LA TOMA DE RECTORÍA EN LA UNAM

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En días pasados, se presentó un suceso por demás reprobable, un grupo de individuos, al parecer estudiantes, tomaron la Rectoría de la UNAM; se posesionaron de ella en un acto de protesta, ante la expulsión de algunos alumnos del Colegio de Ciencias y Humanidades, plantel Naucalpan. Evidentemente, el hecho provocó rechazos en múltiples sectores de la sociedad, unos moderados y otros bastante airados. Sobra apuntar, la violencia no agrada a nadie, por tanto, es correcto sea rechazada de forma absoluta. Resulta a todas luces erróneo atentar contra las personas y sus bienes, quienes actúan de esa manera deben recibir sanciones.

En este asunto, esencialmente, debe aplaudirse la prudencia con que han actuado las autoridades universitarias, en particular del Rector Dr. José Narro Robles, a quien en todo momento caracterizó la mesura, incluso nunca pidió el ingreso de la fuerza pública a la UNAM, como muchos deseaban, al contrario, siempre invitó al dialogo y a la reflexión. El Dr. Narro es experto y líder nato, lo cual le permite solventar todo tipo de disyuntivas en nuestra Máxima Casa de Estudios; por ello la comunidad, casi en forma unánime, le ha reconocido su empeño, entrega, profesionalismo y amor por nuestra egregia Institución.

Veamos, el conflicto de los CCHs, se originó por la pretendida imposición de un plan de estudios, donde según dijeron, no fueron escuchados sectores estudiantiles. Las autoridades universitarias, insisto, han actuado con prudencia y han hecho un examen profundo, utilizando la fórmula de convencer y nunca imponer; las conductas dictatoriales jamás serán recomendables. En efecto, la autoridad aplicó la Ley Universitaria expulsando definitivamente a cierto número de estudiantes; no obstante, cabe la pregunta ¿pudo este asunto resolverse en los ámbitos locales de los Colegios de Ciencias y Humanidades, sin que este tipo de problemas se transmitiera a la Rectoría de la UNAM? Es innegable, la incapacidad y falta de tacto, distinguió a quienes ejercen la dirección de los CCHs.

Es imprescindible evaluar lo acaecido en los CCHs, ya que pueden estarse presentando similares conflictos, en otros centros escolares y de investigación de la casa de estudios más importante del país. La autoridad de cada Escuela y Facultad, jamás debe maniobrar, ni «grillar» exclusivamente para provecho de un sector; el maquiavelismo es totalmente reprochable, sólo conducirá al fracaso y retroceso; peor aún, sin razón alguna, los problemas de los CCHs se enviarán al Rector de la UNAM.

Hoy por hoy la UNAM ha alcanzado niveles de excelencia, es reconocida en todo el orbe. La toma de Rectoría, así como de oficinas diversas, empañan ese esfuerzo; pero reiteramos, las autoridades de cada institución universitaria deben tomar como experiencia propia lo acontecido en los CCHs, para que hagan de la prudencia su mejor arma. Por otro lado, los educandos deben tener mayor participación en la vida académica, ello no significa de ningún modo llegar al populismo, y mucho menos a una dictadura estudiantil. Los grupos de poder deben desaparecer y ser sustituidos por organismos representativos de alta jerarquía, pero sobre todo, con la suficiente autoridad moral, como la que ha distinguido a José Narro Robles, quien en el caso concreto merece todo tipo de reconocimientos.

Lo mejor para cada Escuela y Facultad, es que haya personas al frente de las mismas que sigan el ejemplo incluyente y constructivo que ha distinguido a Narro Robles, a quien sin duda se le debe que el naufragio no haya llegado a mayores, porque es evidente, gracias a él se logró el regreso de las oficinas de la Torre de Rectoría, sin más que lamentar.

elb@unam.mx