AMLO y Barbosa, son la misma cosa; la guerra sucia contra la BUAP

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Miguel Barbosa intenta replicar un gobierno a la imagen y semejanza del que preside Obrador. Al final Barbosa y Obrador, son la misma cosa.

Políticos autoritarios inmersos en escándalos de corrupción. Parodiando a Bonaparte, Marx escribió en el 18 Brumario que “la historia ocurre dos veces: la primera como un gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”.

La parodia entre Obrador y Barbosa es más que obvia. Barbosa tiene un ego del tamaño de Obrador.

Lo malo es que Barbosa ha resentido el menosprecio del tabasqueño por imponer medidas de gobierno a base de la fuerza, como lo ha intentado con la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Barbosa está empecinado en “castigar” al rector de la BUAP José Alfonso Ortiz Esparza por supuestos malos manejos en su administración. Nada haría más feliz al gobernador poblano que meter a la cárcel al rector Esparza, de esa manera tomaría por asalto a la Universidad y se haría del control de la institución de mayor peso político en el estado.

A eso responde el empecinamiento del gobernador de fabricar presuntos delitos para ejercer presión contra las autoridades de la BUAP.

Se trata de una auténtica guerra sucia de uno de los políticos más polémicos de Morena. Barbosa, hay que recordarlo, ha estado de manera permanente en el centro del escándalo.

Quienes se atreven acusarlo de corrupto, de inmediato reciben la amenaza de ser demandados “por daño moral”.

Si algo le produce escalofrío al gobernador es ser sometido al escrutinio público. A la prensa en Puebla la trata de tener amordazada y utiliza recursos públicos para hostigar, calumniar y tratar de desprestigiar a sus críticos o a quienes se rebelan a sus dictados.

Barbosa mantiene una abierta confrontación con la Universidad en el entendido de que habrá de elegirse el año próximo a las máximas autoridades de la BUAP. Inició un proceso penal en contra del rector Esparza derivadas de una serie de indagatorias manipuladas por la Auditoría Superior del Estado violando la autonomía universitaria, toda vez que las cuentas de la institución fueron supervisadas a fondo por la Auditoría Superior de la Federación con el visto bueno del titular David Colmenares Páramo.

Desde luego que las auditorías no son de la incumbencia del gobierno estatal, pero el gobernador se ha adjudicado ese “derecho”.

Aún con todo, el rector ha puesto énfasis en que la BUAP es fiscalizable y por el hecho de disponer de recursos federales la competencia en esa materia es de la Auditoría Superior de la Federación.

Por lo tanto es una medida anticonstitucional la injerencia del gobernador en la Universidad, de ahí que el Consejo Universitario, que es el máximo órgano de gobierno de la BUAP rechacé la intromisión de Barbosa quien se atribuye facultades por encima de la Cámara de Diputados que es la entidad autorizada por lo establecido en los artículos 74 y 79 constitucionales se revisar la cuenta pública de las universidades.

Dice el refrán que el león piensa que todos son de su condición. Todos sabemos cómo se les gasta el gobernador Barbosa quien al amparo de sus cargos público se enriqueció de una vil manera y adquirió en millones de dólares la residencia del expresidente Miguel de la Madrid, en Coyoacán.

Son famosos los “moches” de Barbosa. Como en los tiempos del salinismo con el hermano incómodo, Barbosa fue señalado de cobrar “comisiones” por los “trámites” de recursos públicos para gobiernos estatales y municipales durante su gestión como legislador.

Envalentonado llegó a protagonizar enfrentamientos con algunos periodistas, como es el caso de Francisco Zea, del Grupo Imagen, editores del periódico Excélsior.

Barbosa, publicó Francisco Zea, fue denunciado en su momento por Moreno Valle por exigir una “cuota” por el trámite de recursos para los municipios poblanos. Barbosa intervino en al menos 62 operaciones para conseguir dinero para obras municipales. De ahí que le indilgaran el mote de “el rey de los moches”. En otras palabras, se trató de verdaderos actos de extorsión.

Pero vayamos a los hechos.

José de Jesús Vázquez García –un cercanísimo colaborador del gobernador Barbosa quien lo puso al frente de las Delegaciones de la Secretaría de Gobernación en el estado de Puebla– fue pillado en una grabación de audio exigiendo “moches” de 30 por ciento a cambio de dar apoyos de la Secretaría de Bienestar a los gobiernos municipales. VER ENLACE.

El argumento de Vázquez García era conmovedor: “Al gobernador lo dejaron sin recursos”.

Barbosa corrió a su colaborador y se lavó las manos.

Desde que llegó al poder Barbosa ha tomado como un botín su gobierno.

A eso ha encaminado sus presiones políticas para apropiarse de la BUAP para disponer a sus anchas de sus recursos y del control político de la máxima casa de estudios del estado de Puebla.

Ahora lo tratan de involucrar en el caso Lozoya, pero no figura en la lista de los 95 senadores que aprobaron la Reforma Energética. Pero hay otros caminos que conducen a la corrupción. Eso lo sabe Barbosa, un maestro en esa materia. Al menos no tiene argumentos para sustentar su desmedido enriquecimiento, ahora solapado por Morena y antes por el PRD.