Después del II informe

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A pesar de que poco se esperaba del segundo informe formal de gobierno del presidente López Obrador, lo presentado dejó más dudas. Si al final de cuentas el país va a tener que salir de alguna manera de la crisis general provocada por el coronavirus, lo que falta son señalamientos de los caminos a recorrer.

El virus liquidó las expectativas de todos respecto al presente y futuro de México. Del gobierno y de la oposición. El gran desafío no está en encontrar culpables o señalar deficiencias, sino en tener algunas opciones a seguir para salir del hoyo recesivo, para reorganizar la producción y para matizar el costo social de pobreza y marginación por la crisis económica.

Nada de eso hay en el escenario, Ni en el gobierno ni en la oposición. Y menos en la crítica en medios, donde hay material para cuestionar o acusar, pero no hay esfuerzo para explorar nuevas formas de reorganización social, política y productiva.

La crisis económica derivada del virus no fue sólo de desaceleración del crecimiento –un PIB de -10% o peor–, sino la destrucción de cadenas productivas de la planta empresarial y del empleo formal e informal. Es decir, el precario e insuficiente modelo de producción se hizo añicos y no hay uno nuevo. Las expectativas del Banco de México revelan un PIB promedio anual de 1.8% para los próximos diez años, cuando se necesita una media de 6% para salir de la crisis y rehacer las bases del bienestar social.

Pero nadie está pensando en el futuro, en el mediano plazo, en la próxima generación. De nada sirve criticar con severidad al presidente López Obrador por la caída del PIB si no hay la presentación de una alternativa viable. Bueno, sí hay opciones, pero nadie las está reflexionando, nadie está diseñando nuevas propuestas de desarrollo, nadie está haciendo alianzas para reconstruir el proyecto nacional.

Todo se va en críticas y nada se dedica a propuestas, reflexiones o debates.

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@carlosramirezh