¿Capacitar mujeres o postular a las mismas?

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Casi en todos los partidos políticos, tanto nacionales como locales, se siguen escuchando voces que minimizan la capacidad, el talento y la vocación política de las mujeres para acceder a cargos de elección popular.

De entrada, las consideran incapaces de gobernar una entidad federativa. Quizá por eso solo existan dos mujeres al frente del Ejecutivo: Claudia Pavlovich Arellano, gobernadora de Sonora; y Claudia Sheinbaum Pardo, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

Donde más han avanzado las mujeres es la representación política: Cámaras del Congreso de la Unión y Congresos Locales, además en ayuntamientos y alcaldías.

¿Qué dicen en los partidos? Algo más o menos así:“¿Mujeres?” “Y de dónde vamos a sacar mujeres para postularlas?” “¡No hay!” Lo dicen dirigentes hombres, y en ocasiones hasta se jalan el cabello en gesto de desesperación porque según ellos cuesta mucho trabajo completar el 50% de candidaturas de mujeres.

Y lo peor es cuando las propias mujeres que militan en un partido político se unen a tales argumentos. “¡Esa es la realidad, aunque duela; no hay compañeras…tú crees que vamos a ir con (sutana o mengana)!” 

Y en consecuencia qué pasa: Terminan postulando a las mismas de siempre en la estrategia chapulín, de un cargo a otro; o en reelección.

Y a veces las mismas son las mujeres más cercanas a las cúpulas de los gobiernos, de los partidos y de grupos políticos. Lamentablemente en ocasiones sucede con las mujeres de nueva participación en política; casi siempre tienen un vínculo con poderosos.

Sin embargo, quienes hacen el trabajo de tierra, el trabajo efectivo de organización, de estructura; esas mujeres se quedan como el chinito, “nomás milándo”cómo su trabajo es usado para la postulación de mujeres cuya mayor mérito es la relación con el poder.

Y estas últimas, por supuestos que representan activos políticos más que nada por su preparación y formación académica; son mujeres con estudios de nivel superior y hasta con dos o tres posgrados. No obstante, entran a una competencia desleal porque dejan atrás a mujeres cuyo mérito es el trabajo político.

Lo ideal sería una postulación equilibrada.

En fin, el contexto viene a colación por el 3% del financiamiento público a partidos políticos destinados a la capacitación política de las mujeres, en cuyo manejo suelen darse malas prácticas.

Por ejemplo, el partido político gasta el recurso en adquirir cualquier cosa: Artículos de limpieza (lo cual fue real), o en estructura electoral, o en viáticos, etc. Afortunadamente, la mala práctica poco a poco ha ido disminuyendo.

Y una reforma en materia de violencia política contra las mujeres en razón de género incorporó como una obligación de los partidos políticos informar trimestralmente de manera pormenorizada y justificada sobre la aplicación de los recursos destinados para la capacitación y liderazgo en la promoción política de las mujeres.

Y hace unos días, el Instituto Nacional Electoral (INE) dio a conocer que realiza modificaciones a reglamentos en la materia “a fin de supervisar, detectar y sancionar el mal uso que se pueda dar a los recursos destinados al fortalecimiento y liderazgo de las mujeres y con ello generar condiciones para que las mujeres en los partidos políticos no evadan su responsabilidad para atender la norma”. 

Y el partido incumplido, además de la amonestación y la muta correspondiente, “deberá de aplicar el monto que no haya destinado en el ejercicio inmediato siguiente.” 

Bien. Y el INE, en cuyo Consejo General ahora hay más mujeres, va duro en contra de la simulación en el ejercicio de ese 3%: Vía la Unidad Técnica de Fiscalización revisará el Plan Anual de Trabajo de los partidos para verificar los proyectos alineados al objetivo, y establecerá reglas de comprobación.

Bueno, pues esperemos que ahora sí el INE compruebe de manera fehaciente que los recursos efectivamente fueron destinados a la capacitación y liderazgo de las mujeres, no solamente con facturas de inmuebles, alquileres, viáticos, y todo lo que implican los cursos y talleres, sino con muestras.

O sea, que el INE se cerciore a cuántas mujeres capacitó el partido político, el periodo de capacitación, y cuántas de éstas mujeres fueron postuladas a cargos de elección popular o cuántas están en ejercicio del cargo.

Ah, y en ese padrón de capacitadas, cuántas son las mismas y cuántas son de nuevo ingreso. Y hasta realizar muestras aleatorias. Suena algo descabellado, pero los partidos suelen trampear la capacitación efectiva.

Y lo peor, hay mujeres empoderas el interior del partido que usan el 3% en comento, en fabricar e impulsar nada más su candidatura.

En fin, la nueva consejera electoral Carla Humphrey, quien encabeza la Comisión de Igualdad de Género y No Discriminación, tiene la encomienda de velar por el cumplimiento efectivo del 3% que deben destinar los partidos a los liderazgos y capacitación de mujeres, de la paridad y de las normas relativas al combate a la violencia política en razón de género.

Correo: rosyrama@hotmail.com