Análisis semanal: 31 de agosto

0
139

Las elecciones se han convertido en nuestro país en un asunto de discusión y debate. Para muchos, es la única manera en que se puede elegir a nuestros gobernantes, en tanto que para otros siguen siendo una asignatura pendiente pues consideran que no ha habido comicios libres de fraude.

Cada quien ve este asunto desde el cristal de su posición ideológica, hablando positivamente si obtienen el triunfo y condenando enérgicamente si son derrotados, pero pocos se han dado a la tarea de tratar de entender el complejo fenómeno en que se han convertido las elecciones en nuestro país.

El costo de los procesos electorales es cada vez mayor, tanto en lo que respecta al financiamiento a los partidos como a la enorme burocracia que compone al INE; asimismo, el nombramiento de los consejeros electorales es cada vez más complicado por los intereses de los partidos y su deseo de imponer a uno de los suyos en el organismo.

Y todo esto por un tema que no hemos sabido desterrar de las votaciones: la desconfianza. Se da dinero a los partidos, porque no se confía en ellos y pueden ingresar recursos de empresarios o del crimen organizado; los partidos quieren a un afín en el INE, porque no confían en los ciudadanos independientes, y hasta el presidente dice que será guardián de las elecciones porque no confía en la oposición.

Finalmente, muchos ciudadanos no acuden a votar porque no confían en los políticos.

Así las cosas, no es raro que el tema de las elecciones provoque este tipo de debates y no se llegue a ningún lado.

 

El meme de la semana

La imagen de la semana

Conspiracy Theory

El uso de símbolos es la especialidad del actual presidente de la república. A falta de resultados concretos, que mejor que organizar un debate –en el que cae la oposición– acerca de cualquier cosa, menos de lo que no se ha hecho para solucionar los problemas del país.

Así, el avión presidencial es el símbolo de la lucha contra el derroche del pasado, la consulta popular para juzgar a expresidentes es el símbolo de la lucha contra la corrupción, el águila que se colocó en los adornos en el zócalo capitalino es el símbolo de que se retoman los ideales de Juárez, pero no son pruebas de que se esté gobernando, así a secas.

Si en algo debemos reconocer la eficacia del presidente, es en el uso de símbolos para comunicarse con el pueblo, pues ha conseguido que se hable de sus temas y que asuntos como las víctimas de la inseguridad o del Covid-19 queden en un lejano segundo plano.

Pero mientras no haya alguien que haga de contrapeso y coloque otros temas en el debate público, los símbolos del presidente llenarán el espacio vacío de resultados.