Análisis semanal: 3 de agosto

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Un tema que debería estar en la mesa de debates, pero que se entiende que no lo esté ante las prioridades que tenemos, es el del aporte que ha tenido el INE –antes IFE– en materia de democracia.

Y es que a pesar de que, al menos en teoría, tenemos un órgano electoral que organiza las elecciones, las quejas de fraude no han cesado –López Obrador es el más acabado ejemplo de esto–, las quejas de que el costo del Instituto y todo lo que conlleva van en aumento y, encima de todo, los partidos no dejan de tener las manos al interior del organismo.

Los consejeros son electos por parte de los diputados de acuerdo a negociaciones entre los partidos, por lo que cada integrante que se elige responde a una cuota partidista, lo cual se comprueba al ver como luego de dejar su encargo esos mismos consejeros que, volemos a repetir en teoría, son ciudadanos, terminan trabajando para un partido o causa política.

Los ejemplos de esto son varios: Alonso Lujambio, Santiago Creel, Juan Molinar con el PAN; Jaime Cárdenas con Morena; algunos incluso fueron candidatos a un cargo de elección aprovechando la ventaja de conocer los mecanismos internos de los procesos electorales.

Pasar de un control de los procesos electorales por parte del gobierno a uno en el que los partidos tienen el sartén por el mango fue el gran cambio que se tuvo en las últimas décadas, pero sin que verdaderamente sea un instituto ciudadano, pues la cúpula que toma las decisiones que importan tiene fuertes vínculos con los partidos a los que, volvemos al en teoría, deberían vigilar, acotar y sancionar.

El meme de la semana

Efectos de la pandemia.

La imagen de la semana

Conspiracy Theory

Mucho trabajo han tenido estos últimos días los teóricos de la conspiración para tratar de apuntalar al proyecto político con el que simpatizan. Y no es sólo el caso Lozoya y el trato privilegiado que recibe, en comparación con el que le dan a Rosario Robles, sino la manera en que tratan de justificar algunas decisiones tomadas recientemente.

El nombramiento de Martha Zamarripa e Isabel Arvide, la primera embajadora, la segunda cónsul, sin experiencia previa en el servicio diplomático y siendo periodistas afines al régimen, ha hecho que los defensores de la 4T operen horas extra.

Además, la crisis económica y la caída de más del 10% del PIB en lo que va del año, los millones de desempleados y la pobreza en aumento, no ha podido ser tapada ni con un avión presidencial.

Aparte tenemos lo de salud y los estragos que el Covid-19 está provocando con un saldo que se aproxima a las 50 mil muertes y ni hablar de la inseguridad y la violencia asociada a esta.

Así que mucho trabajo deben tener los defensores de la 4T para tratar de salir adelante, en una misión que se antoja imposible.

@CronicadePoder