1994/2020

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Ni en el 94 el Ejército Mexicano había sufrido de tanto menosprecio e inseguridad y mire que en aquel entonces los zapatistas declararon la guerra al gobierno, a las Fuerzas Armadas y al Estado Mexicano.

Aún cuando tenían orden de no confrontarse con las comunidades indígenas y de replegarse por instrucciones del presidentes Salinas de Gortari, los soldados fueron agredidos y amenazados, pero había un enemigo a la vista, identificado y que se trató de negociar la pacificación a través del diálogo y la formación de un cuerpo plural de políticos conocidos como la COCOPA.

Ahora la situación es diferente. Los soldados han sido obligados a ejercer tareas de policías urbanos y de combatientes contra el crimen organizado, lo peor es que mientras sufren “bajas” y son emboscados el gobierno abiertamente los desafía al comer con la madre del mayor criminal en la historia contemporánea y liberar a su nieto además de permitir un desfile/festejo de los sicarios ante el triunfo frente al gobierno en Culiacán.

Hoy es diferente porque las comunidades cansadas de la marginación y los huachicoleros han insultado, maltratado, humillado y escupido a los uniformados. Es distinto porque en una pésima y mala negociación con Trump, se ha usado a los militares como barrera humana de contención contra las caravanas de migrantes centroamericanos.

También toma otro tono el evento en Chihuahua donde los soldados fueron empleados contra la sociedad civil (agricultores) en una manifestación legítima y un reclamo justo. Ahí se le disparó a mansalva y por la espalda a una pareja provocando la orfandad de cinco niños con la muerte de la madre.

Por si fuera poco se abre otro frente, la incursión en la Catedral Metropolitana en un abierto reto a la Iglesia Católica y al Estado Vaticano. Hoy el gobierno puede provocar, estimular que por vez primera que la ciudadanía insulte e injurie a las tropas en su desfile militar sobre todo en algunas entidades afectadas, muy dolidas por tantas muertes provocadas por la delincuencia. Ojalá y por el bien de todos no se esté utilizando al Ejército, Marina o Guardia Nacional como títeres de intereses políticos.

AMLO prometió no usar la fuerza legítima del Estado contra la población civil y ha faltado a su palabra.

Hoy el gobierno está imponiendo un emblema anacrónico sustituyendo al Escudo Nacional. Un águila masona usada lo mismo por la República que por el Imperio que hoy representa ni más ni menos que a la Guardia Nacional, poca falta para izarla en el asta monumental del zócalo ( ya decora los edificios del gobierno de la CDMX).

Hoy al Ejército y Guardia Nacional se le dan tareas de policías, albañiles, guardias personales, cateadores de bultos en el STC (Metro), de barreras ante migrantes y hasta de asaltantes de templos. Cuidado, la lealtad de las Fuerzas Armadas es con la Patria sus valores e historia.

Defienden la soberanía nacional, arriesgan la vida contra quien violente nuestra estabilidad nacional desde el extranjero y mantiene vigente los operativos más contundentes de salvamento y auxilio a la población civil. Quien piense que los soldados están adiestrados, educados para servir a políticos de paso están equivocados. Quien crea que la ética y principios castrenses se doblan frente a personajes corruptos y sin honorabilidad también están fuera de razón.

Los militares no son entes sin sentido ni inteligencia como para atropellar los articulados constitucionales, ellos son los primeros en defenderlos, en custodiarlos. Ya se mandaron al diablo a “sus” instituciones, que los militares no pasen por la misma aduana de las ocurrencias sería vergonzoso pero muy peligroso.

Presidente de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión y conductor del programa Va En Serio mexiquense tv canal 34.2.