Historia de la democracia priísta (2) 1958-2000: transición de élites

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La agenda de la democracia mexicana es reciente. De 1958 al 2000 hubo dos etapas: protestas contra el autoritarismo y contra el control electoral. La alternancia partidista en el 2000 se logró por el voto del hartazgo social, la pérdida de control social por parte del PRI y la autonomía del órgano electoral.

El tema de la transición mexicana a la democracia llegó de España en 1975 con una visita del grupo Platajunta formado por sendas agrupaciones controladas por el Partido Comunista de España y el Partido Socialista Obrero Español. Se agudizó como debate de élites intelectuales y partidistas a comienzos de 1984 con el ensayo Por una democracia sin adjetivos de Enrique Krauze. Y se tensó en 1994 por la elección electoral en medio de un colapso de violencia que alcanzó su punto máximo con el asesinato del candidato presidencial priísta Luis Donaldo Colosio en marzo.

En aquellos meses aciagos de 1994 varios intelectuales abrieron mesas de debate sobre reformas democratizadoras, aunque todas ellas centradas en la democracia electoral procedimental. Ya existía el IFE, pero seguía bajo la presidencia formal del secretario de Gobernación y con un consejo ciudadano autónomo en funciones, aunque determinado por la voluntad del presidente de la república. El escenario intelectual establecía un choque de trenes entre partidos y saldo electoral de tres tercios. La victoria holgada y sin muchas protestas del PRI desinfló el ánimo democratizador.

Los intelectuales que promovían la democratización electoral abrieron en 1999 y 2000 un debate sobre el autoritarismo del PRI y el fraude electoral supuesto para las elecciones presidenciales del 2000, pero se sumaron a la alianza de Fox. Un dato ayudó al presidente Zedillo a sacar las manos de las elecciones: la imposibilidad partidista de poner sucesor por candados estatutarios a sus validos y el activismo del panista Vicente Fox que iba a obligar a un fraude mayor al de 1988 para imponer al PRI, Zedillo prefirió salirse del proceso y la alternancia de partido se logró sin violencia priísta.

Así como López Portillo realizó en 1978 una reforma política para abrir el sistema de partidos con el registro del semiclandestino Partido Comunista Mexicano, Fox y Calderón realizaron reformas parciales y bajo control que no pudieron derivar en una democratización, a pesar de que desde 1988 se habían conformado muchos grupos de especialistas para trabajar sobre propuestas diversas y no conectadas de reforma democratizadora del régimen autoritario priista de partido dominante y hegemónico.

Las elecciones del 2006 beneficiaron al PAN por la pésima calidad del candidato priista Roberto Madrazo Pintado y un PRI fracturado y el radicalismo del candidato perredista Andrés Manuel López Obrador. En el 2012 fue suficiente el IFE para una elección con una ventaja de 6 puntos porcentuales del priísta Peña Nieto sobre López Obrador, aunque el organismo electoral sin voluntad, sin composición interna democrática y sin facultades para sancionar los abusos priistas en la campaña. En el 2018 bastó la ventaja de 31 puntos porcentuales de López Obrador sobre el PAN como segundo lugar para obviar las irregularidades.

Las transiciones a la democracia son evoluciones ordenadas y pactadas de regímenes autoritarios a sistemas democráticos modernos con regulaciones institucionales. Es decir, se trataba de desmontar el aparato de poder del viejo régimen para crear nuevas reglas equitativas. España transitó de manera exitosa por ese sendero porque pactó el desmantelamiento del franquismo con los franquistas y consolidó una nueva alianza de democratizadores modernos. La Unión Soviética no supo procesar su transición y terminó con el fin del régimen comunista en seis años, de 1985 a 1991, el periodo de gobierno del responsable de la transición Mijail Gorbachov.

En México se avanzó en la democracia electoral procedimental con un organismo electoral fuera de Gobernación, pero el proceso se pervirtió cuando el IFE cayó en manos de los partidos. La estructura autoritaria de poder del Estado que antes beneficiaba al PRI quedó intacta para el PAN, para el PRI en su sexenio de retorno y ahora para Morena.

La democracia mexicana actual se reduce a elecciones más o menos aceptadas si no hay vicios ostentosos, pero sin controlar ni castigar los mecanismos institucionales del fraude que no pasan por el instituto electoral. Por ejemplo, los maestros son un ejército electoral vendido al mejor postor por posiciones de poder. Y la organización electoral sigue estando acotada por los intereses de los partidos en la designación de consejeros electorales y por la presencia de los partidos en el consejo general, sin voz ni voto, pero sí como fuerza institucional inhibitoria.

En este contexto, la democracia electoral también ha tenido retrocesos.

indicadorpolitico.mx

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@carlosramirezh