lo explica desde allá de manera muy lúcida:

«»¦ han convertido el toreo en un enemigo político, muchas veces, como en Cataluña, vinculándolo al conflicto identitario de la España que idolatra el toro de Osborne (se refiere a la silueta enorme de un toro perfilado en los horizontes montañosos de las carreteras españolas)».

En México ya hay varios estados cuya soberanía les ha permitido legislar contra la fiesta de toros. Ni los condeno ni los aplaudo. Simplemente le adjudico su decisión a los tiempos actuales. Más allá de la (innecesaria) polémica sobre el sufrimiento de los animales y la conciencia cultural de su protección, cuidado y respeto, hay un asunto muy claro: la tauromaquia, además de cruel, es anacrónica.

Propongo esta evocación: a las cinco de la tarde de un domingo, sobre la Plaza México, colocada casi bajo el borde del corredor aeronáutico por donde se enfilan los aviones al aeropuerto de esta ciudad, se escuchó un ruido extraño. Quienes ahí estaban viendo a unos señores con medias color de rosa, coletas falsas y trajes de lentejuela y bordados, alzaron los ojos y vieron «“majestuoso y celestial»“, un enorme avión blanco con alas desplegadas en el delta de su capacidad supersónica: el «Concorde» volaba sobre una asamblea de matadores de toros con espadas de Toledo.

Algo ahí estaba fuera del tiempo. Y no era el avión más moderno del mundo, tanto como para desaparecer (¡Oh!, paradoja) antes de la extinción del toreo.

La fiesta de toros, con sus añadidos de extrema crueldad, como las corretizas callejeras o las imitaciones del Toro de la Vega, en España, donde la multitud mata a palos y piquetes un toro indefenso entre la muchedumbre briaga, se extinguirá en poco tiempo sin necesidad de prohibiciones legislativas. Y será por una sencilla razón: ya no le importa a nadie.

El sábado en la plaza de Arroyo se reunieron (espectáculo mediocre para divorciados tristes) los novilleros, a quienes ya no se les pudo ver en Coahuila debido a la prohibición. Se trajeron para acá el cartelito y no se reunieron ni mil personas.

Los toros, simplemente, ya no le importan a nadie. Las plazas, entre ellas muy pronto la México, cuyo aniversario 70 ya se acerca; no cumplirá cien años. Se convertirá en un magno centro comercial, como le sucedió a la plaza de La Condesa donde hay un Sanborns en el lugar donde cayó muerto Alberto Balderas o la de Cuatro Caminos, recientemente convertida en la enorme plaza de tiendas y cines en los límites del DF y el Estado de México.

Y donde ahora está la Suprema Corte de Justicia también hubo una plaza de toros, pero eso fue hace demasiados años.

El toro embiste, pero nunca alcanza al tiempo.

PRECISIONES

Le preguntan al presidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones sobre el asunto Iguala. Así responde:

«El acontecimiento «“a un año de distancia»“ todavía genera dolor, pero también la seguridad de que hay un Presidente de la República que ha logrado encarcelar a más de cien de los culpables «“del partido político que fuera distinto al PRI»“, pero que se encuentran en la cárcel y que fueron los probables asesinos de estos 43 estudiantes que todavía extrañamos.

«Confiamos que con la investigación que hizo la PGR apoyada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y las instrucciones que ha dado el Presidente de la República de hacer un nuevo peritaje, puedan salir «“si es necesario y así resulta»“ más culpables y meterlos a la cárcel.

«El compromiso del presidente Enrique Peña Nieto es el compromiso del PRI, el que no exista impunidad, meter a la cárcel a todos esos culpables de haberlos desaparecido o asesinado a los muchachos.

«Que nadie le cargue la culpa a alguien distinto, que nadie grite «˜sigan al ladrón»™ para confundir a los verdaderos culpables».

Los culpables están en Iguala, están en Ayotzinapa, están en muchos de los lugares en donde gobernantes de otros partidos políticos permitieron el asesinato de los muchachos».

 

rafael.cardona.sandoval@gmail.com

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