Un chisgarabís llamado Zapata

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¡Viva la Pepa!

La nueva alcaldesa de Madrid Manuela Carmena, poco más de veinticuatro horas en el cargo, ha resuelto su primera gran crisis provocada por su concejal de Cultura Guillermo Zapata, miembro de Podemos y uno de los más significativos activistas del 15M, aceptando la dimisión del representante de Podemos, aunque sigue con el acta de concejal. Guionista de cine y profesor de guiones de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños (Cuba), su única obra conocida es un corto de seis minutos titulado «Lo que quieras oír «, que se puede ver en Youtube.

Según su autor, se trata de una historia de amor sobre la ficción y la realidad. «Sofía llega a casa tras un largo día de trabajo. Charla con una Amiga y prepara una cena para su novio. Pero algo sucede y se ve obligada a elegir entre la realidad, la ficción o algo que está a medio camino entre ambas cosas. Lo que tú quieras oír es una historia de amor sobre la relación entre la ficción y la realidad». Aparte de este corto ha hecho otros dos («Y todo va bien» y «Spot»), y forma parte del equipo de redacción de «la Dinamo», méritos más que suficientes como para ser concejal de cultura de una de las más importantes ciudades europeas.

Pero por lo que ha comenzado a ser conocido el concejal Zapata no es por sus habilidades cinematográficas ni por sus guiones, es por ser autor, hace años, amparándose en ser un admirador del «humor negro» de una serie de tuits que han causado indignación por su falta de tacto y por el nivel que demuestra, aparte de lo que significa de desprecio para las víctimas con tuits con un sentido cultural tan alto como esos chistes que se mofan del Holocausto o de las víctimas de la violencia. «¿Cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero». «Han tenido que cerrar el cementerio de las niñas de Alcàsser para que no vaya Irene Villa a por repuestos». «Rajoy promete resucitar la economía y a Marta del Castillo». «No se sabe para qué necesita tanto espacio, el Estado de Israel, si cada persona ocupa un montón de ceniza».

Horas después de aparecer los imaginativos chistes de Zapata, el escritor Antonio Muñoz Molina reflejaba en su blog, lo que, en ese momento, pensaba gran parte de la opinión pública: «Que la cultura, en España, le importa una mierda a todos los que mandan, sean los que sean, lo prueba el nombramiento de concejal de cultura que ha hecho en el Ayuntamiento de Madrid la alcaldesa Manuela Carmena: un sujeto que no tiene escrúpulos en tuitear chistes inmundos sobre judíos reducidos a ceniza, niñas asesinadas y violadas y víctimas del terrorismo. Enhorabuena».

Más tarde, twitter ardía, mientras los disparates de Zapata, se comentaban y se condenaban en medios informativos de medio mundo, desde el New York Times, hasta el Jerusalen Post y la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE) pedían su cese inmediato. «En caso contrario, la FCJE se reserva expresamente el ejercicio de cuantas acciones legales hubiere lugar en Derecho, incluidas las de índole penal».

Twitter se convertía el domingo en un auténtico campo de batalla, con decenas de seguidores de Podemos intentando justificar la actitud de Zapata, al tiempo que proferían todo tipo de insultos a los que simplemente reproducían los tuits (sin comentarlos siquiera), en un intento inútil de no asumir las responsabilidades que ellos siempre han pedido con toda rotundidad y razón. Zapata pedía perdón a los que pudieran haberse sentido ofendidos por sus chistes, se refugiaba en su pasión por el humor negro, sin explicar que tenía que ver una cosa con otra, intentando parar la petición de todos los grupos políticos del Ayuntamiento, especialmente el del PSOE con el que había podido ser investida alcaldesa Manuela Carmena, a la que, como sigan los de «Ahora Madrid», con esa política de provocación, se la cargarán pronto o le forzarán a tirar la toalla.

«No soy antisemita, rechazo todo tipo de violencia, nunca he sentido afecto por el terrorismo de ningún modelo. Mi respeto por las víctimas de la violencia es absoluto, independientemente de lo que se pueda traducir en esas bromas», declaraba el polémico Zapata en rueda de prensa al tiempo que pedía «disculpas y perdón a las personas afectadas por los tuits escritos hace años, por más que se haya establecido el contexto donde fueron realizados, que no justifica el generar dolor ajeno a nadie». «No soy una persona violenta, creo en el diálogo, en que podemos construir más desde el entendimiento que con cualquier otro mecanismo».

Probablemente el tal Zapata ni es antisemita ni defensor del terrorismo pero se ha portado como un auténtico «chisgarabís», entendido como «zascandil u hombre de poco juicio y enredador»»¦ Este podía ser el guion, y el título de su próximo corto.