El Covid y los cambios que vendrán

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En los últimos 30 años hemos tenido grandes acontecimientos que han cambiado al mundo, de manera muy esquemática los menciono: 1) La caída del muro de Berlín y su significado del fin del socialismo real, y el triunfo de la democracia liberal y la economía de mercado; 2) Los ataques a las torres del World Trade Center en Nueva York y con ello la guerra contra el terrorismo global, y 3) La crisis financiera del 2008-2009, a nivel europeo, ellos vivieron otra crisis muy significativa que fue la crisis de los refugiados en el 2015, pero es con la pandemia del COVID-19 que realmente el mundo tiene una crisis que lo abarca totalmente y sin distingos del nivel de desarrollo u otras características particulares, además que a la población la afecta por igual. Un millón de muertos como saldo hasta ahora en el mundo y con rebrotes en muchos países y sin fecha certera de contar con una vacuna es nuestra realidad.

La pandemia sorprendió a todos los sistemas políticos y a sus gobernantes por igual, de forma que la manera de gestionarla es la que ahora está en observación mundial y la población atenta a su clase política porque es claro que ha sido condescendiente para colaborar cuando se dio el encierro en casa, pero ha sido realmente reticente a otorgar poderes extraordinarios a los gobernantes que han querido imponer más medidas porque la sociedad siente que se atenta contra algunos derechos fundamentales y con ello, un ataque a la democracia.

Con la pandemia ha llegado también un aliento al nacionalismo y una discusión si después de la crisis habrá un proceso de desglobalización, con la experiencia del cierre de fronteras y la búsqueda de autosuficiencia en la producción de materiales como las mascarillas, equipo médico y por supuesto la vacuna.

En la lucha por la investigación y producción de la vacuna hay no solo un objetivo científico y de contar con ella para terminar los contagios y fallecimientos del país que esté trabajando para su producción, sino una estrategia geopolítica que puede llevar a quien la produzca primero, a reactivar más rápidamente su economía y estar mejor posicionado en la etapa siguiente a la pandemia. No hay que olvidar que antes de la crisis, la guerra comercial entre China y los Estados Unidos de América ya venía dándose y puede ser que paradójicamente el país de origen del nuevo coronavirus sea el que primero inicie su recuperación económica porque China ha reducido sus contagios y trabaja intensamente en la consecución de la vacuna, lo que lo llevaría a un lugar privilegiado en la economía mundial, pero también hay que señalar que el hecho de que en al inicio escondiera la información de la magnitud del problema le ha granjeado en el mundo un rechazo al grado de ser llamado en una parte importante de la población o por algunos líderes de algunos países, el “virus chino”.

Con el ascenso del populismo en el mundo y la llegada al poder de varios de sus representantes después de la crisis del 2008 y la crisis de los migrantes en Europa, a partir del 2015, la crisis del COVID-19 les pareció que les caía “como anillo al dedo” porque pensaron asumir poderes extraordinarios, restringiendo libertades y/o contraviniendo algunas leyes y por encima del parlamento que se mantuvo cerrado o porque los jueces también estaban en casa encerrados, y ha sido esta tentación autoritaria la que ha estado presente, aunque afortunadamente en casos contados les ha funcionado ,amén que la democracia se ve lastimada porque reuniones, manifestaciones o incluso elecciones han sido canceladas y es claro que todo ello, a los partidos políticos y a los políticos les movió el piso la pandemia a su forma tradicional de operar. En el caso mexicano es claro que el proceso electoral iniciado ya para el próximo año habrá de generar nuevas formas de hacer política y a los electores, a entender la nueva etapa que estamos viviendo porque los actos masivos que dan energía a partidos, candidatos, militantes y electores en general no se podrán realizar y los debates tendrán otra con connotación, amén de la comunicación política habrá de reinventarse. La democracia surgió de las manifestaciones y reuniones masivas, de no hacerlo hoy, no sabemos qué tanto le puede afectar.

Por el nuevo coronavirus la gente está valorando lo que significa tener un Estado fuerte y eficiente en la prestación de servicios y creo, esto pasará a formar parte de la nueva agenda en los cambios que veremos: un nuevo papel del Estado. Pero también se está valorando más el significado de la ciencia y los expertos, aunque a los populistas esto no les guste, la sociedad habrá de valorar a los políticos con una agenda que contenga apoyos a la ciencia e investigación.

Otro de los temas que se ha observado en esta pandemia es la ausencia de colaboración Internacional y lo obsoleto de los organismos internacionales, el ejemplo lo acabamos de ver en la celebración del 75 aniversario de la ONU o en el caso de Europa, en la ausencia de consejo y parlamento; Bruselas, salvo en lo del fondo para la recuperación económica y los apoyos directos a la población, no ha participado en el tema de salud pública para la cooperación entre los países miembros. La revisión de los organismos internacionales es ya parte de la agenda post pandemia.

La crisis sanitaria y sus efectos en la economía dejarán también una sociedad más empobrecida y desigual, además de que está abriendo una brecha de resentimiento generacional porque los adultos perciben que los jóvenes, al no querer modificar sus comportamientos de movilidad y socialización, no contribuyen a la disminución de la pandemia sino al contrario, y paradójicamente serán los jóvenes los más perjudicados con los efectos de la crisis del Covid en el mundo laboral por la recesión económica y el lento proceso de recuperación económica que se vivirá. Así, se abre un espacio para la construcción de un nuevo modelo de desarrollo. Obvio, no son todos los cambios, pero invitar a la discusión de lo que vendrá después de la crisis del Covid debe ser lo esencial para no perdernos en la cotidianidad.

@aguilarsoliss