Táctica y Estrategia en Politing: diferentes sí, pero ambas importantes

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“Hay quien cree contradecirnos cuando no hace más que repetir su opinión sin atender la nuestra”. Goethe

Todo desarrollo en Politing debe conjugar -explícita o implícitamente- dos tipos de pensamiento: el táctico y el estratégico. La creencia de algunos gerentes de Politing de que el pensamiento estratégico es de mejor familia y más importante que el táctico y demeritan todo lo que tiene que ver con este, es errada y alejada de la realidad. Los dos -el estratégico y el táctico- son igualmente importantes obviamente, dentro de sus propios campos de acción y particulares características distintivas.

Esta creencia se revalúa al asimilar la estrategia con una escalera que se utiliza para bajar/reparar algo o colgar/limpiar alguna cosa. La escalera es, entonces, el instrumento que permite alcanzar y accede al objetivo propuesto. Las tácticas corresponden a cada uno de los peldaños que componen la escalera, que como elementos que complementan la táctica, son indispensables para alcanzar el fin propuesto. Estos peldaños deben estar correctamente alineados y en adecuada relación con la escalera, de lo contrario el andamiaje no funciona o no se pueden dar bien, los pasos para alcanzar el objetivo elejido

Para trepar y subir por la escalera con el fin de cumplir el objetivo y alcanzarlo de manera segura y firme, se deben pisar -en forma ordenada y secuencial- todos y cada uno de los distintos peldaños. Una escalera sin escalones es impensable, como inimaginable son unos escalones sin escalera. En otras palabras, para alcanzar el objetivo en forma más rápida y segura que otros- es decir en forma más competitiva- se requiere del concurso de la escalera como un todo. Sin estos dos conceptos -el de la táctica y el de estrategia- es imposible -o se hace mucho más difícil- alcanzar un objetivo.

Indudablemente, la decisión de definir dónde colocar la escalera, hacia dónde dirigirla, en cuál pared recargarla o en cuál muro apoyarla es un fin estratégico y -por su misma naturaleza- es esencialmente político, ya que tiene que ver con decisiones de prudencia, de fortaleza para el mantenimiento de la perspectiva y del rumbo, características que le dan sentido y dirección a las tácticas.

Con esta metáfora se concluye que la táctica y la estrategia son diferentes, pero complementarias y ambas importantes, hasta el punto de que no puede existir una sin la otra y deben ir de la mano, si se quiera tener mayores probabilidades y más posibilidades de éxito que los competidores. Este razonamiento es válido en cualquier ámbito de la vida incluyendo las campañas electorales, donde el pensamiento táctico -representado por los escalones- es una fortaleza al complementar el estratégico en sus detalles de operación, pero se convierte en debilidad competitiva cuando lo sustituye.

Se deduce que el pensamiento táctico es oportunista al acomodarse al escenario, se concentra en el corto plazo, se enfoca a asuntos coyunturales y adopta actitudes pasivas. El estratégico, en cambio, es sinérgico y adopta un papel activo que acomoda el afuera con el adentro al articular y retroalimentar las políticas generales. El pensamiento táctico es intuitivo y selecciona una sola alternativa con la que se casa a priori (no contempla otras opciones) y con la que se queda fijado. El estratégico es analítico, flexible, creativo y racional al establecer criterios de valoración para la toma de decisiones (menos costos, máxima rentabilidad, mejor imagen) y es un sistema de percepción de la realidad al abrir nuevas posibilidades competitivas, permitiendo ver más allá. Se puede también decir que el pensamiento táctico tiende a ser infantil al guiase por impulsos que no reconocen ni la duda ni la espera. Contrariamente, el pensamiento estratégico es necesariamente adulto al incorporar la noción de peligro (y, por lo tanto, la evaluación del riesgo), la toma de distancia y la prudencia.

Mientras el pensamiento táctico tiende a ser evasivo y exógeno, buscando las soluciones afuera del problema en sí (a partir de cualquier detalle mínimo) el pensamiento estratégico es comprometido y endógeno: busca soluciones dentro del sistema: comprende la lógica interna del problema y asume las propias responsabilidades.

En cuanto al procedimiento y el orden del proceso, el estratega en Politing, es quien primero determina el problema, luego despliega el abanico de soluciones factibles y por último analiza los detalles puntuales: el pensamiento estratégico sigue la secuencia “reflexión-acción”, mientras que el táctico en Politing, se distingue por seguir la secuencia “acción-justificación”. Pero todo lo anterior sirve, siempre y cuando no sea como el candidato que somnoliento buscaba sus llaves NO donde las perdió, sino donde había luz. Definitivamente, ese si no entendía ni la táctica, ni la estrategia.