Cuanto peor, mejor

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Juan José Vijuesca

Les aseguro que la fórmula funciona. Es una variante de la ciencia política, diría que es la rama deliberada que consigue la obstrucción mental en el homo sapiens. Cuanto peor, mejor. Esa es la consigna. Cuanto mayor sea la mentira, cuanto más grande sea la estulticia, mejor. Es como engordar a una oca para luego extraer su hígado. Puede resultar un tanto fuerte el ejemplo, pero es lo que la “nueva normalidad” está haciendo con nosotros.

Nos han convertido en el plato estrella de la actual civilización. Verán, primero nos someten a grasientas mentiras como terapia de choque, después la mendaz clase política que se ha instalado entre nosotros va cumpliendo el objetivo marcado, que no es otro que instaurar la doctrina de la mentira creíble. El plan, como digo, funciona merced a una tela de araña alrededor de la libertad bien entendida y el resto obedece a la logística de control para que la verdad se cotice por debajo de su valor facial hasta convertirla en algo insustancial.

No busquemos excusas más allá de nuestro propio compadreo; la realidad es la que es y la cuestión no descansa entre ser optimista o pesimista, ahora los actuales aconteceres no guardan relación con epopeyas de otros tiempos, eran otros los mimbres que salvaguardaban nuestras alcancías y nuestros mejores valores. Ahora, en estos momentos, convivimos con una normalidad tejida para estar a merced del ojo que todo lo ve. El Covid-19 tan solo es la punta del iceberg, un experimento que la vigilancia global ha puesto en marcha para la implantación de la mencionada mentira creíble allí en donde los gobiernos, por ejemplo el nuestro, se prestan gustosos en colaborar.

En España el eslabón guarda su hegemónica identidad con el actual gobierno monclovita. Enumerar la cantidad de mentiras a la que nos someten da buena cuenta de ello. Sería interminable la lista. La política de la quimera les da el resultado deseado merced a nuestra propia inacción y lo peor de todo es que parece gustarnos el participar de ello. Asumimos y contemplamos silentes como la verdad y hasta las propias responsabilidades se archivan en las fiscalías ya tejidas para la ocasión. Algún rumor que otro y el olvido o la indiferencia. Esta es la tan cacareada nueva normalidad en donde la sociedad se entrega al sentido de lo contrario, el mismo que hasta hace poco referíamos como el “mundo al revés” y que a día de hoy ya es agua pasada. Ahora hemos subido otro peldaño, hemos alcanzado el nivel del “Cuanto peor, mejor”. Ojipláticos comprobamos como el okupa se adueña de lo ajeno y al propietario se le estigmatiza mientras el Gobierno, si no asiente, al menos calla de manera insultante. Despiadado es que en España nos sobren el 75% de los políticos y el 100% de sus asesores y encima se nos amenace con el futuro de las pensiones. Terrible que haya más políticos que médicos. Incomprensible que haya quien perciba más en subvenciones sin dar palo al agua que un jubilado después de haber cotizado toda su vida. Incalificable cuando la sanidad privada dicen no ser recomendable ni necesaria, pero miembros y miembras (con perdón) del ejecutivo no prediquen luego con el ejemplo. Insultante es cuando se deshonra a la enseñanza privada o concertada, pero ellos, (integrantes de la gobernanza) no la rehúyen para sus hijos. Como verán esta es una breve secuencia de la nueva normalidad. Pero hay más.

El problema, como digo, es que la sociedad se doblega, acaba acostumbrándose al sentido de lo contrario y va cercenando las voluntades opuestas mientras el pueblo, los de siempre, seremos quienes paguemos la factura y el dolor recaerá sobre los mismos bolsillos. Es la política de la miseria ajena y nunca de los gestores. Vemos ejemplos de países que habiendo sido ricos y prósperos ahora se retuercen en la desventura, la pobreza, la desesperación y el paro. Más no piensen ustedes que la verdad se no está yendo de las manos, nada de eso, es que la mentira creíble se ha instalado entre nosotros como un enjambre de abejas en su panal; por eso, ahora les da igual reconocer a través del propio ministerio de Sanidad, que el citado Comité de Expertos nunca existió como tal; o sea, un Comité Fantasma en toda regla. De manera que nos vendieron la falsa tranquilidad cuando nos comunicaban que el señor Sánchez se reunía con los expertos, pero ni especialistas de verdad, ni comités, ni trasparencia, ni peras al olmo, tan solo unos muñidores hablando de curvas, picos y aplanamientos; y claro, una vez más la mentira creíble ha impuesto su soterrada maniobra; es decir, cuanto peor, mejor. También conocida como fábula del burro y la zanahoria. Y mientras tanto nadie dimite.

Y aquí seguimos, con el virus más descontrolado que el propio turismo, y con un miedo de nuevo cuño que nos impide conocer la verdad aunque ésta se encuentre en riesgo de extinción. Un miedo que nos obliga a vivir en la orfandad científica más absoluta y en el desabrigo de una astronómica deuda, pero eso sí, con una gobernanza que aplaude más que el conejito de Duracell. Pero ustedes tranquilos que la nueva normalidad lo tiene todo controlado. Por cierto, nadie saltaba el muro de Berlín hacia el lado comunista. No sé a cuento de qué me viene esta divagación, pero ahí lo dejo.

Escritor español.

Publicado originalmente en elimparcial.es