Historia de la democracia priísta (9) Intercambiar bienestar por democracia

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Si la Revolución Mexicana se hizo, por el llamado de Francisco I. Madero en 1908, a favor de la democracia que se opusiera a la dictadura de Porfirio Díaz, bien pronto los jefes revolucionarios entendieron que la democracia formal-electoral los iba a desplazar muy pronto del poder. La lucha contra Carranza, luego contra Obregón, más tarde contra Elías Calles, también contra Cárdenas y Avila Camacho llevó a Miguel Alemán a fundar el PRI y dotarlo de un modelo de democracia subsidiaria: darles a los gobiernos posrevolucionarios la función primaria del bienestar y crear el modelo de democracia populista-asistencialista.

En un triple golpe de audacia, Alemán, como una de sus primeras reformas constitucionales, modificó el artículo 3 Constitucional para quitarle su criterio socialista que había sido la gran propuesta de Cárdenas, metió el enfoque laico y de paso fijó la prioridad del bienestar subordinándolo la democracia. La reforma del 30 de diciembre de 1946 sigue intocable hasta la fecha: no de los principales criterios de le educación proporcionada por el Estado se definía así:

Será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo;

Así que la democracia no era, como debe de ser, el procedimiento para elegir y renovar gobernantes, sino que se le dio la noción de bienestar; es decir, se colocaba el bienestar por encima de la democracia entendida como la libertad de votar, de decir y de actuar. Y a partir de ahí, los gobiernos priístas se dedicaban a políticas de bienestar social, sin importar el grado de autoritarismo para marginar a la oposición. Democracia para el PRI, era, pues, por ejemplo, el Seguro Social y el salario mínimo populista y no la exigencia de libertad para disentir y la protesta contra instituciones electorales al servicio del mismo PRI.

A Alemán se le debe, primero, la transformación del Partido cardenista de la Revolución Mexicana como partido de las clases corporativas en el PRI y convertirlo en el espacio de la lucha de clases y luego la definición de democracia como bienestar y no libertad de votar, decir y elegir. El modelo le funcionó al PRI medio siglo, de 1946 a 1997 en que la sociedad obtuvo y ejerció la libertad de voto con la autonomía total del IFE y en elecciones de 1997 le quitó al PRI la mayoría absoluta en la cámara de diputados y el primer gobierno electo en el DF y en el 2000 le quitó de manera democrático-electoral la presidencia de la república.

El problema, en todo caso, ha sido de confusión de términos. Muchos mexicanos están decepcionados con la democracia porque la derrota presidencial del PRI en tres ocasiones –2000, 2006 y 2018– no le ha dado mejores condiciones de vida, pero ha sido por la sencilla razón de que el PAN y Morena no funcionan en la lógica alemanista de priorizar el bienestar por encima de la democracia formal procedimental.

El esquema analítico de la relación democracia/bienestar se probó en las elecciones legislativas de 1997: el PRI asistió después del colapso económico de 1994, del alza brutal de tasas de interés bancarias arriba de 100%, de la pérdida de bienes muebles inmuebles por la clase media y del draconiano programa de ajuste aprobado en 1995 en torno a un alza de 50% del IVA para pasar de 10% a 15%, para usar el producto del aumento fiscal como exacción de recursos de la sociedad a favor de las precarias finanzas públicas.

La crisis de 1994 terminó con el modelo de bienestar social del PRI y sólo dejó programas asistencialistas para sectores más pobres. Sin bienestar que darles a las masas, la base electoral del PRI se redujo a su mínima expresión. En el 2000, sin las políticas de bienestar que amarraban lealtad y dependencia de masas con el gobierno priísta y con libertad de voto, el PRI se quedó sin los sufragios necesarios para ganar la presidencia. La alternancia hacia el PAN fue el primer indicio de libertad social después del modelo de dependencia política atada al gasto social. El voto por el PRI en el 2012 para regresarlo a Los Pinos fue consecuencia del bajo gasto social y sin ataduras políticas para el PAN. Y la victoria de López Obrador en el 2018 se basó en buena parte al voto social de los marginados por un candidato que puso como lema de campaña su atención precisamente a los marginados.

La democracia disfrazada de bienestar funcionó para el PRI hasta que careció de fondos para financiar programas asistencialistas. En el periodo 1970-1996 los gobiernos priístas se vieron obligados por las crisis a ceder reformas en las estructuras sobre todo electorales que le quitaron el control del voto a los priístas. La autonomía del IFE en 1997 y 2000 y la pérdida del control del padrón electoral dejaron al PRI sin instrumentos de control electoral.

El problema que queda será difícil de atender: la sociedad se acostumbró a votar por bienestar y no por democracia, pero las condiciones presupuestales del pasado no podrán regresar –ni con López Obrador, como se ha visto en el presupuesto 2021– y entonces habrá que ver la reacción del electorado en 2021 y 2024: sin bienestar, tendrán que reflexionar el valor político de su voto.

indicadorpolitico.mx

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