Riesgos electorales en EU

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Con motivo de mi insinuación la semana pasada que Trump probablemente perdería su reelección, un querido lector me recordó que hace 4 años afirmé que sería derrotado y que, mondo lirondo, erré, lo que se debió en parte a que nunca había visto un reality show, como la mayoría de los nativos de EU.

Me advirtió que ahora yo ignoraba la forma en que las campañas distorsionan la realidad para sembrar en los votantes información falaz, como los “memes” en las “redes sociales.”

Sigo sin haber visto un reality show y recién supe que “meme” es aceptado por la RAE y que es la “imagen, video o texto, por lo general distorsionado con fines caricaturescos, que se difunde por internet,” salvo que en esta campaña los fines son siniestros intentos de tergiversar hechos para embaucar a los votantes.

Un ejemplo de su efectividad fue la forma en que falsearon lo ocurrido en su último informe de gobierno, cuando presumió de logros ficticios y no reportó nada útil. Al fin de la ceremonia, la presidente del proscenio Nancy Pelosi, rompió el discurso del presidente.

Donald Trump Jr., quien pensé que era un imbécil -por cierto, igual que su padre-, construyó una narrativa alterna con partes del discurso donde aparece el presidente como generoso dador de bienes y favores, y los enlazó a la imagen de Pelosi rasgando el texto.

50 millones vieron esa fabricación, con el mensaje contrastando “las heroicas historias de americanos comunes, con el odio de Pelosi hacia ellos,” cuando lo que ella hizo fue tirar un texto frívolo del insolente que se negó a saludarla cuando le extendió la mano.

Los promotores de Trump usan la violencia que ellos mismos azuzan en la belicosa extrema derecha que lo idolatra, para pintar a Joe Biden como un peligro incapaz de restaurar el orden, cuando siempre censura la violencia sin ningún distingo.

Por supuesto que también hay grupos violentos de izquierda y en el movimiento Black Lives Matter que rechazan el “capitalismo, imperialismo y colonialismo, y buscan derrocar el orden político y social establecido,” ante trumpianos que desean la superioridad étnica, racial y religiosa, y creen en sórdidos complots.

El contraste entre los candidatos no podría ser más radical: mientras Biden condena a todos los que causan disturbios, Trump alienta la ferocidad de los suyos, los llama “grandes patriotas” y los incita a “liberar a estados con gobiernos de oposición” y a “salvar la 2ª Enmienda,” que permite la posesión de armas.

Trump no es muy original en su esfuerzo para alentar a “sus” violentos contra los opositores, lo que es la habitual en los tiranos o quienes aspiran a serlo. Es la atmósfera ideal de conflicto social y caos que le permite al líder supremo ofrecerse a sí mismo como la única solución, que es lo que hace a diario.

Yo sigo creyendo que el sistema saldrá adelante de estos graves retos y que prevalecerán las instituciones y el orden, y no la violencia y la anarquía, pero ésta será una prueba de fuego como no se ha visto en mucho tiempo.