Historia de la democracia priísta (12) La reforma política de 1978, cambiar para seguir igual

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Semanas antes de su toma de posesión como presidente de la república, el presidente José López Portillo padeció el intento de secuestro de su hermana Margarita por parte de un comando de la guerrilla armada de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Salido del área burocrática del Estado e impuesto como candidato por el presidente Echeverría por su impericia en la política práctica: López Portillo carecía de experiencia burocrática dentro de las estructuras del poder dominante del Estado y del PRI.

Todos los presidentes de la república han arribado al poder con iniciativas de ajustes al sistema político, mal llamadas reformas políticas. De las que merecieron ese nombre sólo estaban la transformación en 1938 del Partido Nacional Revolucionario en el Partido de la Revolución Mexicana con la organización corporativa de obreros, campesinos y profesionistas, la de 1953 que otorgó el voto a la mujer, la de 1963 que creó los diputados de partido para que la oposición llegara al congreso con 2.5% de votos y sin necesidad de ganar distritos electorales y la de 1969 que otorgó el voto a los jóvenes de 18 años porque hasta entonces era de 21 y de 18 sólo si estaban casados.

La reforma política de 1978 modificó la estructura del sistema por tres hechos: registró al Partido Comunista Mexicano para poder competir de manera legal en elecciones, creó el modelo de los diputados plurinominales para beneficiar a la oposición y estableció –aunque se reglamentó hasta comenzar el siglo XXI con el primer gobierno del PAN– el derecho de la sociedad a la información pública. La exigencia para sacar la estructura electoral de la Secretaría de Gobernación se lograría hasta 1996.

La iniciativa lopezportillista operada por Jesús Reyes Heroles como Secretario de Gobernación fue una forma de modernizar la correlación de fuerzas a partir del criterio de que la izquierda sin espacio institucional se expresaba en la guerrilla y en las calles y no dejaba gobernar al PRI. Dentro de las reglas institucionales, la izquierda socialista, comunista y social tendría que cumplir reglas de bases sociales que no podían competir con las del PRI. La plantilla electoral del PCM en sus tres acepciones –PCM, PSUM, PMS– no pasó de 4%, aunque en la clandestinidad logró crear la movilización social-popular del 68.

Al mantener bajo control electoral a la izquierda socialista y a su coalición con el sector progresista del PRI en 1988, la alternancia partidista en la presidencia se dio por el lado conservador del PAN en el 2000 y el 2006. Y la victoria de Morena en el 2018 ocurrió sólo por el liderazgo personal desideologizado de López Obrador, sin influencia real de la izquierda socialista que pasó del PCM al PRD y de ahí a Morena.

La reforma política de 1978 fue, en los hechos, una forma de institucionalizar el régimen de dominación priísta: ninguna fuerza social opositora era capaz de competir con el modelo sistémico corporativo del PRI-gobierno-Estado y el uso de todos los recursos públicos. Las reglas para registrar partidos, el mecanismo de control gubernamental de los registros, la estructura electoral en Gobernación y el costo de movilizaciones sociales fueron un embudo que benefició al PRI. La victoria del PAN en 2000 fue producto del carisma de Fox y la primera elección presidencial con respeto al voto porque la estructura electoral ya no estaba en Gobernación, el regreso del PRI en 2012 se debió a la imagen mediática de Enroque Peña Nieto y el triunfo de López Obrador en el 2018 fue personal.

La reforma que creó el IFE no fue, en sí misma, una reforma, sino una adecuación: el modelo de centralización electoral autoritaria de la antigua Comisión Federal Electoral se reprodujo en el IFE y la reglamentitis burocratizó la democracia. En los hechos, la reforma político-electoral de 1978 ha permitido la subsistencia de las reglas del poder que benefician el modelo político de Estado priísta, cualquiera que sea el partido en la presidencia: PRI, PAN o Morena, además del hecho de que en México nunca ha existido una oposición real que presenta una alternativa sal PRI y la realidad ha demostrado que el PAN y Morena sólo han perpetuado el modelo sistémico priísta.

La estructura burocrática del Estado ha sido la responsable de diseñar reformas que mantengan el modelo sistémico del PRI, pero a ello ha contribuido la inexistencia real de una oposición que presente una alternativa de sistema político/régimen de gobierno/Estado constitucional. En todo caso, todas las reformas han obligado a la oposición a aceptar el modelo de institucionalización priísta.

La reforma política de 1978 sacó al Partido Comunista de su territorio disidente para meterlo en la institucionalización de las reglas priístas y le dio a probar el sabor del poder de los cargos públicos. La actuación parlamentaria del PCM en el corto periodo de 1979-1988 no dejó huella, llevó a los militantes a arrebatarse candidaturas y no supo rehacer el funcionamiento del congreso. El PCM se disolvió en 1988, renació como PRD en 1989 y ahora vive desperdigado entre los despojos del PRD y la masificación babélica de Morena.

La participación institucional de la izquierda comunista no produjo nuevas reglas del juego, ni modernizó la democracia. La parcialidad del IFE/INE a favor del PRI, del PAN y de Morena sólo demuestra que se trata de una estructura electoral sin capacidad para construir una democracia, y menos para garantizar el respeto al voto por su reglamentitis institucional del Estado burocrático. Hoy el INE autoriza nuevos partidos en función de los intereses del partido y el presidente en turno.

Por lo demás, la reforma policía tampoco avanzó en los aspectos de promover a la oposición minoritaria ni en abrir los archivos del Estado. Los diputados plurinominales están desvirtuados en sus potencialidades democráticas y las controlan los partidos para imponer figuras sin base social. Y el PRI, el PAN y Morena en la presidencia siguen gobernando a partir del Estado secreto que se oculta en las excepcionalidades como reglas. El sistema democrático de partidos que quiso impulsar la reforma de 1978 hoy opera a favor de los intereses del presidente en turno. Y la autoridad electoral controla de manera autoritaria las potencialidades de los partidos.

indicadorpolitico.mx

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