El silencio del Palacio

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El Cristalazo

Ya aceitan los goznes los trabajadores de la palaciega intendencia. Ya el esquilón de San José podrá lanzar tu reverenciado tañido en la noche de septiembre, como se hace año con año, y ya se podrán apagar las luces y cegar los candiles de los salones Azul y de Embajadores, pues después de ondear la bandera nada habrá para recodar la noche de mañana, cuando tras la simple evocación y el vitoreo todos se marchen a sus casas después de un sencillo apretón de manos.

¡Viva México! Viva, pues.

La patria no está para festejos, pues la austeridad deja de ser una frase para convertirse en una necesidad. Predicar con el ejemplo, cancelar la fiesta, olvidarse quizá para siempre de aquella reminiscencia de sarao porfirista.

¡Ay!, que tiempos»¦

Total, la fiesta, como veremos después, no es arriba, en los salones con pisos de mágica geometría en el parquet inigualable donde resuenan los tacones de botas militares en la entrega de la Bandera al Presidente antes de asomarlo al balcón de la patria, sino abajo, donde el pueblo se arremolina y se divierte de la manera más simple posible. Vengan los huevos con harina, los pitos, los bigotes de fiereza fingida, los gorros tricolores, las banderas sin fin, los cornetines de cartón, las espumas pegajosas de la falsa nieve de septiembre.

Venga el jolgorio, ¡viva México!, ¡viva el desmadre!

Pero eso de la noche del 15 y la vida en el Palacio no es preocupación sólo de nuestros días.

Ya doña Carlotita (esa cuya monologante insania nos estremece en las Noticias del imperio), la mujer cuya razón se nubló por perder el amor de su vida y de su muerte, se afligía por los gastos septembrinos. Leamos esta carta suya del 15 de septiembre de 1864, dirigida al emperador Maximiliano. El festejo iba a ser en el Palacio de Minería. Y decía Carlota Amalia:

«La Independencia está terminada gracias a mis esfuerzos; me ocupé de todo y todo sucederỦ.

«»¦Los inválidos están vestidos, contentos y se les ofrecerá mañana una comida en Minería que «˜Pues bien»™ tuvo que felicitar de «˜bonne grâce»™. Lo encargué todo a través de (el general Mariano) Salas y presenté el menú al Consejo de Ministros. Al final el restaurantero quería hacer gratis unos «˜platillos finos»™ (puesto que la comida es mexicana) para los EE SS Ministros, pero estos se rieron a «˜se tordre»™ y se decidió dar extra frijoles, pulque y tortillas a todos.

«Ramírez está muy satisfecho porque sea solo una fiesta. Acerca de esto enviamos a todos los prefectos una circular en tu nombre, dando las razones; naturalmente. «˜Pues bien»™ la redactó suavizándola lo más posible. No tiene importancia el que sea más o menos conciliadora. Evitamos un gasto a las ciudades ya que las fiestas de aquí representan a todo el país. Con esto se ahorran de inmediato al estado 4 mil y más pesos. Corta está feliz y Ramírez igual. La gente misma debe pagar si quiere ser patriota.»

Y en sentido contrario, ante los anuncios de austeridad y recortes al gasto y presupuestos con base cero, la sentencia de doña Carlota Amalia podría voltearse en estos días:

«El gobierno mismo debe ahorrar si quiere ser patriota». Como se ve, pocas cosas nuevas existen bajo el sol.

Pero habíamos dicho sobre el jolgoriento Zócalo y nada como unas cuantas líneas de à ngel de Campo, «Micrós», para evocar el pasado y hallar en sus huellas el rostro del presente:

«»¦ Inútiles preguntas: en esa noche de expansiones, de puro patriotismo, de inocente alborozo democrático; en esa noche en que los catrines usan chaveta y llegan a tan franco júbilo y juvenil buen humor que un tablajero, envejecido en las calificaciones de Belem, se achica y le dice a su adoptiva familia:

«»”Péguense a la «˜pader»™ porque ahí vienen los decentes. ¡Viva México!, y entre blusas, cobijas, sacos, enaguas, levitas, cacles, huaraches, pies sin calzado y zapatos decentes, profanada al llamear de las teas, al son de trompetas de arcilla, entre vivas y picardías, ondea rota y en alto, la bandera tricolor».

«¡Viva México!».

 

rafael.cardona.sandoval@gmail.com