Los nexos entre 650 firmantes y otros nexos

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La carta de ¡650! intelectuales, ni uno más ni uno menos, tantos, tantísimos desconocidos para las mayorías, tiene tela –que luego podemos enlistar méritos que México deba de agradecerles, que esa es otra– pero no puede ni dejar patidifuso a nadie ni sorprendernos, ya que los firmantes destacados incluye a los sabidos opositores a López Obrador. Y lo más importante: no debe desencaminar a la opinión pública. Pueda quedarse en eso, sí, por ser más un texto engañapastores, y va que chuta. Y lo es porque conviene contextualizar su existencia, por deshonesto y maniqueo, pero sobre todo por ramplón.

Desde luego el hecho de que exista esa carta no impide responder sus aseveraciones. Lo ameritan. Ser opositores no quiere decir siempre que la libertad de expresión sea brillante en tales, pero tampoco da para avalar que aquella se vulnera por las pretensiones inconfesables e inconfesadas de López Obrador. Solo porque lo afirman y no lo demuestran. Sostenerlo que sí lo hacen es penoso, es mentir y eso es inadmisible para la inteligencia de los ciudadanos. Han firmado 650 como si no merecieran respuesta y el público fuera tonto. Es inadmisible su petulancia. ¿En qué país han vivido y en cuál nos creen a nosotros? No nos van a contar cuentos por muy afamados que sean.

La carta es breve e inicia con una sentencia: la libertad de expresión en México está en asedio y de inmediato detallan deshilachados ejemplos. Documentados, pareciera. Sobre todo si implican al presidente. Pero son espejismos. El extravío se anticipa en el desplegado que pinta para folletín ridículo.  Si en 2020 no hay libertad de expresión y se ataca, la publicación misma  desmiente a los firmantes. Hablo de septiembre de 2020. No conozco el futuro ni nadie. En el contexto del desplegado, los abajofirmantes avalan estas expresiones tan poquito democráticas: “El presidente López Obrador utiliza un discurso permanente de estigmatización y difamación contra los que él llama sus adversarios. Al hacerlo, agravia a la sociedad, degrada el lenguaje público y rebaja la tribuna presidencial de la que debería emanar un discurso tolerante”. Qué pena que sus nombres aparezcan avalando estas tonterías.

Bueno, es que no pueden abarcar a toda la sociedad. Ellos no lo son, además. Bien. En democracia la libertad de expresión es de ida y vuelta –ciudadanos y gobierno– y la del presidente también vale y la ejerce. Otra cosa es que no guste a los firmantes que se arrogan el derecho de hablar por toda la sociedad. Yo no les di mandato alguno en mi nombre. Ambos, presidente e intelectuales, se han expresado en libertad. No se nota dónde radica la amenaza a la democracia. O acaso en su intolerancia a que un mandatario no opine como ellos. Ahí sí. Lo que se no nota es la intolerancia de los gobernantes hacia que otros opinen no como ellos. A que otros pontifiquen también y no solo ellos, parece que les agrede. ¡Cuidado, señores firmantes! parece que solo vale su libertad de expresión y no la del resto. Van muy equivocados.

El límite a la libertad de expresión lo ha situado la Suprema Corte de Justicia de la Nación estableciendo que el insulto no está cobijado por aquella. Aguilar Camín ha llamado pendejo a López Obrador. Parece que entonces uno de los firmantes, para muestra, es quien realmente atenta contra la democracia y va por fuera de ella. Sí, de la Constitución, no nos equivoquemos al valorar conductas.

El desvarío de la multicitada carta es mayúsculo ofendiendo la inteligencia de cualquiera. Cuando llega a este punto, con la intención evidente de desencaminar a la opinión pública,  termina siendo insultante a la inteligencia de los ciudadanos:  “Sus palabras son órdenes: tras ellas han llegado la censura, las sanciones administrativas y los amagos judiciales a los medios y publicaciones independientes que han criticado a su gobierno. Y la advertencia de que la opción para los críticos es callarse o dejar el país”.
Aclarémonos y dejémonos de mentiras: no, el presidente no puede ordenar por sí solo, censuras o procedimientos judiciales. Los segundos van de la mano de la FGR y del poder judicial. Vaya incultura de los formantes, que obligados están a ponerse a estudiar. Tanta intelectualidad los obnubila. ¿Censura, dicen? ¿cuál? Nombres y apellidos. Circunstancias. Hablar al aire no se vale. Que los medios concretos denuncien dónde los han censurado. No caben ni supuestos ni conjeturas ni valores entendidos. No en democracia y lo es la mexicana.

 Sanciones administrativas…sí, a Nexos por documentados procederes, falseo de información. Eso no es ni injusto ni ilegal. Ilegal si se demuestra que Nexos no actuó adecuadamente. ¿Amagos? Buena cosa. A más de un medio el mandatario y los ciudadanos han señalado su parcialidad, carencia de ética y amarillismo. Y no han podido defenderse ante la verdad. Eso no es cuestionable a un presidente. Es de celebrarse que un presidente atienda los medios e incluso les replique. No olvidemos: otros andaban en su burbuja, como Peña Nieto, por ejemplo.

Callarse y dejar el país que se recuerde, no lo ha dicho López Obrador. ¿Gente de su gobierno? A ellos dirigir la carta o mencionarlos con todas sus letras, entonces. Deslindar sería lo honesto. De la retahíla de disparates de una carta firmada por algunos prominentes, algunos, que tienen acceso a muchos medios desde donde pontificar, lanzan la temeraria expresión: “ahora pretende socavar la libertad de expresión”. Acabáramos. Cuánta jeremiqueada. Lo grave: no detallan cómo es que sucede ni qué va a suceder con esa fechoría. No hay manera entonces de entenderlos si no que repiten como ovejas, su dicho. ¿Es qué sabrán lo que es y lo que no es la libertad de expresión?

No cabe duda de que la intelectualidad está dividida, cosa normal. Lo importante es que un sector no crea que le asisten más derechos y los firmantes así se asumen. Lo destacado es que hoy gobiernan otros, y los otros intelectuales; esos a los que muchos de los firmantes, de esos 650 impolutos, honrados e inalcanzables en sus pedestales, vapulearon descaradamente por años para que la gente sintiera miedo y animadversión a los que hoy gobiernan. Mientras cobraban emolumentos de escándalo. Fallaron, pues eso no bastaba para lavarle la cara al PRI o al PAN. No contaban con eso y con la ciudadanía. Criticaron y usaron sus medios y sueldos recibidos para incidir en la opinión pública para que no ganaran la presidencia en 2000 ni en 2006 ni en 2012 ni en 2018. En cada intento, más violentos y cuestionadores de los ciudadanos que se atrevieran a votar izquierda. Eso los evidencia y hay que tener memoria para reconocerlo. A gente como Pérez Gay se le ha respondido: “tus libros siguen en las estanterías del FCE”. Esa es una magnifica muestra de tolerancia y de democracia con que la editorial estatal es de todos y no para imprimir ante todo, libros de priistas como en los noventa o el preclaro pensamiento de Luis Videgaray y Vanesa Rubio, el sexenio pasado. Así que más generosa, imposible. Es muy de dudarse que lo fuera en manos de los que ahora chistan y se saben fueran del candelero y que parece que no les place o no les cuadra y no les paga.

Esos que claman derechos mancillados y les afectaron sus privilegios. Sí, entendemos su malestar, pero no lo justificamos. Pero no cejan en el intento: “que no se estigmatiza a personas físicas o morales desde el poder presidencial sin ponerlas en riesgo. No se alimenta el rencor desde esa tribuna, sin que el odio llegue al río alguna vez”. Cuánto dramatismo tan faceto. ¿Hablarán en serio? Han de venir de un México de libertad de expresión plena. Ummmmm, ya.  Sin periodistas asesinados ni medios censurados o acallados. Difícilmente se observa más libertad de expresión que justo cuando existiendo el PRI, no ha encabezado gobiernos de la República. Y van 3.

Un texto tan de ínfima calidad, parece mentira que lo hayan firmado tantos escritores….de esos orgánicos, y ya les respondieron. Juntaron sus nombres a esa lacra de texto. De los que claman libertad de mercado y reglas del mercado, execrando el populismo, pero… no las sujetan sus ventas a esas reglas, sino que aguardan becas y las ayudas, las cuotas y los contratos jugosos de distribución de sus publicaciones endilgadas al Estado mexicano. Curiosa y perversa, condenable y tramposa su visión del libre mercado, solo válida cuando aflora para sus bolsillos. Que los compren quienes no los conozcan. Sus monopolios y beneficios han construido sus trayectorias y patrimonios. Su carta es insultante y maniquea, asaz réproba.