Ahorro o ¿¿??

0
107

Separar una parte de tu ingreso, con la idea de usarlo en el futuro es lo que sin ser economista se denomina ahorro. Un escolar, puede reservar parte de su “domingo” para comprar el nuevo juego; quizá el chico de secundaria espera poder pagar el campamento de verano sin pedirle a sus padres algo extra y el adolescente o universitario piensa en cambiar de Tableta o teléfono

Contar con un “guardadito” para afrontar gastos previstos o emergentes –un accidente, enfermedad, daño en alguna propiedad– es quizá una de las mejores fuentes de seguridad en términos de lo que se tiene, pero ¿el ahorro solo sirve para gastar? ¿Qué es más seguro, guardar en la caja de galletas, en el congelador o bajo el colchón?

Esta idea sería correcta si ahorrar fuera sinónimo de guardar o esconder y es un buen camino fomentar desde la infancia tal conducta, para lo cual se regala a los niños cerditos de barro, juguetes con una cerradura de combinación o incluso se les lleva a una ventanilla bancaria para que ahí dejen lo que “han juntado” y el banco lo guarde. Pero el mejor ahorro es aquel que si bien no está destinado al consumo inmediato si se tiene en cuenta para dedicar a una inversión que luego nos deje un extra al monto destinado inicialmente para esos efectos.

Amén de que existen, ahorro privado –de un individuo, una pareja, una familia, un grupo de amigos, empresas, ONG etc.– y público, nos conviene estar al pendiente de lo que nuestros “representantes” léase los diputados, resuelven respecto de la forma de lograr ingresos, usarlos e invertirlos para el próximo 2021. ¿Ha escuchado en las primeras horas del día, cuestiones de procurar austeridad, desparecer estructura “burocrática” o limitar los ingresos de los servidores públicos? ¿Le parece un adecuado ahorro en términos de contraprestación laborar pagarles poquito e incluso no comprarles equipos –computadoras, teléfonos, camionetas para recorrer el campo y hasta papel de baño y de oficina– a personas preparadas que esperan trabajar sirviendo a la ciudadanía?

El mejor presupuesto es el que paralelamente al ahorro conlleva posibilidades de gastar bien; si el mayor ingreso que recibo en mi nuevo empleo, lo gasto en un súper coche que me implicará mayor gasto en gasolina, impuestos, seguro, tenencia y mantenimiento lo más probable es que a la larga, pierda aquello que pude haber ahorrado, para planes más consistentes y metas mejor planteadas.

Quizá una inversión sería un bien raíz, que me permita rentar el departamento donde ahora vivo ¿Cree que eso es una mejor forma de ahorrar? o en los insumos para elaborar quesadillas que venderé a la puerta de mi casa ahora que me quedé sin trabajo. Por supuesto que hay formas simples de ahorrar sin convertirme en un prestamista avaro que en vez de cinturón usa un mecate y manda poner medias suelas en vez de comprase zapatos nuevos. ¿Cuánto ahorraría si por ejemplo come en casa o lleva “itacate” al trabajo? Vender cosas que ya no usa, realizar una actividad extra a su empleo principal, recibir huéspedes pagados en las habitaciones extras de su casa, eliminar otras erogaciones no indispensables –el cine, el teatro, ropa nueva– y así agreguemos muchos otros, pero ¿estas formas funcionan en la macroeconomía? ¿El estado puede sacar ventajas de fórmulas simplistas como esta? ¿Pueden los agentes –del gobierno por supuesto– basar su funcionamiento solo en la premisa de “gastar poco”? ¿Sera la solución solo pedir prestado o presionar a los ciudadanos para que aporten más?

El ahorro nacional, no es en suma algo tan simplista, supone además de operar los programas sociales –todos, no solo los que me gustan– contar con un superávit para mantener la infraestructura –carreteras, equipamiento urbano. Instalaciones de agua, luz y gas– generar empleos, no solo por la contratación directa de mis conocidos, sino por el impulso a la industria, el comercio o el turismo. El ahorro público es justo el que surge del superávit fiscal –diferencia positiva entre ingreso y gasto– y debería usarse de manera saludable para mejorar el futuro no lejano básicamente en materia de salud, educación, investigación y por supuesto todo lo que implique bienestar más allá de la limosna. ¿resulta significativo o benéfico que se ahorre o se gaste menos en infraestructura para dar donaciones o caridad a los ciudadanos, con el objeto inmediato de lograr un propósito de imagen o fama?

El argumento facilón de que el mercado es malo per se, denota poco conocimiento del significado “equilibrio económico”, –resultado entre muchos otros factores de oferta y demanda– pues cuando existe resulta en producción –pública o privada– y por ende empleo y mayor consumo sin omitir que tales factores pueden cambiar dependiendo de las variables [1] que aparezcan en el panorama, bien sean locales o nacionales y afectarán a los gobernados en relación directa al poder y habilidades de un autócrata o de un simple cacique. ¿Bastará el discurso a veces frívolo o de relajo para enfrentar una crisis? ¿Se justifican las acciones persecutorias cuya verdadera finalidad es confiscatoria, por la utilización de la ley a modo? ¿La unanimidad en el diagnóstico –abuso y corrupción tanto de algunos privados como de otros públicos– es factor para señalamientos generales? No hay duda, estamos en crisis, los que saben señalan que ya se ha dispuesto del guardadito dejado por gobierno anteriores y supuestamente ha servido para mantener afines a muchos necesitados y otros tantos vivales por el mecanismo de las prebendas, las subvenciones directas y las regalías disfrazadas. ¿Será que los perversos y defraudadores, como suele ocurrir, siguen funcionando? pero ¿qué haremos nosotros ciudadanos para exigir a nuestro primer mandatario y equipo que le acompaña que nos diga sin pompa la verdad?


[1] Pueden ser periodos de sequía en la producción agrícola, variación en la cantidad de dinero existente en la economía, decisiones de gasto público por parte de las instituciones, conflictos políticos o bélicos, mejoras tecnológicas, cambios en las expectativas económicas de futuro, alteraciones en el precio de combustibles o en la preferencia de los habitantes.