PRI 2018: Peña y Beltrones Un partido en busca de autor

0
116

La Torre de Babel

PRI 2018: Peña y Beltrones
Un partido en busca de autor

 

Por Carlos Ramírez

 

I

Si bien el cambio de dirigente del PRI fue motivado por el paso de su presidente César Camacho a la Cámara de Diputados y la puesta en marcha de la maquinaria para las elecciones presidenciales del 2018, de todos modos el arribo de Manlio Fabio Beltrones al tricolor ocurrió en un escenario diferente al 1929-2000: el perfil político del PRI después de la pérdida de la presidencia de la república en las elecciones de 2000 y 2006, el regreso del PRI a Los Pinos en el 2012 y el escenario incierto del partido en un sistema de partidos más competitivo.

Y si la tarea obvia de Beltrones será de la poner en marcha la maquinaria del partido para ganar las elecciones de gobernador de 2016 y 2017 y la presidencia en el 2018, en un segundo plano central estará la redefinición del PRI que regresó al poder presidencial. ¿Qué tipo de partido debe ser, qué hacer con los sectores inservibles del partido, cómo lidiar con la sociedad-red, qué tipo de votantes le darán ahora fuerza, con votos de quién ganar las elecciones y sobre todo cuál será el proyecto político-ideológico?

En este contexto, el desafío del PRI de Peña Nieto y Beltrones no radica en ganar los procesos electorales, sino ahora más que nunca en aportar una razón específica para las victorias. Por tanto, el PRI de Peña Nieto y Beltrones oscilará entre la restauración del viejo régimen corporativo o la reorganización estructural de su militancia. En términos generales, el voto leal «“duro»“ del PRI se localiza en un rango de 27%-30%, con la necesidad de aliarse al Verde o a otros partidos para consolidarse como primera minoría, suficiente para mantener la presidencia y las gubernaturas pero insuficiente para fortalecer su espacio de legitimidad. Y lo más importante: el PRI necesita fijar su espacio de lealtad y ya no depender sus victorias del deterioro de la oposición y de sus candidatos.

El problema de la gestión de Beltrones estará en un doble escenario: el del antipriísmo dinamizado en las redes sociales cibernéticas y la comodidad de la militancia amarrada a cargos o beneficios sociales. Ciertamente que la crisis de los partidos es ideológica y que todos ajustan sus espacios a los programas asistencialistas que relacionan votos-programas. Y ante los mecanismos de supervisión de ejercicio del cargo o del presupuesto, los partidos han perdido lealtades al disminuir su reparto de posiciones.

Como bien lo señaló el presidente Peña Nieto, el PRI ha perdido la simpatía de los jóvenes; hay que recordar, en este punto, la oleada de críticas severas contra el PRI que impulsaron los jóvenes de #YoSoy132 de la Universidad Iberoamericana en la campaña presidencial del 2012. El PRI explotó en el pasado la militancia de jóvenes al convertir al gobierno en contratante de universidades públicas. Ahora que el Estado se ha ido privatizando, los espacios laborales son reducidos y los jóvenes ya no tienen el pase automático de la universidad al gobierno. Pero al PRI le ha ayudado que el PAN y el PRD y ahora Morena tampoco tienen la intención de construir un partido para los jóvenes.

A pesar del optimismo de la clase política gobernante, la crisis de legitimidad no puede ocultarse: el PRI ganó con alianzas la mayoría absoluta de la Cámara de Diputados pero obtuvo el 29.2% de los votos y los 11.6 millones de sufragios corresponden al 9.6% del total de la población mexicana de 120 millones. Y del lado contrario, Andrés Manuel López Obrador aparece como número uno en la tendencia de votos presidenciales del 2018 cuando su partido Morena apenas acumuló 3.3 millones de votos, el 2.7% del total de la población mexicana.

El tema de la legitimidad se complica: Peña Nieto como candidato del PRI apenas acumuló 29% de los votos en el 2012 y subió a 39 con sus alanzas con el Verde, pero su voto real y directo fue de menos de un tercio de la población votante. Este porcentaje se va a mantener en las elecciones presidenciales del 2018 por la fragmentación de los partidos y las candidaturas independientes: nueve partidos registrados y cuando menos unas cinco independientes competitivas.

Si al final del día al PRI le ha beneficiado la fragmentación de la democracia, la baja participación política de los mexicanos se convierte en un obstáculo en la gobernabilidad porque los mexicanos no participan en procesos electorales «“52.7% de abstención el 7-J»“ pero viralizan su crítica al incendiar la red social del twitter, dejando como un gran cañón el espacio entre la participación real en elecciones y la partición crítica en redes cibernéticas. Una cosa es gobernar con los que votan y otro tener una baja intensidad en la legitimidad vía la participación.

Lo que se tiene hasta ahora es un Beltrones eficaz, sin oferta de redefinición ideológica del PRI, sin una propuesta de reorganización de militancia-bases-simpatizantes y sin un proyecto de reforma de las estructuras corporativas de representación social. En este sentido, el objetivo de Beltrones será más hacia dentro del partido para poner orden en la asignación de candidaturas. Es decir, el PRI seguirá sin redefinir su papel en el México del siglo XXI.

 

II

La periodización del PRI es fundamental para entender sus escenarios. Su larga vida de 1929 al 2018 se puede dividir en etapas:

«“De su fundación en 1929 a su redefinición ideológica en 1982 con el agotamiento del programa social-populista y la entronización del neoliberalismo.

«“De 1982 con el desplazamiento de los políticos por parte de los tecnócratas hasta 1992 en que Salinas liquidó la ideología de la Revolución Mexicana y la incorporación al partido de la ideología del «liberalismo social».

«“Del 1992 del fin de la Revolución Mexicana al 2000 con la sana distancia de Zedillo, pasando por el colapso de 1994, el asesinato impune del candidato presidencial priísta Colosio, el crack económico por la devaluación, la pérdida de la mayoría absoluta en la cámara en 1997, la victoria perredista en el DF y la derrota electoral en las presidenciales del 2000.

«“Del 2000 al 2009, un periodo de desgaste que hizo caer al PRI al piso en las elecciones presidenciales del 2006 quedando en tercer sitio con apenas 22% de los votos y 9.3 millones de sufragios. Pero manteniendo el control del congreso en el 2009 con el 47.2% y 12.8 millones de votos.

«“Y del 2012 al 2018: el regreso del PRI a la presidencia con una ventaja de 7 puntos porcentuales sobre López Obrador, aunque con apenas 29% de los votos como PRI y 39% con el Verde.

En este itinerario, el PRI nació del fondo de una revolución armada-guerra civil para ser gobierno y mantener vigente un proyecto de nación, pero su camino ha sido largo y sinuoso. Sin embargo, a pesar de los vaivenes de sus élites dirigentes y los gobiernos que representaba, el PRI quedó como una estructura de poder dentro del aparato del Estado.

La clave de la fuerza del PRI radicó en la concepción de partido-sistema, es decir, una estructura de poder dentro de la estructura del Estado. Al principio esa configuración obedecía al hecho de que la élite revolucionaria que sobrevivió a la guerra civil elitista fue la encargada de fundar el partido como el espacio físico y político de mantenimiento del discurso histórico de la Revolución Mexicana y, sobre todo después de los asesinatos de revolucionarios a manos de otros revolucionarios el camino para administrar y acceder al poder burocrático. El secreto del PRI radicó en dos claves: aceptar el dominio del partido y repartir el poder entre la clase gobernante.

La ideología, el proyecto de nación y el pensamiento histórico «“las tres claves del dominio cultural del PRI como partido de la Revolución Mexicana»“ agotaron su dinamismo con los acuerdos para administrar el poder. La ideología quedó en un catálogo de discursos, el proyecto negoció su origen de clase para quedar en cifras de corto plazo y el pensamiento histórico se transformó en un aparato de control ideológico del Estado. Lo que al principio fue una idea histórica y social, al final derivó en una coartada.

El itinerario ideológico del PRI como el partido nacido de la Revolución Mexicana para mantener el dominio ideológico del país pasó también por etapas:

«“El partido del movimiento social de 1910: de 1929 a 1940.

«“El partido de la burocracia política con un proyecto de gobierno desarrollista: de 1940 a 1981.

«“El partido del neoliberalismo: de 1981 al 2018.

Así, el PRI atravesó la gama de colores del arcoíris ideológico: izquierda, populismo, centro y derecha. Pero fue el mismo PRI «“en su versión de PNR y PRI»“ el que expropió el petróleo y el PRI que privatizó el petróleo en 2013. El mismo que privilegió en el cardenismo la expropiación de tierras a los latifundistas y su entrega a los ejidatarios y el PRI que frenó ese proceso con el amparo agrario y que en 1992 también privatizó el ejido. Y todo, por cierto, en nombre del discurso ideológico de la Revolución Mexicana.

Así, el PRI pasó por tres grandes etapas:

«“La, propiamente revolucionaria de 1929 a 1940.

«“La realista de la economía mixta de 1940 a 1981.

«“Y la neoliberal privatizadora de 1981 al 2018.

Cada etapa tuvo su punto de quiebre: la fundación del partido fue producto del asesinato de Obregón y el peligro de otra guerra civil, la mixta resultó del alemanismo como ideología económica y el neoliberalismo fue introducido con una reforma a fondo «“ideológica y de élite»“ por Salinas y la instalación del Consenso de Washington.

La pérdida de la ideología del PRI dio paso al pragmatismo de los acuerdos entre grupos y el reparto del poder; las fases de acaparamiento del poder a favor de un grupo tuvo salidas violentas: la represión obrera y estudiantil por López Mateos y Díaz Ordaz, el alzamiento violento de los empresarios contra Echeverría, el colapso de 1994 contra Salinas de Gortari y las protestas sociales por la pérdida de bienes de consumidores ante la devaluación con Zedillo. La alternancia partidista en el 2000 derivó de un ajuste en las élites porque el PRI siguió conservando en el periodo 2000-2012 la primera mayoría en el congreso y la mayoría de las gubernaturas estatales.

 

III

La sobrevivencia del PRI ha sido un desafío a la interpretación política de los hechos sociales. ¿Cómo fue que la sociedad le quitó la presidencia al PRI pero le siguió dejando el control de las estructuras políticas legislativas y regionales? ¿Por qué razones la sociedad le negó a Fox en 2003 y a Calderón en 2006 la díada del poder presidencia-congreso? Quizá la interpretación más sensata sea la que revelaron las decisiones sociales electorales: el hartazgo social hacia los abusos presidenciales, pero sin modificar la estructura del sistema priísta que satisfacía el modelo de demandas sociales-políticas públicas del PRI. Es decir, que la sociedad votó contra las élites priístas y no contra el sistema.

La clave, por tanto, se localizaría en la configuración del PRI como un partido-sistema, es decir, el PRI como el engranaje central que hacía funcionar los mecanismos de administración de demandas sociales. El PAN en la presidencia ignoró este mecanismo político-social y sus candidatos perdieron votos; en cambio, el PRD proyectó más a fondo la dinámica de la atención social y construyó un segmento social definido aunque no mayoritario de lealtad electoral, no suficiente para ganar la presidencia de la república.

A lo largo de su experiencia en el poder, el PRI edificó un juego de poleas políticas y sociales alrededor de los tres instrumentos de poder: la Constitución y su fundamento histórico legitimador de las facultades, funciones y espacios, el Estado como la envoltura del gobierno y por tanto la totalización «“teoría de José Revueltas»“ de la acción pública y el control presupuestal. No se trató de una invención priísta sino de una continuación histórica: Benito Juárez consolidó la fuerza de la presidencia con el control del Estado y la absorción de funciones legislativas a través de facultades extraordinarias que nunca le regresó al congreso, Porfirio Díaz privilegió el poder personal a través del gobierno y del Estado y el PRI sólo acumuló en forma sistémica este proceso histórico-político de relación de demandas sociales-políticas públicas.

Así, el PRI fue sustituyendo la Revolución Mexicana como elemento de ideología de consenso por el de la eficacia en resultados de bienestar; por eso la etapa de oro del PRI, la conocida como la del «milagro mexicano» por sus tasas de 6% de PIB y 2% de inflación, ambas anuales, construyó la base política del PRI; cuando el PRI no supo administrar la crisis de las finanzas públicas y tuvo que disminuir sus inversiones sociales abandonando a importantes sectores medios, el consenso a favor del partido terminó, aunque le benefició en los ochenta y noventa que el PAN careció de una propuesta similar y que el PRD encontró ese camino hasta el 2000 con López Obrador en el DF. Más que un acto de justicia y de bienestar social, la política de gasto asistencialista del PRI y del PRD se orientó a sólo a los más pobres como voto cautivo. Y en el caso concreto del PRD, no hubo en realidad una política de bienestar social sino programas de dinero regalado a ancianos, madres solteras, hijos en la escuela, demandantes de vivienda, pero todos ellos vistos más como votantes cautivos. Por ello la estrategia de gasto social del PRI, el PAN y el PRD no pudo potenciarse electoralmente como política social sino que quedó en los escalones asistencialistas.

En este contexto, el avance de la oposición respondió a lógicas coyunturales y no a un cambio estructural en la configuración política e ideológica de las clases sociales: en el 2000 ganó el PAN por la confianza social en que no habría golpe de Estado priísta si perdía el poder y por el pago de las facturas de empobrecimiento por la devaluación de 1994 y el alza en tasas de interés en 1995; el PAN volvió a ganar en el 2006 ante el temor de grupos medios de que la victoria de López Obrador llevara el populismo a los extremos de Venezuela y Cuba; pero en el 2012, con una candidata del PAN ajena a la red de intereses políticos y sus compromisos y un López Obrador que cargaba como fardo su protesta poselectoral de 2006 con todo y el plantón de reforma, el electorado se encontró con un gobernador mexiquense bien calificado en encuestas por su alto grado de exposición mediática. Puestos en la balanza Josefina Vázquez Mota, López Obrador y Peña Nieto, la victoria fue por el entonces menos malo.

En este contexto, la clave de la sobrevivencia del PRI «“en perspectiva comparada con otras transiciones a la democracia»“ radicó en el hecho de que la sociedad estaba insatisfecha con el comportamiento de las élites pero no con el sistema, por eso siguió votando por el PRI después de la represión obrera con López Mateos, el Tlatelolco de Díaz Ordaz, el colapso devaluatorio de López Portillo, el asesinato de Colosio con Salinas y Peña Nieto luego de dos sexenios con el PAN.

Esta tesis es la que no se ha indagado ni profundizado: la sociedad parece estar satisfecha con el PRI, aunque vota en contra cuando sus élites no satisfacen las expectativas sociales o cuando la disputa por el poder provoca desajustes en el funcionamiento de las instituciones o disminuye el bienestar social.

 

IV

La llegada de Manlio Fabio Beltrones Rivera a la presidencia del PRI, con una mexiquense familiar del presidente Peña Nieto y aspirante al gobierno del Estado de México como secretaria general, debe leerse en función de varias variables:

«“La urgencia del PRI de establecer un mecanismo de administración política de la crisis.

«“El control del PRI para evitar rupturas en la sucesión presidencial de 2018.

«“La creación de un mecanismo de distensión política al interior y al exterior del PRI.

«“La consolidación del PRI por la agenda electoral de 2016 y 2017, con miras a la presidencial del 2018.

«“La ventaja de la oposición en las presidenciales, sobre todo a nivel de aspirantes, frente a la baja calificación de los aspirantes más visibles del PRI.

«“La posibilidad de que el PAN y el PRD consoliden alianzas en candidaturas a gobernadores, sobre todo en el Estado de México, donde en el 2011 el PRI pactó decisiones favorables al PAN para impedir una alianza con el PRD.

«“La posibilidad de una alianza PAN-PRD en la candidatura presidencial del 2018.

En este sentido, el ascenso de Beltrones al PRI puede entenderse en varios planos:

«“La introducción de la variable política al PRI con un representante de la clase política, luego de que el PRI fue subordinado al presidente en turno desde 1987.

«“La urgencia de establecer un puente de comunicación política entre la base militante con la élite gubernamental, aunque sin cederle la plaza a los políticos. En todo caso, se prevén algunas concesiones.

«“La necesidad de conectar a la dirigencia gubernamental neoliberal con la base política militante que se rompió en 1994 con el asesinato de Colosio. El riesgo de que aumente la deserción de priístas hacia el PAN, el PRD y ahora Morena será atendido con la presencia de Beltrones.

«“La nominación de un político práctico que en los hechos no encabeza un sector ideológico tradicional o histórico del priísmo, sino un eficaz operador. Al final de cuentas Beltrones tuvo a su cargo el control de la bancada priísta en la Cámara de Diputados y asociado a la bancada en el Senado para sacar todas las reformas estructurales del presidente Peña Nieto que formaban parte de la consolidación del proyecto neoliberal.

«“En este sentido, Beltrones podría ser también una carta funcional para la candidatura presidencial priísta del 2018 en tanto que tiene todo el apoyo de la clase política tradicionalista del PRI pero al mismo tiempo está convencido de la viabilidad del modelo neoliberal de desarrollo. Sería bastante la lista de razones que tuvo Salinas de Gortari para seleccionar como candidato a Luis Donaldo Colosio en 1994.

«“Por sí mismo, por su currículum político y por la agenda noble «“para decirlo de algún modo»“ del PRI, Beltrones se posicionó de inmediato por encima de los precandidatos visibles: el secretario de Hacienda, Luis, Videgaray, cuestionado por el efecto nocivo de los impuestos y en deterioro por la baja constante del PIB; Miguel Osorio Chong, secretario de Gobernación, atrapado en las redes de los conflictos sociales que no encuentran vía de solución y los efectos negativos de la pérdida lucha contra la inseguridad y el crimen organizado. Como ninguna de las dos agendas va a mejorar de aquí al 2018, los dos precandidatos seguirán perdiendo expectativas sucesorias. Y frente al posicionamiento fuerte de López Obrador, Margarita Zavala y hasta Jaime Rodríguez El Bronco, el presidente Peña Nieto necesitaría de una figura política fuerte que pudiera garantizar la victoria presidencial y al mismo tiempo la consolidación de las reformas estructurales: Beltrones.

En este amplio contexto, el posicionamiento de Beltrones en el PRI tiene tantas derivaciones como complicado está el escenario político nacional. La realidad actual es diferente a la de 1988 cuando Salinas tomó al PRI por asalto, a la de Zedillo en 1995 cuando se desligó del PRI con el argumento de la sana distancia, a la de Roberto Madrazo cuando utilizó el PRI para catapultar su candidatura fracturando la cohesión interna y a la cómoda de Peña Nieto cuando mantuvo una ventaja electoral de principio a fin de la campaña del 2012.

En todo caso, al PRI le faltan prácticamente dos y medio años para abrirse a sus candidaturas, frente a una oposición que acelerará su presencia pública para ganar ventaja. Y ahí tendrá que decidirse si Beltrones será sólo un presidente del PRI sin oportunidad para la candidatura presidencial o si el presidente Peña Nieto entrará al proceso priísta del 2018 con la mente abierta y sin exclusiones.

 

noticiastransicion.mx
carlosramirezh@hotmail.com
@carlosramirezh

Compartir