La eterna infamia de Monreal

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La historia de Ricardo Monreal y su familia, tiene 30 años de ser perseguida por 2 jinetes del Apocalipsis: la corrupción y el narcotráfico.  La opinión pública lo deja descansar algunos meses, pero reaparece inevitablemente la ola informativa, cada vez más cargada de noticias.

La corrupción tiene que ver con sus infinitas propiedades: un diario nacional reveló 34 de ellas dispersas por la nación entera; desde el club de golf de Huixquilucan, pasando por el club de golf de Bernárdez, incluyen a hoteles en las colonias Roma y Cuauhtémoc.

El compadrazgo de su nieto con el exgobernador de Chiapas también dejó dividendos. La “estrella de David” –su hermano– también brilla con intensidad: hoy es dueño de la posición ganadera nacional, y ya es acusado de entregar animales enfermos a los campesinos, en lo que constituye una deuda que algún día tendrá que pagar.

Toda la estirpe está embarrada de estos dos pecados.

No sólo ellos en línea directa, sino también la familia política, por la venta de marihuana en la frontera norte y la permanencia en cárceles como las Islas Marías.

Ricardo Monreal publica ahora un libro para limpiarse de esta terrible persecución pública reiterada. Sin embargo, el jinete de la corrupción avanza sobre su biografía a mayor velocidad.

Los recursos de la Cámara de Senadores están en sus manos y los usa para corromper. La dueña de los dineros senatoriales, es su ex oficial mayor en el gobierno de Zacatecas, Soledad Luévano.

No tienen que investigar a Lozoya: en este mismo gobierno el reparto es abundante para que, a pesar de su mayoría, no puedan vencer a la oposición y tengan que usar el dinero, primero para corromper a los morenistas y luego para conseguir el beneplácito de los opositores. Desde luego hubo despilfarros para lograr las reformas constitucionales de Peña Nieto, pero como esta vez van de reversa y están desbaratando lo hilvanado, la corrupción se cotiza más cara.

Ricardo Monreal, hijo de un humilde agricultor zacatecano que llegó a ser funcionario de tercera con 14 hijos a cuestas, fue parte de una camada complicada de educar. El papá los maleducó y todos salieron feroces para los malos hábitos y para el amor al dinero. Hoy uno de sus yernos, compadre del ex gobernador de Chiapas, es regidor de la ciudad de Zacatecas. El benjamín de la familia es presidente municipal de la ciudad de Fresnillo y al cumplir su hija 15 años, llevó a la fiesta a la réplica de aquella gran agrupación musical de Ray Conniff. Sólo para darnos una idea de la magnitud de los festejos.

En sus infamias, Ricardo Monreal narra que fue un gran tribuno en la LIV Legislatura, donde estuvimos Amalia García, Vicente Fox –como un gris legislador– y yo mismo. El zacatecano Ricardo se dedicaba a cargar el portafolios de un jalisciense que fungía por esos días como estratega de la cámara baja.  Lo hacía muy bien y con estilo, y hasta subió dos o tres veces a la tribuna, para leer documentos cortos a nombre de su partido, el PRI, que nunca ha dejado de serlo. Cuando al final, en la cámara de diputados todo el mundo huye para transformarse en candidato de algo, Monreal se quedó en la soledad de su tribuna para conducir sesiones amorfas, flojas y sin ningún riesgo para la democracia priista.

Acérrimo enemigo del PRD, sin ideas, más bien con groserías, un día le rayó la madre a todos los diputados de las otras legislaturas: ese es el estilo que tiene grabado como sello.

Buscó la candidatura a gobernador de Zacatecas por el PRI: nunca fue tomado en cuenta y mucho menos despojado. En ese partido, el dedazo es el que define y no se decantó por el fresnillense. Buscó entonces en todos los demás partidos esa alternativa y nadie se la brindó. En el PRD, la caballada electoralmente estaba flaca. El partido tenía pocos años de haberse construido: Amalia García, José Narro, la Polla Ramírez Cuéllar, José Guerrero, Jesús Pérez Cuevas… yo había sido consultado por mi amigo el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y por Andrés López Obrador. Me negué a ser candidato otra vez, señalando que Zacatecas se podía ganar, pero con una alianza PRI-PRD y que, además, mi casa en Huixquilucan ya estaba hipotecada por la primera campaña a gobernador, ya que los fondos públicos no existían: los disponían entonces Gobernación o la Secretaría de Gobierno local, y entonces Andrés definió sobre Ricardo. Sin asamblea y sin consulta. Precisamente el dedazo que estaba buscando Monreal.

El día de la elección estuve en el cuarto de guerra. La votación muy apretada –se puede ver en los diputados y en los alcaldes que lograron mayoría del PRI– Sin embargo, un rayo celestial iluminó a Andrés, quien se comunicó con Zedillo para amenazarlo con incendiar el país. Ernesto Zedillo como era, timorato e inseguro, que vivía entre dificultades con su partido el PRI que lo consideraba un traidor, cedió a la presión del tabasqueño para lograr así la primera gobernatura de izquierda para el país y para mi estado.  Lo demás son cuentos chinos donde aparece en la vida de Monreal el tercer jinete del Apocalipsis: la mapachería, misma que desde ese tiempo nunca ha dejado de alimentar.

El libro La Infamia de Ricardo Monreal, no es de “su estilo” porque él mismo es un hombre sin luces y sin cultura universal. Cita a Aristóteles, a Goethe y a cuanto pensador mundial se le ocurre. Los libros de Ricardo han sido escritos y tienen el mismo estilo de su jefe de prensa desde los tiempos de la bizarra capital zacatecana. El otro escribano a sueldo, es un notario público de Fresnillo, que coordinó también la piltrafa de tesis doctoral, que no es sino un documento que se elaboró entre muchos, para el Plan Nacional de Desarrollo.

Ricardo es perseguido por los jinetes del Apocalipsis que él mismo y su historia han contribuido a engendrar.