«Voy de frente y no me quito»

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Las extrañas palabras de la panista Josefina Vázquez Mota, indicando que su meta es la candidatura a la Presidencia de la República, parten de un juego infantil que hoy ningún niño debe conocer; muestran tan sólo una cosa: dentro del PAN hay una sorda lucha por sustituir a Felipe Calderón, o al menos llegar a la postulación. La pugna la intuimos, sus participantes la niegan. Todo es Jauja. O Disneylandia, para ser actual. Poco a poco, con discreción, algunos candidatos declinan. El pretexto es el mismo: las encuestas no nos favorecen. Quizá por ello sea preferible el estilo brutal y chocante de López Obrador, que con vehemencia niega ir abajo de Marcelo Ebrard; sabe que está ante su última oportunidad de alcanzar el sueño de residir en Los Pinos. No es ni soñando Miterrand o Lula que vencieron merced a la persistencia por una sola razón: tenían talento, ideología y proyecto de nación.

Debo suponer que Josefina Vázquez Mota, a pesar de su fidelidad a Calderón, tiene sus propias ambiciones y, como un primer paso, las ha medido frente al resto de los aspirantes panistas. Asimismo, nos han dicho una y otra vez que Ernesto Cordero es el favorito del Presidente, su delfín. Sin embargo, otros han persistido: la propia Vázquez Mota dentro de los cauces, digamos institucionales, y fuera de ellos, están por ahora Santiago Creel, a quien más conocen los mexicanos por su trayectoria más larga (que no demasiado exitosa) y por allá Manuel Espino, ya expulsado del partido, se esfuerza en vano. Felipe, si utilizamos las frases hechas con uso infantil, está con un ojo al gato y otro al garabato: por un lado mira los trágicos resultados de lo que llama guerra contra el crimen organizado y su alta cuota de muertos y se da tiempo para intentar mantener al PAN en el poder. Si el PAN se hubiera movido con autonomía, lejos del fatal presidencialismo a la mexicana, en estos momento Peña Nieto, Obrador y Ebrard sabrían a quién enfrentarían por el lado de Acción Nacional. El estancamiento y probable causa de una derrota es su necedad de imponer a un amigo apreciado. De estar concentrado en gobernar, en el combate contra el narcotráfico y la violencia, su partido estaría enfilado con unidad y tal vez hasta con un plan inteligente hacia la lucha presidencial.

Me parece admirable la tenacidad de Josefina Vázquez Mota, su lucha política en un mundo dominado todavía por varones y, para colmo, caudillos. Pero justo en su sexo está la animadversión de muchos oscurantistas. ¿Una mujer en la Presidencia de México? ¿Por qué no? Las ha habido en otros países y han funcionado mejor que los hombres. No obstante su discreta y fuerte presencia, es posible que no sea la elegida. No deja de ser una rareza que las mujeres panistas sean combativas y sensatas al mismo tiempo. Pese a ello, siguen siendo unas cuantas y parecen hablar en el desierto.

Ahora Vázquez Mota utiliza un fragmento de una ronda infantil para indicar que seguirá tratando de obtener la candidatura del PAN a la Presidencia, no importa cuánto se opongan sus enemigos y críticos. Pasa por alto el hecho de que aquel juego que los niños de antes practicaban a falta de internet y Nintendo, y culminaba abruptamente cuando uno más grande y fuerte cerraba el paso. Ese grandulón, en este caso, bien podría ser Calderón.

El PAN ha detenido su paso impetuoso, sus propios líderes así han querido. Fox, cuyo candidato era Santiago Creel, ahora está en abierto choque con Calderón. El problema es que el mandatario ha abierto tantos frentes que no sabe cuál atender primero. Cualquier mediano conocedor de la historia universal sabe que todos aquellos que extienden sus tropas por muchos territorios y, en consecuencia, abren distintos frentes, terminan siendo derrotados. Observamos un partido que muestra fisuras, no importa cuánto las niegue y eso lo debilita ante un PRI que sabe que su regreso depende de la unidad y que tiene candidato desde hace tiempo.

Pero no todos los traspiés están en la cúpula y en la inexperiencia de manejo del poder del panismo (tantos cambios en el gabinete son buena prueba de impericia), también los hay en los militantes, en su elite que se muestra incapaz de regresarle facultades a su partido. Hoy es un organismo en manos, como en los tiempos del PRI, del Presidente de la República. Al que ven como un hombre salvador, héroe o semidiós. La culpa está en quienes aspiran a ser candidatos presidenciales y han optado por quedarse quietos para aparecer en la fotografía, según la frase de Fidel Velázquez. Tratan a toda costa de serle gratos a él y se han alejado no solamente de sus principios, sino también de las bases. Todo se dirime en las alturas. Los demás, como en el presidencialismo priista, aplauden y votan. De cualquier modo es interesante ver a una mujer participar en la política como si fuera un juego infantil. Pero ya chocó con el muro (Calderón) y sin duda con una importante lideresa magisterial.

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