Y de botana… quesos y una esposa en Europa

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Dos temas y un refilón pueden llamar la atención y por razones distintas, en la semana recién concluida. El primero fue la importante medida de prohibir de inmediato la venta al público de 23 quesos y productos lácteos que no cumplían con los requerimientos necesarios. La segunda: la inusitada presencia en Europa de la esposa del presidente López Obrador. Ni al caso compararla con la anterior. Que nadie se confunda, que la otra puede salir muy raspada. Así dejémoslo.  Y tampoco son competencias. Y un queso fundido a cien fuegos.

Para el primer caso pongámonos de acuerdo: por años se ha dejado a la industria alimentaria moverse a sus anchas. Lo que nos pongan. De productos cárnicos a enlatados, de dulces a productos procesados. China libre y en perjuicio del consumidor. Se argüía que PROFECO no tenía dientes y mientras muchos pedían su intervención, otros lloriquean hoy porque se prohíba una venta cuando el gobierno interviene. ¿Se pueden poner de acuerdo en qué es lo que quieren de un gobierno?

Que sí, que los productores afectados se defienden y dicen ser maravillosos. Que cumplen Normas Oficiales Mexicanas  –¿hechas a modo? ¿elaboradas y asesoradas por…? ¿permisivas, acaso?– y que su santidad es impoluta como productores, solo les faltó decir en su defensa. Se irán al Cielo, pues. Pero los laboratorios del Estado demuestran otra cosa. Va siendo hora de poner orden a la alimentación del mexicano. Sea que cueste lo que sea el alimento, da igual. No es el precio, es la honradez hacia el público. ¿Qué nos estamos llevando a la boca? Que los productores tengan tantita abuela y se dejen de monsergas. Ya se hincharon los bolsillos por décadas. Y lo saben.

Y ya tenemos los rombos, que no gustan, pero cuya salida de ellos la marcan ellos mismos: y no es otra que modificar fórmulas e ingredientes y todos contentos. Pero ya se sabe: también hay oposición a ello. No, es que poner orden no agrada. Mas no se detecta un rechazo a la medida desde los consumidores. Entonces ellos son lo importante. Y no tanto lo que defiendan los productores y comercializadores. ¿Estamos claros?

En cuanto a la esposa del presidente, defínase. ¿Se la quiere de primera dama, de funcionaria o de mamá cuervo? Lo último no es cuestionable, lo primero tampoco si no desea serlo. Al contrario. Dejémonos de esa cursilería y gringada de primeras damas. Mas su indefinida representatividad paseándose por Europa no es ni acertada ni conveniente. Su marido podría ir a Europa a inaugurar exposiciones de arte prehispánico o hacerlo la red de embajadores o el propio secretario de Exteriores. Sobra Beatriz Gutiérrez Müller y lo sabemos todos. No representa nada ni a nadie. Ni a su marido, vamos. Ya que el presidente de México podrá tener representantes, pero esos son parte de la estructura gubernamental. No es un monarca ni un Papa que manda emisarios. Las naciones visitadas han sido sumamente corteses en recibirla. Y va que chuta. Y lo más importante: entonces…¿sí es o no primera dama? ¿se mantendrá o no al margen de todo? Porque aunque no se llame ‘primera dama’ actúa como tal y este jugueteo de una veces, sí y otras, no, ya es fastidioso.

En dado caso, representantes personales, una figura inexistente en el derecho mexicano, y de existir, sería prudente no encontrarlos en una esposa. Máxime si no es funcionaria del Estado. Suena a nepotismo, improvisación, a carencia de tacto, a desconocimiento, a imprevisibilidad y a torpeza innecesaria.

Del penacho que desconocemos si es de Moctezuma y sendas exposiciones en París y Viena, poco qué añadir. Se habló en este sexenio de primar piezas nacionales en los museos nacionales. Esto otro resulta muy sorpresivo. Pues qué bien que se monten también allá.

Y lo de Cienfuegos enloda la jeta del PRI al completo. Si es que en ella le cabe más lodo. Nada más falta que Alito salga con otra de sus gracejadas. Que no se adorne.