Literatura imposible 7: Colores

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Óscar González

Rojo

El niño busca su pelota: no sabe si rodó debajo del auto rojo, si cayó por la coladera o si un peatón la levantó. Sólo sabe que debe encontrarla para seguir con la función…

Quisiera no tener que buscarla, quisiera de algún modo escapar…

Se agacha frente al auto rojo, ese con un conductor somnoliento que todavía no se convence de tener que ir al trabajo para enfrentarse una vez más a los monstruos de papel. Ese conductor que tiene sueño y aprovecha el alto para cerrar los ojos y soñar: Sueña unas vacaciones, alejarse de la ciudad. Sueña que no se ha casado, que su mujer sigue siendo aquella joven que conoció en la universidad…

Cómo quisiera no tener que ir a trabajar…

 

Amarillo

Las luces siempre le han gustado, tal vez eso le hace más llevadero estar hora tras hora, día tras día en ese crucero, justo al centro de una monotonía de automóviles que lo ignoran al pasar. Después de una hora ahí, rodeado de ruido y humo, la visión se le dificulta. Siente su uniforme cada vez más pesado. Está cansado de ver los autos como ráfagas que pasan, pasan, se detienen y vuelven a pasar…

Sólo quisiera no tener que estar ahí. Quisiera que algo fuera distinto: Que sucediera algo que pudiera recordar…

 

Verde

La luz ha cambiado.

Las bocinas lo devuelven a la realidad: Mueve la palanca. Aprieta el acelerador…

La luz ha cambiado.

No ha tenido tiempo de volverse a levantar. La pelota ¿dónde está la pelota? Voltea, la mira, se estira para recogerla. No siente al coche avanzar…

La luz ha cambiado.

Apresura al del auto rojo para que circule…

Apenas se escucha un golpe. Tal vez un grito apagado. Después todo son colores: Verdes, rojos, amarillos interminables… Luego llegan luces blancas y azules enmarcadas por sirenas, estridentes sirenas…

Esa mañana, si se mira del lado correcto, quizá hubo un genio que concedía los deseos.

Sólo que los cuentos de hadas no siempre son gratos al volverse realidad…