No atenten contra la solidaridad nacional

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APRECIABLES COMPATRIOTAS:

+Un soldado en cada hijo te dio… Himno nacional

A mediados de abril pasado, cuando ya la pandemia estaba más que instalada en México, el Instituto Nacional de Cardiología de la capital nacional comenzó a recibir apoyos prácticamente de toda índole, en efectivo y en especie…

¿Aportados por el Gobierno de la República? No, caray, pues a pesar de que la pandemia ya hacía estragos en muchos países del planeta, aquí no se contaba con recursos específicos en el presupuesto nacional para hacerle frente al coronavirus.

Ciertamente, Cardiología es una institución inmensa en la historia del cuidado a la salud de los mexicanos, era natural que le lloviera la ayuda en todas sus manifestaciones y a pesar de que su equipo humano ha sufrido en carne propia, como pie, en la lucha. Y cuando finalmente le comenzaron a llegar los apoyos oficiales, no fueron éstos de la calidad que la salud humana merece, exige y demanda en todo el planeta.

Y ahí esta nuestro excelente y apreciado Instituto Nacional de Cardiología, en la vanguardia de la pelea por la vida.

Fue Marcelo Ebrard, el secretario de Relaciones Exteriores, quien se encargó de hacer las negociaciones procedentes con el gobierno chino para conseguir la importante cantidad de medicamentos que nos llegaron. ¿Y las demás instituciones hospitalarias del país fueron atendidas con la misma  eficacia que recibió Cardiología? Tristemente la respuesta no es agradable. Trabajan, sí, porque nuestro equipo humano encargado de la salud es de una solidaridad que no acepta límites. A fuerza de voluntad, valor y profesionalismo, ahí los tenemos prestos a pesar de las muertes de muchos de sus integrantes, verdaderos héroes a quienes la Nación entera les debemos pleitesía.

¿Y las clínicas rurales, que no estaban exentas del riesgo a pesar de la enorme cantidad de pacientes del campo que atienden? Su médicos, sus enfermeras y demás personal no han dejado de hacer lo que sus posibilidades les permiten y lo que ellos ponen de su patrimonio personal y familiar para mantenerse en la lucha.

¿Y las empresas mexicanas dedicadas a la salud han recibido el trato y la deferencia elemental que las circunstancias demandan? Como si la corrupción de que se les acusa fuera -en las que es- un motivo aceptable, insisto, por las circunstancias del momento, para agredirlas y amenazarlas en vez de aplicar la justicia no a rajatabla, sino con precisión a aquellos empresarios indolentes y verdaderos delincuentes que las merecen.

En esta situación estamos.

Urge que toda esa voluntad de unidad y fuerza sea compartida, aceptada, reconocida e impulsada porque si uno de estos días los afectados se cansan de serlo, el fondo del mar nos espera…

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