-El dilema de los paraísos fiscales

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POR LA ESPIRAL

2013-07-17

Técnicamente un paraíso fiscal es «un territorio o Estado que se caracteriza por aplicar un régimen tributario especialmente favorable a los ciudadanos y empresas no residentes, que se domicilien a efectos legales en el mismo. Típicamente estas ventajas consisten en una exención total o una reducción muy significativa en el pago de los principales impuestos»

En la práctica, las variantes son multiformes y muchos países pueden esconder o disimular «islas financieras que sirven de camuflaje para paraísos fiscales».

Fundamentalmente hay dos tópicos que buscan tanto ahorradores como inversores al momento de sacar el dinero de su país de origen para esconderlo en otro: 1) El respeto al secreto bancario con una buena dosis de opacidad de por medio. 2) Atractivos intereses y privilegios por mantener sendas cantidades de dinero en la cuenta.

Y a pesar de que diversos organismos internacionales están a la «caza» de los paraísos fiscales en tiempos en los que incrementa el movimiento de flujos monetarios de origen ilícito ligado con terrorismo, secuestro, compra de armamento y otra larga lista de actividades ilegales, aún así éstos continúan vigentes.

El hecho es que son una magna tentación para muchos políticos, gobernantes en el poder que sacan el dinero de las respectivas arcas nacionales para ingresarlo en cuentas en el extranjero, tal como recientemente trascendió con nombres como Hosni Mubarak, ex presidente de Egipto o del fallecido dictador libio Muammar Gaddafi.

No obstante, pese a todas las presiones por dar por concluido el privilegio en los paraísos fiscales, lo único que podemos decir como un logro es que Suiza modificó el trato a los dineros provenientes de políticos en el poder.

Desde febrero de 2011 opera en el país helvético una ley llamada «Duvalier» (por Jean Claude Duvalier, ex dictador de Haití) que permite restituir a los pueblos el capital sustraído por pillos en el poder. De esta forma cuando alguien conocido por tener un cargo político de alto rango abre una cuenta en Suiza inmediatamente se le ficha como «persona políticamente expuesta» y se vigila el comportamiento del flujo de los ingresos.

A COLACIÓN

Mientras el mundo llora sus horas más bajas en materia económica y se buscan culpables de lo mal que lo estamos pasando, la evasión fiscal, el dinero que se mueve de manera ilegal y la opacidad persistente en los llamados paraísos fiscales mantienen a muchos en la indignación total en tiempos en que todos estamos convocados a ser contribuyentes.

También la Tax Justice Network emitió un estudio en el que puso en tela de juicio los esfuerzos del G-20 para eliminar el blindaje de los paraísos fiscales.

Luego de un amplio análisis de 72 jurisdicciones, Tax Justice Network concluyó que los criterios utilizados para elaborar una lista negra de paraísos fiscales es inadecuada e ineficaz.

Según el estudio, el avance en el intercambio de información simbolizado en varios acuerdos bilaterales suscritos desde 2009 para salir de esa lista negra es más un manifiesto en el papel.

Muchos paraísos fiscales captan incluso más dinero que antes y estamos hablando de Suiza, Islas Caimán y Luxemburgo.

Todavía entre los mercados más opacos figuran Suiza y muchas de las plazas financieras que han dado fama al concepto de paraíso fiscal como Caimán, Jersey, Belice, Barbados o Gibraltar. Curiosamente Suiza sigue ocupando la primera posición pero también destacan Luxemburgo y Estados Unidos.

Por cierto que Belice, ubicado en el traspatio sur de México, tiene en los últimos seis años un auge como paraíso fiscal de llamar la atención. Incluso es considerado en América Latina importante lavadero de dinero para mafias, carteles de la droga, grupos ligados a la compra y venta de armamento.

Desde mi punto de vista, mantener paraísos fiscales en funcionamiento es una actividad reprobable porque nada de lo que se tenga que ocultar puede ser bueno y menos en momentos en que la economía paralela e ilegal avanza con celeridad. Mucho dinero del terrorismo y el secuestro termina en cuentas opacas, sin olvidar la merma social y el daño moral que ambos provocan.

Por ello es que el mundo legal pide cuentas claras, transparencia, fin a los números ocultos, las cuentas sin fiscalizar, no se vale que a media Humanidad se le pida seguir las reglas y a la otra se le permita hacer lo que mejor le plazca.

P.D Te invito a que opines respecto del tema en mi blog: http//claudialunapalencia.blogspot.com

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