“El Grito” de 2020: rarezas extraordinarias

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¿Conmemorar a la Patria en tiempos de covid-19? Sí. México no empieza ni se acaba con el virus. Y el país existe no por obsequio de nadie, sino por la lucha del pueblo de México. Pese a quien le pese y dejándonos de facetas posturas teatreras de “no hay nada qué celebrar”. Esa cantaleta se viene oyendo hace décadas, a mí ya me aburre  y por fortuna la acalla el sentimiento de pertenencia, de dignidad y de orgullo que caracteriza a la Nación mexicana. Y quien quiera bajarse, que lo haga. Mas que nadie olvide que la Nación mexicana somos todos y una porción enorme de ella misma, rebasa nuestras fronteras en los cinco continentes. Y para rubor de los de adentro, hay comunidades mexicanas en el extranjero que han tenido mucho más claros los motivos para recordar que son también mexicanos. Y quien no quiera celebrar, que así lo haga, pero que no hable por todos, que para eso la Nación mexicana es diversa y potente y así lo demostró tanto este 15 como 16 de septiembre de 2020 .

Como cada año, la fiesta nacional nos recuerda que hay tantas y tantas maneras de remarcarla. Que para eso afortunadamente, México es diverso.

Hace diez años, los opositores y aguafiestas de entonces alegaban que no se festejara el Bicentenario. Y ahí había de priistas a perredistas, de intelectuales a despistados. Con argumentos igual de peregrinos que los esgrimidos en 2020. Bostezos. Los esgrimían como si no conocieran ni su historia ni a su país ni a su gente. Este país no ha dejado de conmemorar sus Fiestas Patrias –ni las invasiones lo han impedido– y ninguna persona por mucho que se ponga farruca, chula o envalentonada, impedirá que el grueso de la población de todos los niveles y condiciones, festeje y a su modo, que si algo tiene “El Grito” es su versatilidad, así como el idioma posee palabras como rememoración, conmemoración, si tanto fastidia o imposibilita celebrar. Porque el 15 y el 16 de septiembre son del pueblo. No de los políticos de ninguna laya.

La ceremonia de “El Grito” de Independencia de 2020 reúne sí, un sentir político que merece atenderse. Y es que la circunstancias nacionales nos alcanzaron ya en Fiestas Patrias. El puente más largo jamás visto. Iniciado con el natalicio de Juárez y prolongado hasta ellas, sin miras de terminar.

Desde que se anunció en julio que sí se efectuaría la conmemoración oficial –con ejemplos en el mundo, de países que cancelaron las propias y otros, como Francia o EE.UU. que las sostuvieron– y ya desatadas las críticas, muchas alucinantes y ridículas, se alumbraba la duda de cómo organizar una ceremonia sin personas y sin perder su dignidad y elocuencia; y lo único certero era que sería sin gente, sin multitudes. Lo no visto. Pero sucedió, increíblemente. Se notó planeación y eso se aplaude.

¿Es lo mismo? ¿sabe a lo mismo? No. Es llamativo constatar que la gente afirma que el Zócalo de la Ciudad de México, la plaza de todos, lució mejor sin gente. Que se pudo apreciar mucho mejor todo el despliegue de la iluminación, que me ha parecido rayando los fastos de 2010, y que no se olvide que aún gastándose la friolera de 12 millones de pesos –se alega que sale más caro “El Grito” sin gente, que con ella– no es frecuente ni que suceda ver la plaza de la Constitución vacía ni que los costes sean tan bajos, no nos vamos a contar historias.

Otros años han sido de un derroche total y no es que esté mal: pero los vestidos de grandes diseñadores de la Zavala y la otra posterior o las luminarias cantando toda la tarde en la plaza mayor de la capital, no salían baratitas. Así que a llorar a otra parte los gastos de López Obrador. La quejumbre convierte en cuentachiles al quejumbroso. Qué desmemoria olvidarse de que la gente quiere despliegue en esa fecha. La mentalidad popular es la de siempre: “de que se lo roben a que lo gasten, mejor lo segundo”. Sabiduría popular. Ahora, si se pueden eficientar los recursos y el ahorro, que suceda.

Al final ni las antorchas hitlerianas de lo que se deducía casarlas con aquel, ni tampoco el despliegue popular. Eso sí, López Obrador obtuvo lo que buscó en 2006: un Zócalo vacío. Hasta para él. El covid-19 consiguió lo que ningún político. Porque hay que reconocer que ninguna generación viviente había visto ese Zócalo vacío la noche del 15 de septiembre. Ha sido tan terrible, como histórico.

Es loable haber inhibido a las multitudes de no acercarse al Zócalo, aunque a lo lejos se oían coros de vítores a una arenga que hubiera sido más sobrio ajustarla a limitarse a mencionar a los héroes patrios. Si me lo pregunta, habría preferido eliminar los fuegos pirotécnicos, pero no habría cancelado la ceremonia. Hemos descubierto que en la sobriedad del tema, pudo sacarse adelante. La solemnidad que la revistió es plausible y la Patria merece remarcar el día nacional. Tanto porque en el extranjero las comunidades mexicanas y países amigos la remarcan,  porque ser mexicano es digno de celebrarse, tanto porque adentro y para todos quede claro que nuestro glorioso himno recalca que los caídos tengan “un sepulcro para ellos, de honor”, así que por conmemorar nadie olvida ni deja de lado a las lamentables víctimas del covid-19, que la Patria es ancha y todos caben, cual debe. Y sí, era algo escalofriante ver el Zócalo vacío. Lo que no consiguieron la Revolución ni la guerra Cristera ni la II Guerra Mundial.

Se echaran de menos la algarabía y la entrega popular en una noche que es de todos, no del gobernante de turno. Y por lo tanto, nadie tiene la facultad de demeritar su conmemoración. Es derecho de todo mexicano decir qué hacer, postura que sea, digna de atenderse, no de demeritar el día nacional y su festejo. La noche de “El Grito” y la parada militar del día siguiente han sido de una sobriedad notable, con detalles bien pensados como motorizarla o los aviones que han sido como siempre la delicia de la gente. Así que aunque ninguna generación viviente haya visto el Zócalo vacío, el gobierno de la República no detuvo la conmemoración. Salió airoso de esta. Y no era cosa menor, dada la desaprobación a su persona, acompañada de los sectores que lo apoyan, que todo cuenta.

Las críticas al vestido de la esposa del presidente van de lo chusco al insulto a una mujer, olvidándose ellos y ellas del 9 de marzo pasado. Incongruencias visibles.

Y no se trata de exaltar y ya, solo la mexicana alegría. Solo es remarcar el día nacional. Y sí, el águila juarista símbolo muy gustado de Morena, ni se vio. Y cuidado al cuestionarla, que es la adoptada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación. No sea al hacerlo alguien se dé un balazo en el pie.

Que cada 15 y 16 de septiembre recordemos que hay México. Por los que lo legaron y por los que representan el porvenir de la Patria. Si eso no merece una celebración, se antoja imposible saber qué sí lo amerita.