El problema no es sólo la economía, sino la Política

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Durante todo el fin de semana el interés político e informativo, ha estado centrado en el debate sobre si, efectivamente, como sostiene el presidente del Gobierno Mariano Rajoy «La Crisis es ya historia» y que estas Navidades serán las Navidades de la «recuperación económica», y los movimientos que se están produciendo en elPP y en el PSOE de cara a los preparativos de lo que será 2015, un año electoral decisivo para España.

En el PSOE parece que sigue el malestar de algunos barones (especialmente de la andaluza Susana Díaz), por el excesivo protagonismo del nuevo secretario general Pedro Sánchez que parece, dicen, estar trabajando para su candidatura a la Presidencia del Gobierno y no para consolidar las próximas elecciones municipales y autonómicas, cuando si hay un fracaso electoral al que más daño hace es a él, y a su proyecto. En el PP, Mariano Rajoy no sólo está dando muestras muy claras de que el candidato volverá a ser él, a pesar de algunos movimientos en el partido que no han logrado salir de la clandestinidad, sino que quiere poner en valor todo lo que ha hecho para la mejora de la economía española y ahora, en la defensa de la Constitución y de la Transición, según el debate que ha celebrado en la Granja con los barones del partido, este fin de semana.

En ese debate el Presidente del Gobierno ha hecho una defensa cerrada de la Constitución, ha descartado cualquier reforma como quieren incluso algunos ministros de su Gobierno, ha vuelto a presentarse contra el independentismo pero sin señalar caminos de salida a la crisis institucional planteada y, por primera vez, ha reconocido que la corrupción ha hecho tanto daño como la crisis. Algo en lo que viene insistiendo desde hace meses, la prensa internacional más influyente, cada día más sorprendida por los distintos casos de corrupción que están saliendo a la luz y, sobre todo, por la profunda crisis política que vive el país, que es más preocupante que la crisis económica.

Para estos medios la crisis económica, sin entrar en ese optimismo de que la crisis ya forma parte de la historia, ha comenzado a remitir, hasta el punto que según destaca el último número del semanario francés Le Point el crecimiento alcanzará el 1,3 %, frente al 0,4% de Francia y la estimación de 2015 es de un 2%. La reactivación económica es sólida pues va acompañada por las exportaciones, que se ven beneficiadas por la competitividad y los bajos salarios por un aumento de la demanda interior y por la vuelta de la inversión alimentada por la llegada de capitales extranjeros. Sin embargo ahora, y la tesis está adquiriendo caracteres preocupantes, el problema no sólo es económico, es sobre todo político por lo que los medios europeos llaman «tensiones populistas y separatistas», porque se ha roto el llamado acuerdo y los consensos de la Transición.

En los últimos meses ese consenso ha sido criticado como nunca. La Transición española no sólo ha vuelto al corazón del debate político, sino que en algunos círculos se ha convertido prácticamente en una palabra indeseada. El debate, tiene lugar entre «quienes culpan (a la Transición) de los actuales problemas del sistema y quienes la defienden como un proceso que garantizó una transición pacífica de la dictadura a la democracia», dice el «Financial Times» que añade que esta embestida está encabezada por Podemos, que hace campaña contra el «régimen de la Transición», al que acusa de haber cargado a España con un sistema de partidos profundamente corrupto que se extiende al estado y la economía. Pablo Iglesias, líder de Podemos, habla de la necesidad de abrir «el candado de la Transición» y acabar con la «casta política» creada por el antiguo régimen.

La confianza en los políticos y los partidos se ha desplomado. Y este sentimiento se debe en buena parte al cambio generacional. Los españoles que recuerdan la Transición se están retirando poco a poco. Sus hijos e hijas se sienten menos ligados a los acuerdos alcanzados. Es más, han perdido el miedo generalizado a la inestabilidad política que marcó a la generación de la Transición.

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