Isidoro, el hombre que articuló España

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Isidoro à lvarez (Bordones, Asturias, 1935), presidente de «El Corte Inglés», ingresado en el hospital de Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid), la misma madrugada que, cerca de allí, en Pozuelo, fallecía de un infarto de miocardio, Emilio Botín, presidente del Banco de Santander, moría en la tarde del domingo, victima, según la versión oficiosa, de una infección cardio respiratoria, de la cual fue ingresado en la madrugada del jueves.

Trabajador incansable, controlador de todo el proceso de producción de los grandes almacenes que presidia desde 1989, cuando sucedió a su tío, Ramón Areces, (conocido en la jerga de la casa como don Ramón), fue un hombre que jamás tomó vacaciones, que su único hobby era visitar los centros de «El Corte Inglés», especialmente el de Marbella, cuando se tomaba algún día de descanso, y que llevaba al día las compras, las ventas, los resultados de cada uno de los centros de lo que es, en estos momentos, uno de los mayores, si no el mayor, y el más representativo de los grandes almacenes de Europa y del mundo.

Y todo eso, a pesar de que no salió de las fronteras españolas, salvo esporádicas aventuras en California que comenzaron en 1983 con la compra de Harris Company, una red de tiendas con base en San Bernardino que mantuvo hasta 1998. Esa, la internacionalización, fue la aventura que Isidoro no pudo afrontar antes de morir y de la que estaba pendiente después de haber alcanzado en España un verdadero récord de centros en cuanto a facturación y en cuanto a número de centros, que sufrieron en los últimos años, la crisis del consumo con la que ha tenido que convivir desde el año 2008, y de la que había empezado a recuperarse, con imaginación, trabajo, y una auténtica guerra de precios en un sector sumamente competitivo.

Aparentemente hosco, de pocas palabras que cuando hablaba parecía que farfullaba, Isidoro ha sido uno de los grandes empresarios de este país, que odiaba el boato y el protocolo, que no presumía de nada, que hacia vida social cuando no le quedaba más remedio, y que poseía siempre una información privilegiada, gracias a uno de sus hombres de más confianza, Juan Hermoso, que sigue formando parte del círculo de las personas que en este país, saben todo, o casi todo y que, como muchos de sus colaboradores, han dedicado su vida a El Corte , y a su Presidente.

Este cronista nunca olvidará un día de fin de año a las nueve de la noche, que con todas las prisas del día y del momento, buscaba algún regalo en «El Corte de Inglés» de Goya, confiado en que mi amigo (hoy más que amigo) Santiago San Román, me sacara del apuro. Con sorpresa de todos, y eran ya las nueve y media de la noche, apareció Isidoro, pasando revista a la tienda de Goya, preguntando cómo había ido el día. De broma le contesté que el día había sido espléndido «La plaza llena Isidoro. Llena el Sol y llena la Sombra». Nunca se olvidó de la broma, que me la recordaba cuando coincidíamos en algún, restaurante, especialmente en el asturiano «Casa Portal», donde se metía la fabada en vena. Yo le decía que ya la plaza era mucho más que una plaza. «La Plaza, Isidoro, ha superado todo lo imaginable. Y las Plaza, El Corte Inglés, es lo poco, junto con las televisiones y las cadenas de radio privadas, que articula este país». Sonreía tímidamente, farfullaba algo que yo no entendía, y se dirigía hacia la fabada que le esperaba»¦

Estoy seguro que allí arriba ya estará montando algo, y preparando alguna que otra Semana Fantástica»¦ Por lo menos San Román estaba en el centro de Goya y Juan Hermoso en Hermosilla»¦ Conociéndolos, no podía ser de otra forma.