Es grave lo que está pasando en Baja California Sur

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Una táctica dura es una forma de combate institucional destinada a derrotar de manera permanente a los contendientes, sin preocuparse por la continuidad del juego democrático. Hacer esto ignora que los ganadores de hoy serán los perdedores de mañana, al pretender la desaparición de la oposición.

Hemos visto este tipo de tácticas en países gobernados por partidos populistas. Por ejemplo, en 2007 el Tribunal Supremo Electoral de Ecuador destituyó a 57 diputados de oposición, sin el debido proceso, habiendo sido elegido, también de manera extralegal, el titular de esa institución. En 2015 la diputada venezolana María Corina Machado fue depuesta e inhabilitada por la mayoría oficial de la Asamblea Nacional, tras choques con el ejecutivo, sin respetar los procedimientos.

El sábado 22 pasado vimos una táctica dura en el Congreso de Baja California Sur, que se había reunido en sesión virtual. La mayoría, compuesta por Morena y el PT, destituyó a 5 legisladores locales y amonestó a tres más del PAN, PRI, PRD y Partido Humanista. La razón: habían acumulado 5 faltas consecutivas a las sesiones que había convocado el grupo mayoritario.

¿Cómo se llegó a este punto? El pasado mes de marzo, se eligieron dos mesas directivas, una encabezada por la mayoría de Morena, y la otra por la oposición. Aunque la Suprema Corte de Justicia se pronunció por invalidar estas sesiones y el gobernador no ha enviado iniciativas o publicado resoluciones de la asamblea, no se ha llegado a un acuerdo. Todavía más, la destitución de estos legisladores es un intento por hacer a un lado a la oposición.

La decisión es además controvertida, pues Mesa Directiva de Morena operó, rebasando sus atribuciones, contra la minoría. Aunque cada órgano legislativo es autónomo para definir sus procesos internos, y hay disposiciones para llamar a los suplentes en caso de falta de los propietarios al inicio de un periodo de sesiones, nunca se habla de destitución: la sanción máxima sería la pérdida de la dieta correspondiente a la sesión.

Tanto la constitución local como la ley orgánica del congreso establecen que, si se registra la falta de un legislador por cinco sesiones, se considera la renuncia del faltista durante el resto del periodo, llamándose a su suplente. Por lo tanto, hablar de destitución refleja el deseo por acabar con voces disidentes en una asamblea que, por antonomasia, funciona para negociar las diferencias.

Estamos viendo un caso grave de ruptura de la civilidad política, que debería servirnos de advertencia para que no escale a otros órganos legislativos. Imaginemos un escenario donde, como ha sucedido en los países mencionados arriba, se buscase acabar con la oposición a través de tácticas duras: estaríamos hablando del final de la democracia.

¿Qué hacer? De inicio, seamos cuidadosos con lo que dirán los candidatos en sus campañas, especialmente sobre cómo ven a la oposición: si buscan demonizarla y marginarla, debemos prender las alarmas. Sobre todo, rechacemos toda táctica dura, venga del partido que fuese: celebrar el retiro de personas incómodas nos puede poner en una pendiente resbaladiza donde todos terminaremos perdiendo.

@FernandoDworak